THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

domingo, 4 de mayo de 2008

'El año de Ricardo', el baile de la ignominia


Angélica Liddell es el segundo Premio de Teatro Valle Inclán. Ése dotado con cincuenta mil euros que concede ‘El Mundo’. Estuvo codo con codo, ronda tras ronda, disputándole el trono a Ana Belén. En la entrevista que publicaba al día siguiente el mismo diario declaraba que se sentía contenta de que finalmente no se premiara a las replicas graciosas que pueblan el teatro actual. ¿Qué vas a hacer con el dinero? Vivo en un piso de treinta metros, imagínate. En la foto aparece desencajada de euforia. Ella misma reconoció que ante los nervios que la desbordaban, se había pasado todas las deliberaciones en el bar de enfrente.
En el ciclo Radicals del Lliure programaban anoche el espectáculo ‘El año de Ricardo’ de Angélica Liddell. Tenía verdadero interés por conocer su trabajo, su propuesta, por ver cómo sirve sus textos. No puedo hablar de su trayectoria así que únicamente me baso en la visión del espectáculo que ha presentado en la Sala Fabià Puigserver del Lliure, vaya por delante. Y conste también que los textos que me he leído de ella me parecen interesantes, con lenguaje propio, dicen cosas, expresan mundo.
Ricardo lo interpreta Angélica. Ricardo es un monstruo autoritario que nada más salir a escena se pasea por el escenario con el dedo corazón alzado. Que os den por culo. Durante los primeros diez minutos apenas pude fijarme en el texto impactada como estaba con el movimiento psicótico de su cuerpo acompañado de varios ‘jodidos’, ‘hijos de puta’ y otras estupideces. Me entraron unas ganas terribles de levantarme y largarme de allí. Pero no me gusta opinar de lo que no conozco. Cuando conseguí centrarme también en lo que decía me di cuenta de que había un discurso potente de perversión y maldad. La chica le da a la bola lo suyo, se agradece la masa gris. Las palabras las escupe. No puedes estar constantemente al loro de lo que va soltando porque lo hace como una ametralladora y se mueve compulsivamente. En algunos gestos da muestras de no perder el control aunque lo parece, entiendes que está interpretando un papel. Pone de manifiesto la manipulación y la complicidad de los pueblos en los crímenes de los monstruos, como el alemán, todos somos culpables, aquí no se salva ni el apuntador.
Empiezas a dudar del límite moral del personaje y la artista en el momento en que el monstruo está sentado al lado del ‘petit chien’, un jabalí disecado, y lanza a quien lo quiera reír, si el genocidio judío está tan presente en la historia y todo los otros se han olvidado es porque los judíos salieron de los campos y se pusieron a escribir, ¿quién iba a pensar que los judíos escribirían? Utilizando la repetición como recurso y sus diferentes tonos, la frase acaba por estallar cómicamente. La gente no puede reprimir una sonora carcajada. A continuación coge el libro ‘Si esto es un hombre’ de Primo Levi y lo parodia hasta medio romperlo. Es consciente de lo que está haciendo, aunque sea el personaje quien lo hace. En ese momento abandonó la sala la primera chica. Cuando pasó por delante del escenario le levantó el dedo corazón, que te den. Estuve a punto de aplaudirla.
Pero yo quería ver el final. Quería ver cómo se quedaba después de tanta ignominia. De tanto bajarse los pantalones y enseñar el culo y eructar y hacer ver que meaba o cagaba y de tanto grito desesperado y de tanto ‘jodido hijo de puta’. La cosa se alargaba y se alargaba y, claro, ya sabías que no era una obra con principio, nudo y desenlace. Podía pasarse la vida escupiendo y cagando y bebiendo cerveza y colocando cruces sobre el suelo de esa especie de cuadra en la que vive Ricardo, mi reino por un caballo. Desde que la primera chica se levantara y se fuera pasó como una hora y pico.
Por fin acabó. La concatenación de dos discursitos en voz en off, la de su compañero, presente durante todo el espectáculo vestido de negro pero en completo silencio y la de la propia Angélica –siempre desde los personajes, que quede claro– , dan paso al fundido negro final. Hubiera agradecido tanto que al salir a recibir los aplausos se hubiera quitado el personaje. Pero no. El público tardó en aplaudir unos segundos largos. Cuando al fin aplaudieron, algunos empezaron a desfilar del teatro inmediatamente y otros silbaban, pateaban el suelo y aplaudían feroces. Y ya sí, ya sí Gumersindo y Angélica redondeaban la actuación rompiendo dos sillas con rabia y júbilo.
Si lo que pretendía era que odiara al personaje abyecto, lo consiguió. Sin embargo, me pregunto dónde acaba Ricardo y dónde empieza la propia Liddell. ¿Qué da ella de sí misma? Está claro que nadie es bueno, ni inocente. Que la maldad está en cada uno de nosotros, pero ¿hace falta que el artista la ridiculice de esa manera, desde esa desesperación a veces impostada, a veces real? Acabo de leer la última obra de Benet i Jornet, ‘Soterrani’ y básicamente habla de lo mismo pero el peligro parece más cercano por lo sofisticado. Lo que en 'Soterrani' te permite razón en Angélica te provoca la emoción o la distancia total. Me recuerda las películas yankis que con miserables argumentos te hacen llorar, pero a diferencia de Hollywood, que ya sabes lo que es, Angélica pretende arte y no estoy segura de que lo consiga. Que juzgue cada uno cuando la vea, si es que su estómago y su gusto lo permiten. Picasso pintó el ‘Guernika’ después de demostrar que sabía pintar un retrato con perfección clásica.
Es la primera vez que tengo ganas de marcharme de un espectáculo. Es la primera vez que no aplaudo al final. Es la primera vez que el teatro me violenta de esta manera. Y algo dentro de mí me dice que si Angélica leyera este texto estaría satisfecha.
Una última cuestión: ¿eran necesarias dos horas y cuarto de desfachatez? Ojo, Angélica, que al final aburres.

3 comentarios:

mArC dijo...

Hola!

Yo también tuve la desgracia de asistir ayer al citado 'espectá-culo'. Me quedé hasta el final porque valoro el trabajo técnico de la actriz que se desvivió en su intención interpretativa, pero efectivamente, no sé qué camino sigue el arte y si al final es verdad que 'todo vale'. Me ha encantado tu crítica. Sólo me gustaría resaltar la capacidad técnica de la actriz que en mi opinión quedó totalmente desaprovechada en una propuesta aburrida, larga y monótona de principio a fin.

Paula dijo...

hola marc,
que bueno compartir con alguien la perspectiva del espectáculo de ayer. tengo muchas dudas sobre lo que vimos anoche por eso he tratado de ser justa con lo que creo haber visto valorable, y tienes razón que la entrega de la actriz es total pero no estoy segura que su forma de servirlo sea la más adecuada. en fin. esta mañana me puse a escribir porque necesitaba ordenar lo que me había provocado 'El año de Ricardo' y su creadora Angélica Liddell. Salut!

Athenea Mata dijo...

Me ha gustado vuestra crítica. De hecho, suelo leeros desde que leí este post. Yo tuve que hacer un trabajo sobre el ciclo y entre los tres autores que escogí también estaba Angélica. Por si os interesa, en este link escribí mis conclusiones: http://atheneamata.blogspot.com/2008/06/3-radicales-libres.html

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