THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

sábado, 30 de octubre de 2010

El café y yo, pase lo que pase


Me chifla levantarme por las mañanas y tomarme el primer café del día, quisiera eternizar ese primer sorbo mientras me sobrevienen mil sensaciones para sobrevivir a la mediocridad reinante. Es un instante fuera de la estratosfera que me puede conducir a una conferencia donde explico todos esos libros que todavía no he escrito. Puedo ser la reina de la novela romántico-erótica que ayuda a soñar a miles de mujeres y algunos hombres con un amor que nunca es el ideal sino el que la realidad hace posible. Se alarga en un no tiempo y sobrevuela la esperanza más profunda en la que el optimismo destierra esa incipiente misantropía que últimamente está ganando terreno en un corazón antes tendente a la fe en el ser humano. Cuando la leche de soja mezclada con café humeante y oloroso desciende por mi laringe, mis neuronas se ponen a bailar y un contento profundo hace que brillen los libros que sobresalen de las estanterías y me siento capaz de leerlos uno detrás del otro y en ese segundo que dura el pensamiento en que lo visualiza me convierto en una especie de erudita que trasmite lo que sabe a niños, adultos y viejos con el entusiasmo propio de la adolescencia. Es una corriente incorregible que mañana a mañana se instala en mi centro vital como primavera permanente que pretendiendo la trascendencia encuentra en lo efímero la magia de lo perecedero.
Entre el café y yo sucede cada mañana una simbiosis casi cósmica que me eleva a las nubes de la gloria. A medida que la taza desciende en su contenido soy más heroína de lo que lo he sido nunca. No sólo soy capaz de las mayores proezas literarias sino que puedo salvar el mundo gracias al descubrimiento de la fórmula de una nueva energía que proveerá a las personas de todo tipo de ventajas ecológicas y limpias. La tierra me ama y yo la amo. Somos un todo, un único elemento. Un torrente de palabras, de sentimientos universales y de abrazos salen de mí con el único objetivo de repartir felicidad. A la vez, también son momentos muy íntimos, de entrega total al yo, a la creación en sí misma y al disfrute personal que puede proyectarse a partir de una misma al resto de sus congéneres. ¿Cómo decirlo? El café me hace ser la persona que puedo ser y que soy en apenas cinco minutos. Brillo y todo a mi alrededor brilla, esclarece las dudas y navega hacia una victoria sin batallas ni guerras, una conquista de mi espacio sin invasiones ajenas, un descubrimiento fugaz del universo y sus múltiples especies. Éxtasis personal e intransferible, único e irrepetible. Distinto cada mañana.
Y tras esta pequeña transformación, metamorfosis podríamos incluso llamar, vuelvo a mí misma y me preparo para encarar un día más pase lo que pase.

4 comentarios:

NORMA dijo...

Hay que ver lo que te hace a ti un café...yo sin mi café con leche, casualmente de soja también, no se vivir. Me gustan tus metamorfosis...
Un saludito maja.

Paula Mocinho dijo...

Las drogas es lo que tienen, Norma... Jejeje. Saluditos!

Anónimo dijo...

si suprimieramos en tu texto la palabra café y colocaramos la palabra sexo, seguramente mucho lectores que no toman café, captarían mejor el nivel de éxtasis con que disfrutas ese humeante y oloroso liquido...
dices que, entre el café y tú hay una simbiosos casi cósmica, yo lo he percibido como casi física...

me encanta el café... y lo que has escrito..
saludos
Marian

Paula Mocinho dijo...

Marian, física desde luego pero como trasciende a algo superior puse cósmica. Gracias por pasarte por aquí y comentar. Saludos cordiales!