THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

domingo, 22 de junio de 2008

Sentido del ridículo


No siempre seré joven. Aunque una parte de mí piensa que sí. Tal vez ambas partes tengan razón. La contradicción no siempre está reñida consigo misma. Se puede ser joven y mayor al mismo tiempo. Y no por cumplir años o porque el paso del tiempo retrate sus rasgos vamos a abandonar una y otra tendencia. No quiero renunciar a mis múltiples yo, a riesgo de caer en el ridículo. ¿A qué viene tanto miedo al ridículo? El ridículo nos humaniza, nos hace próximos y si los que juzgan tuvieran piedad también a ellos les aportaría alguna virtud. La primera que se mira soy yo. Y si soy payasa me valgo de mis ridiculeces. Pero no payasa en un escenario, sino payasa en la vida real, o eso que llaman la vida real. Y lucho contra el despotismo que mis propios prejuicios imponen. ¿Quién soy yo para autocensurarme? Y luego me opongo a mí misma porque ante la falta de democracia suelo enarbolar mi ira. No niego que todos llevemos dentro un dictador incólume que todo lo sabe y todo lo pontifica, pero el deber es derrocarlo sin derramar sangre. Porque el ridículo que hace un dictador ahora mismo es el arma que produce las peores heridas. Ese ridículo no, yo hablo de otro ridículo.
Y a veces creo en el individualismo pero siempre y cuando lo apoyen muchas personas y al final acabe abriéndose a ese algo tan denostado como es el compañerismo o, si se traduce en términos más humanísticos, la solidaridad. Individualismo como principio, no como fin.
No sé exactamente qué tipo de persona soy, nunca he ostentado el poder necesario como para ver lo que hay dentro de mí. Quién sabe de monstruos es porque ha amasado poder y fortuna. Y, por si acaso, no me lo pido para los reyes. Que ostenten poder quienes puedan. Pero gobierno en mí misma hasta donde me dejan y me dejo y hago verdaderos esfuerzos por no tenerle miedo al ridículo y por liberarme de la presión que ejerce la perfección inculcada desde la más tierna infancia. Aunque lo que de verdad me gustaría es comer chocolate negro sin por ello engordar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El miedo al ridículo, creo que a veces está emparentado con esa idea que nos han vendido de ser ALGUIEN. No sé exactamente qué significa, pero en todo caso, lo único que tengo claro es que ALGUIEN no es uno mismo. Es otro que triunfa, que tiene poder, que lo ejerce y que -efectivamente- mientras más tiene de...(aquí puede poner los sustantivos que desee)más miedo al ridículo tendrá. ¿Pero y nosotros, los curritos, los currantes, los pelagatos de cada día, los enamorados, los asustados, los reflexivos, los mutilados del ala tendremos el coraje de vivir nuestro ridículo con dignidad?
zam
http://deesonosehabla.wordpress.com

Paula Mocinho dijo...

deberíamos intentarlo, vivir sin miedo al ridículo, digo ¿no? porque si hacemos el ridículo, ¿qué pasa? ¿que nos hacemos pequeños a los ojos de los demás? ¿y qué? todo depende de la actitud que se tome respecto al propio ridículo, ¿no crees?
bienvenido/a al blog! y feliz verbena de san juan!