THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

jueves, 10 de febrero de 2011

El desquicie de Clara


Entré en el restaurante dispuesta a romper definitivamente con esa relación tóxica que me había quitado el sueño en los últimos seis meses. Las cosas tienen que ser más fáciles, Marta, me había dicho a mí misma mirándome al espejo aquella mañana. El reflejo de mí misma me había deprimido aún más de lo que ya estaba. Mi deterioro era a todas luces insostenible. Quería recuperar mi luz, mi ángel.
En la mesa del fondo del local, presidida por un ramo de flores, estaba Clara. Debía haber llorado no hacía mucho rato porque todavía tenía los ojos cristalinos y rojos. Me sentí un tanto forastera, no sé por qué, como si en realidad hubiera tenido que ir a territorio extranjero para defender mi integridad. Clara puso la mejilla en un gesto obligado y rígido que me puso alerta. No me lo iba a poner fácil, pero yo estaba dispuesta a todo, incluso a viajar a la luna y volver en un acto de fe. Me senté enfrente y la miré directamente.
Has estado llorando – afirmé
Sí, para mí esto es muy doloroso – dijo
Entendí que ya sabía lo que iba a pasar. Estaba claro que lo nuestro no tenía futuro. Al fin se había dado cuenta. Al fin no iba a oponer resistencia. Estaba cansada de sus súplicas, de sus cambiaré, de sus te quiero desesperados, de sus chantajes más rastreros.
Para mí también.
El camarero nos ofreció la carta y esperó paciente a que eligiéramos. Mi estómago no daba para más allá de una ensalada. Clara le pidió un tiempo porque no lo tenía claro. ¿Cuándo Clara había sabido algo sobre algo? El camarero se fue diligente a por las bebidas.
Verás...
No, déjame hablar a mí primero – dijo ella
Juro que lo intenté, pero no pude, las palabras se quedaron atrancadas en la laringe. Nunca fue fácil dejar a Clara, y menos ahora. Hice un gesto para darle paso.
Yo no quería que esto sucediese, Marta. Porque tú sabes que lo he intentado. Tú sabes que te he querido mucho, más de lo que puedo expresar – Clara siempre fue de tópicos, cosa que sabía que me reventaba – Pero esto nuestro no va a ningún sitio – hizo una pausa dramática y remató la faena – Y tú lo sabes, ¿verdad?
No daba crédito: ¡me allanaba el camino!
Sí, Clara, es cierto – acerté a decir. Porque no todo era despedirse de la Clara insoportable, manipuladora, chantajista, también había que decirle adiós a la Clara de la que me había enamorado tres años atrás y que tanto cariño y comprensión me había dado, sobre todo al principio, antes de convertirse en un ser desquiciado que nunca tenía suficiente porque la vida era un lugar de constantes insatisfacciones e impedimentos – No podemos seguir así -zanjó
Clara rompió a llorar y su llanto me pareció más falso que nunca. ¡Me dieron unas ganas de darle un tortazo y mandarla callar de una maldita vez! Pero tragué saliva, saqué un pañuelo de papel del bolso y se lo ofrecí.
Te juro que yo no quería. No sé cómo ha sucedido, pero ha pasado y no puedo hacer ver que no está, ¿lo entiendes?
No entendía nada, lo único que sabía era que al fin nos estábamos separando y que Clara no estaba oponiendo resistencia, todo un logro.
Simplemente no lo he podido evitar
¿Qué es lo que no has podido evitar, Clara?
Clara se tapó la cara con las manos en un gesto absurdo por limpiarse las lágrimas.
Pues... Pues... Pues lo de Silvia...
¿Silvia? ¿Silvia tu psicóloga?
Ahora ya no es mi psicóloga, ahora somos amantes
Siempre admiré la capacidad de Clara para ponerse al límite de las cosas y sobrevivir a las peores catástrofes. Debió intuir que ya no podía más y, avanzándose a los acontecimientos, buscó una nueva víctima. Porque Clara no tiene relaciones sentimentales, adquiere víctimas. Se me ocurrió que lo que mejor podía hacer era aparentar despecho y enfado, así que me levanté de la mesa, le di el bofetón que había deseado darle siempre y la dejé hipando por una relación absolutamente descompensada que en aquellos momentos, al fin, se acababa.
Al cabo de unos cuantos meses, Silvia la psicóloga, me dejó un mensaje en el móvil.
¡Eres una zorra! ¿Cómo pudiste hacerle esto a Clara? ¡No te acerques nunca a nosotras o tendrás que afrontar las consecuencias!
Clara volvía a desarrollar sus artes de mantis religiosa y Silvia había caído de lleno en sus redes. Por si acaso el desquicie de Silvia llegaba a mayores, decidí cambiarme de piso. Sé de lo que es capaz Clara, pero sé más aún de lo que somos capaces de hacer sus amantes para satisfacerla en sus deseos más descabellados.

2 comentarios:

Butaques i somnis dijo...

Wow, sin palabras me he quedado esta vez. Cuando empecé a leerlo, empaticé con los personajes, pero el final me ha dejado sorprendida.
Enhorabuena!

Paula Mocinho dijo...

Gracias, butaques, tus comentarios me dan mucha pila!