THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

sábado, 25 de abril de 2026

Pintar la habitación, escribir una obra, montarla

 

Hace unos días por fin me decidí a pintar la habitación. Más que “mi habitación propia” es “mi habitación de descanso”, donde en la noche recibo ciertas visitas y donde hago los borrados necesarios para seguir adelante. Hace unos meses, me compré dos mesitas de noche blancas que han estado en el pasillo de la entrada hasta que, por fin, me decidí a pintar y compré la pintura. Tuve que prepararme mentalmente para el abordaje. Igual que hago con la mayoría de proyectos teatrales que empiezan con una dosis ligera de procrastinación y un día decido ir a por su creación, confección y montaje. En verdad, muchas veces no es procrastinación, sino el tiempo que necesito para sentirme fortalecida y preparada para la travesía. Tanto el pintar como el escribir y el montar teatro precisan de coraje y arrojo.

Lo primero fue retirar muebles y enseres. Me di cuenta enseguida de que la preparación lo es todo. El armario tiene más de sesenta años. Ya no se hacen de esa calidad de madera. De cuando mis padres se casaron. Saqué el enorme colchón al comedor, vacié de todo lo pesado el armario y lo escampé por todos sitios. Mi pequeña casita se convirtió en un desbarajuste. ¿Cuántas cosas caben en un armario? ¿En una habitación? ¿En una obra? Cuando se monta una obra de teatro, cuando se escribe, en mi caso, muchas cosas de mi casa interior se ponen patas arriba. Se disponen en un orden de llegada muchas veces alterado; puede que la escena tres salga antes que la uno, por ejemplo. Elimino al repasar aquel papel en el que, a mano y corriendo, anoté aquella idea, aquella escena corta, completa o incompleta, sugerida, brillante, terrible pero inspiradora, que tanto me iluminó el día y el gozo de crear, o aquella otra idea rara que me ha agitado hasta que he tenido que volcarla. También elimino ideas que parecían aportar algo y que su cometido ha sido llevarme a otras, no sin cierto dolor. Hay que rechazar que quiere decir renunciar. Porque escribir –sobre todo y en mi experiencia– es renuncia más que hallazgo.

Retirar el gran armario de la pared y pintar como si no hubiera un mañana la pared oscura, umbría y no visible de la habitación forma parte irrenunciable del trato. Hay que dejar bien pintados los rincones. Como es un piso viejo y con materiales de época migrante española de los años sesenta, hay un costado que redondea y el otro que cuadriculea, todo eso tiene que quedar bien pintado. Por eso repasar y corregir es tan importante. A veces escribo textos largos, como éste, como otros, que lo que hacen es sostener al resto; los materiales frágiles son las bigas del material que lanzaré como definitivo. Sin el material vulnerable, no hay material de fortaleza. En mi experiencia, lo que no se ve es lo más importante de un proceso artístico, es lo que sostiene lo que se ve. ¿Cuánto dolor hay detrás de una buena comedia? ¿Cuánto escribes que no muestras? Ese caldo de cultivo alumbra todo lo que decidimos mostrar. Los rincones más pequeños también los revisa y los valida Dios.

A la hora de pintar, pongo poca cinta adhesiva. Solo la de los enchufes y la que delimita, en este caso, la pared de la cabecera que será de color ocre. Toda la pintura salpicada la retiro con una bayeta húmeda o con el mocho mojado. Al principio puede parecer un zafarrancho de combate, pero en verdad es mucho más eficaz que ponerle a todo cinta adhesiva: la cinta adhesiva conviene recordar que no evita la salpicadura de la pintura. Del mismo modo, permito que los márgenes de lo que escribo sean borrosos durante un tiempo porque me gusta ver el paisaje deformado y, cual escultora, modelarlo en función del pálpito que me da el presente más puro, el instante de "amour fou" creador.

La magia se va intuyendo a medida que poco a poco voy pintando las dos paredes perpendiculares al armario y el techo. Todavía falta mucho. Sobre todo, porque pintar espacios pequeños requiere mayor paciencia que pintar espacios grandes y vacíos. Algo así como la poesía y la prosa. Así, también me acerco al corazón de la obra, al clímax, al momento en que pase lo que pase en el montaje, el director o directora, sea yo o no, esa escena no puede tocarla, pues la obra se desangraría sin su corazón bombeando sangre al resto de las escenas. Y ahí, sí, ahí hay que poner cinta adhesiva para hacer un gran cuadrado ocre cuya intención es que resalte la pequeña escenografía blanca y color madera. Friego de nuevo para que el suelo quede lo más limpio posible y me dispongo a colorear la pintura. Gozo enormemente cuando paso el rodillo por la pared y empieza a aparecer la tonalidad que hará que las mesitas de noche blancas y el cuadro magnífico de Buda adquieran el relieve que mi habitación necesita. Discreto pero imponente. Esa es la escena crucial. Ese el clímax.

Todavía el zafarrancho permanece, pero está a punto de empezar a reducirse a la mínima exponencia. Lo único que queda hoy, después de una semana, es una pequeña mochila roja al lado del altar principal del comedor que hoy voy a colocar en algún sitio, fuera de las vistas. De todos modos, algo rojo nunca desentona ni en un comedor ni en un escenario.



viernes, 27 de marzo de 2026

Día Mundial del Teatro 2026

 

El teatro para mí es el territorio donde el saber y el no saber se dan la mano y caminan juntos intentando alcanzar un puerto más o menos original y de verdad. Sin verdad, existen filigranas que pueden ser magníficos mapas para el entretenimiento pero que no alcanzan la conciencia hipotalámica del espectador. Verdad, emoción y un nueva curva de conciencia es una tríada importante para el teatro como arte.

En mis cuentas, de joven, nunca entró el teatro. La primera vez que fui a un teatro, creo que el Condal, en el Paral·lel, vi La botiga dels errors, no conecté para nada. Me preguntaba qué era eso que estaba pasando ahí y que, de pronto, cantaban. Nos llevó una maestra que tuve en segundo de BUP, Maite, de catalán, a la cual adoraba y desde aquí le digo lo mucho que me hizo amar mi otra lengua cuando todavía no era mi otra lengua, y eso fue por ella.

Después de la carrera de Periodismo y mis últimos contratos temporales con Correos, quise cambiar y el cambio fue al teatro. Empecé a trabajar para una productora y agencia de artistas llamada Fila 7 y que seguramente hoy se recuerda como la casa que representaba a Pepe Rubianes, Carles Flavià, Mont Plans, Jaume Sisa, etc. Y ahí recibí la llamada. En forma de error, pues conseguí colarme en una producción de dramáticos para Catalunya Ràdio, Maleït telèfon pero no tenía ni idea de lo que había escrito en La cançó de la meva vida. Una compañera de aquel entonces, Laia Prieto, me habló de los cursos de dramaturgia de la Beckett que cerraban filas ya y envié todo lo que pedían y entré.

Esos años que van de 1999 a 2002, con seminarios impartidos por David Plana, Sergi Pompermayer, Sergi Belbel, Carles Batlle, José Sanchís Sinisterra o Xavier Albertí entre otros, fueron luz, aprendizaje e inspiración. Ahí supe que escribiría teatro para siempre. Al menos eso pensé y todavía sigo escribiendo teatro a pesar de la dificultad de estrenar o, incluso, de que las piezas que una escribe ganen algún premio.

Pero yo no sería la dramaturga, performer, directora y artista, incluso la poeta, que soy si en mi camino un día no se hubiera cruzado Projecte VACA. Associació de dones creadores escèniques de Catalunya. Gracias a VACA estrené, dirigí, compuse, produje, actué y viajé. Mi primer texto, La vida somiada se realizó en formato de lectura dramatizada en la Sala The Players de Nueva York. Ese viaje con mi queridísima y admirada Àngels Aymar está grabado a fuego en mi memoria. Porque el teatro hermana, acompaña y, en mi experiencia, te hace mejor persona porque tu conciencia te obliga.

Y fue dentro de VACA donde Consuelo Trujillo propuso un laboratorio de experimentación actoral con la mujer como centro neurálgico dentro del conflicto bélico de todos los tiempos. Y se abrió la puerta de la verdadera vida creativa. Y Consuelo hizo honor a su nombre en un momento vital mío horrendo que culminó en el camino en el que ahora sigo.

Dejo aquí unas palabras de Anne Bogart en las que creo. El teatro es un arte para creyentes. Los creyentes del teatro tenemos como religión nuestras creaciones y en ellas expandimos, en la medida que podemos o sabemos, nuestra fe. Un fe, a veces laica, otras deidífica, que siempre alude a la convivencia entre diferentes y, si tiene a bien provocar preguntas en el público, por qué, qué, cuándo, cómo y para qué, permitiendo que el espectador de su propia respuesta. El teatro que amo pretende la diversidad y la diferencia más allá de la competitividad que a veces también se produce.

El compositor y director Leonard Bernstein señaló que la respuesta de un músico ante la violencia debía ser “hacer la música más intensa”. Esto es lo que yo quiero hacer, quiero que mi música sea más intensa. No solo más alta, sino más elocuente, expresiva, magnética y poderosa. (…) Necesitamos valor y amor por la forma artística. Los montajes teatrales potentes, los textos valientes y las interpretaciones radiantes pueden estimular y transformar profundamente las expectativas sobre la amplitud del espectro de la vida más allá de la supervivencia diaria. En una cultura en la que las esperanzas humanas cotidianas se han reducido a un sinnúmero de opiáceos para la satisfacción individual, el arte es más necesario y poderoso que nunca. Antes de actuar, Anne Bogart.

Por muchos años.


domingo, 2 de febrero de 2025

A I T A N A

Somos de la misma generación. Como escribí en La soledad de una isla (Entre el cuarto oscuro y la utopía queer), de la generación de Los Ángeles de Charlie. He crecido guarecida por la hermosa sombra de su árbol. 

La primera vez que la vi interpretaba a una chica adolescente enamorada de su maestra, interpretada por la maravillosa Ana Marzoa. En Segunda enseñanza, de otro referente: la gran Ana Diosdado. Años ochenta. Las lesbianas en mi mundo de entonces eran seres mitológicos que habitaban planetas lejanos cuya figura se iba haciendo más borrosa conforme te despertabas por la mañana para ir al Insti.

Mil novecientos noventa y siete fue el año en que me independicé, me fui a vivir con mi amiga Yolanda a la calle Aribau. Empecé a salir por el ambiente y, mi querido amigo y maestro, Mirito vino a visitarme al pueblo. Dio la casualidad que el padre de Yolanda había sido destinado a Verín, de donde es mi madre, así que ese fue el año en que nos encontramos en queimadas matinales, con cánticos desaforados y desafinados y más de una esperanza abierta de par en par. Y ese fue el único año que a alguien se le ocurrió abrir un cine de verano al lado del río Támega y programar La ley de la frontera, de Adolfo Aristarain con Federico Luppi y Aitana Sánchez-Gijón encabezando el reparto. Todavía tenía coche, creo que fue el último que tuve, un Seat Ibiza rojo y viejo en el que Yolanda y yo nos reíamos mucho con mi vocación más de entrevistada que de entrevistadora.

- Esta noche el cine al aire libre echa La ley de la frontera, con Luppi, ¿te bajas? - me dijo Yolanda.

Quizás no fue una peli tan memorable como lo había sido en su momento Un lugar en el mundo, pero en el transcurso de esa misma noche diría yo que se convirtió en algo mucho más importante: fue mi primer beso onírico con una mujer. Hasta que Aitana Sánchez Gijón apareció en mis sueños, yo nunca me había besado con una mujer en ese plano de la realidad. Considero esa noche un punto de inflexión imprescindible en mi vida bollera onírica. Incluso podría decir un punto de no retorno, de no retorno al imposible. Esa noche supe que amaba y amaría a Aitana Sánchez Gijón incondicionalmente y para siempre. Hizo una primera vez.

Al verano siguiente, o quién sabe si fue ese mismo verano, no lo recuerdo, porque los tengo mezclados, escribí un cuento titulado A.S.G. La plantilla estructural se la había tuneado a Julio Cortázar y mi cuento preferido del genio argentido: Lejana. Recuerdo leer el cuento en voz alta en la cocina de la casa de mi abuela, hoy casa de mi madre, a mi amigo David Miyar. Lo mejor que tenía el cuento era la idea y la estructura del cuento de Cortázar, el resto era mi necesidad de seguir coincidiendo en algún plano de la realidad con Aitana. Disfruté tanto escribiéndolo, y eso que no había rollo…

De algunos años posteriores, data una foto de fotos que le hizo una amiga mía fotógrafa para una publicación de Madrid y es posible que también la fiesta de presentación en Barcelona de La camarera del Titánic, de la que debieron enviar invitaciones a Fila 7 y fuimos Yolanda, mis compis de la oficina y yo. Yolanda me puso en un apuro monumental:

- ¡Ven, ven, ven que te la presento, que es super simpática!

Y yo, ¡¡nooooooo!! Me consta que Yolanda estuvo a punto de intentar arrastrarla adónde estábamos pero le debí poner tal cara de espanto o de acelga envenenada que decidió cambiar su regalo por un autógrafo dedicado de su puño y letra que en algún lugar de mi casa todavía conservo. La contra de la tarjeta invitación de La camarera del Titánic dice algo así: “Para Laura la tímida...”. Y algo más de corte amable y cariñoso que no recuerdo porque igual no me atreví a seguir leyendo. Imaginaos el choc, la conozco del otro mundo pero en este no sé quién es.

Aitana Sánchez Gijón y yo nos llevamos menos de dos años, aunque ella sea mona en el chino y yo una perra de manual, pero no sé por qué, a menudo a mí me encuentran parecido con personas (hombres, mujeres…) de lo más variopintas. Y una noche en la casa de una compañera cordinette que celebraba su cumpleaños, invierno de finales de los noventa o principios de los dos mil, en la calle Balmes con otras gentes soñadoras, aguien dijo:

- Me recuerdas a alguien.

Hasta aquí un clásico. Y de golpe alguien que me miraba muy fijamente dijo:

- ¡A Aitana Sánchez Gijón!

  

Amo la profesión de actriz, tiene algo alquímico y transformador, aparte de que las que más amo me constan su generosidad y entrega a niveles mastodónticos. Amo a las actrices, y eso que alguna que olvidé me ha dao mala vida, pero reconozco que este amour fou estuvo siempre en una frecuencia más humanonírico que artística. Claro, eso me llevó a seguirla e incluso a leerme libros que recomendaba en entrevistas, como El último encuentro, de Sandor Marai.

Una vez me tocó hacer de road manager de Pablo Carbonell, un tipo muy divertido, original y con un humor tan inteligente que mi lerditud no me daba para comprenderlo al momento, algunos de sus chistes los pillaba dos o tres días después. Recuerdo que una vez lo fui a buscar al aeropuerto y hablamos de su prima.

- Pues fíjate que a mí me parece que Yerma es uno de sus mejores trabajos. Me dio la sensación de que ha hecho un salto. Es un personaje dificilísimo -algo así le dije mientras conducía de camino a la ciudad y conversábamos. Creo que actuaba en el Principal.

No sé qué pasó que me perdí La gata sobre el tejado del zinc caliente pero fui al Borràs a ver Las criadas con Emma Suárez y Maru Valdivieso, dirigidas por Mario Gas. Una gozadera. Confieso que mataría por ver Las criadas (en directo) con Nuria Espert y Julieta Serrano, dirección de Victor García, pero Emma Suarez (Claire) y Aitana Sánchez Gijón (Solange) son mis criadas. Son mi generación.

Pasados lo años, hice castings con otras actrices y recuerdo que Leonor Watling pujó fuerte con Raquel busca su sitio para arrebatarle el trono a Aitana en mi vida onírica. Estuvo a punto, lo reconozco. Pero nadie sabe de la fuerza de un primer beso bollo onírico hasta que no lo vive en sus propios sueños. Y como vuelven las cosas y los acontecimientos que tienen destino, así volvió Aitana a mi corazón onírico. Y ahí sigue.

 

Si hoy me atrevo a hablar así, abierta y sinceramente, es porque hoy va a subir al escenario a recoger un Goya de Honor una gran actriz, alguien por quien si estuviera ahí me pondría de pie y me partiría las manos y la voz. Una mujer a la que admiro como profesional y como persona. Mogollón. En mi barrio mogollón es mogollón. Una mujer que me representa, en la vigilia y en los sueños, en la intelectualidad y en la carne del escenario, en la entrega y en la devoción, en el arte escénico y en el arte de los sueños.




Muchas gracias, Aitana, Dios te bendiga.

Contigo, Aitana, a tope.


jueves, 26 de diciembre de 2024

'Tenemos que hablar y otros cuentos sentimentales' y 'Soy lo que estás buscando' de gira por MÉXICO

 

Mi Top Moments

Ese momento en que 17 años después le entrego a la Virgen de Guadalupe el exvoto ofrenda por mi petición de agosto de 2007.



Ese momento en que abrazo a Ivonne (17) y Gaby (2) tras una eternidad después de la presentación en U-Tópicas.

 

Ese momento en que me piden otra otra otra tras acabar Soy lo que estás buscando en Espacio Nómada. Gozadera y acabamos cantando todas La gata bajo la lluvia versión Rocío Dúrcal.

Ese momento en confesión cerca del Cerro en Xalapa el último día junto a Argea tomando café y pastel de queso.

Esos momentos de desayuno en casa de Charo y esas conversaciones a cuero descubierto.

Ese momento en que me doy cuenta de que me olvidé los lentes en el lavabo de Cuerpos Parlantes y la magia mexicana tiene a bien que Lupita Ramos se los devuelva a Sonia en CDMX y ahora los lleve puestos.

Ese momento en el que veo el círculo negro justo en el cabezal de mi cama en la casa de La Condesa.

Ese momento en que abrazo a Olga cuando acaba la representación tras doce años sin vernos.

Ese momento en que acabada la actuación de Un Teatro, la cena y con las maletas de nuevo en ruta, Ivonne me dice, ya está, ya estás en casa.

Mi agradecimiento es infinito a Sonia Garcia, Sac-Nicté García, Wend Arenas, mis queridas amigas Ivonne, Gaby y Olga, Argea García, Paola Romero, Charo Constantini, Sara Lovera, Lupita Ramos, Karla Constantini, Natalia y Estefanía de Sóricas, sin género de duda y a todas las mujeres hermosas con las que me he cruzado y/o encontrado y a tod@s l@s periodistas que nos entrevistaron y reportaron la noticia en esta gira maravillosa por tierras mexicanas.

Volveré.

sábado, 18 de mayo de 2024

Carta abierta a Albert Tola

 

Querido Albert Tola,

Ardes y nos incendias y en ese fuego sagrado del arder con los otros, con las otras, trasladas la sustancia de tu palabra para sembrar nuevos incendios, nuevas inspiraciones, nuevos escenarios que se atrevan a adentrarse en el bosque de lo desconocido donde dejamos a Niño Fósil.

Nos conocemos de las formaciones de dramaturgia en el incipiente Obrador de la Beckett, a finales del siglo pasado. Tú tenías 18 y yo veintinueve. Me enamoré de vos en cuanto entraste por la puerta y no supe si eras chico o chica. Días más tarde, te amé cuando leíste aquella loca pieza de tortura deshilachada y absolutamente dislocada.

Todos estos años nos hemos visto crecer en tantos sentidos… Pero ayer, mientras me hacías partícipe del magnífico trabajo que habéis hecho tú y Rodrigo (García Olza) con Joven llama en el teatre Dau al Sec, te vi caminando entre las llamas de la creación como un fakir experimentado y divino que sabe cuál es su humilde misión de vida y la ejecuta con sumisión, como dijiste en el coloquio.


¡Qué acierto invitar a esa señora de alma azul, Victoria Cirlot! Nuestra visión y nuestras heridas se enlazaron para encontrar esa superficie elemental que nos sirva de autopista de despegue para nuestras próximas creaciones, para nuestra propia misión de vida.

Dijiste algo que apunté en mi libreta: - No es la obra que te gustaría hacer. Es la obra que asumes. Qué sabios son los daimons, Albert, o los ángeles que nos guían, o esos seres extraños que a veces se nos presentan en forma de mendigo o de cajera del súper o incluso de agente de la circulación. Sabes de lo que hablo, ¿verdad? Sabemos, porque vos y yo y tantas otras personas queridas, vemos el alma de Dios en nuestros personajes, en las personas que amamos y en las personas que no amamos y se cruzan en nuestro camino.

¡Adelante con la celebración de la creación y de la vida! Como dijo Victoria Cirlot, “el símbolo no se desgasta”. Esa es una de las cazas que frecuenta el artista.

Te quiero mucho, Albert, larga vida para ti y para tu literatura dramática.

Amén.

Joven llama, de Albert Tola y con Rodrigo García Olza. Hasta el 26 de mayo de 2024 en el teatre Dau al Sec de Barcelona.

miércoles, 15 de mayo de 2024

La risa clitórica

  

Beatriz Santiago Ortiz, Mi clítoris se ríe conmigo.

#ReencuentrosDivinos #CompañerasDeCarreteraYArte #LleidaSiempreLleidaEnElCorazón #VueltaALasAulasDespuésDeTantosAños #ConferenciasSobreLaRisaYElSentidoDelHumor #BeatrizSantiago #VirginiaImaz #DisfruteYGoce #ConversacionesQueAlcanzanLaNoche #VenteConmigoAntonieta #LaHabitaciónPequeñaSeEngrandece #MuyAgradecida #Aleluya

Si mi querida amiga Maite Ojer no hubiera decidido venir desde Lleida expresamente para asistir a unas conferencias sobre la risa y el sentido del humor ofrecidas con mucha gracia, fundamento y salero por Beatriz Santiago Ortiz y Virginia Imaz, una servidora se hubiera perdido unas cuantas cosas no solo interesantes sino también bellas.

La risa como puerta de entrada al arte. ¿Cómo el placer y la risa nos conectan con la libertad? La experiencia de la risa nos lleva a una experiencia de la libertad. El drama es un lugar de carencia. La comedia es un don femenino y está en abundancia. Me pone la lavadora, Teatro del Barrio. Juntas aprendimos que queríamos vivir en libertad. ¿Cómo el placer modifica la forma de pensamiento? Humor de la complicidad. Me di cuenta de que la risa clitórica es la que me va a guiar en esta parte del camino. Para terminar voy a hablar de la risa de mi madre que dice que lo mejor viene a partir de los sesenta y cinco. La risa de la placidez.

Beatriz Santiago Ortiz, Mi clítoris se ríe conmigo.

El humor me parece la forma más sana de estar en el mundo. La risa es de carácter vibracional. Yo empatizo tanto contigo que me río de lo que reconozco en mí que hay en ti. Para mí el humor es referencial. El humor y la poesía son las únicas cosas más complicadas de aprender en un idioma que no es el tuyo. El futuro de la escena y de la comedia es nuestro. Lo nuevo viene del margen y nuestra historia se ha construido ahí. El humor es sobre todo un puente de empatía. Cuando hablamos de humor hablamos siempre de transgresión. Estéticamente divergentes. El humor es el gran viaje de la autoaceptación. El camino de la payasa va de la inocencia a la locura. El de la bufona de la locura a la inocencia. La inocencia es tremendamente provocadora.

Virginia Imaz, El humor de las mujeres.

Y en la Sala d’Actes de la Facultat de Filosofia, Geografia i Història me reencontré con Anaïs que me hizo tremenda ilusión, con Brigitte, Marta, conocí a Alba y a Maria y gracias a las dos exposiciones sobre la risa y el humor se me despertó la memoria y me acordé del día que murió Frank Sinatra y yo llegué a Madrid por primera vez a ver a la que entonces era mi mejor amiga. Impagable.

- La risa es un espacio de libertad -dijo Beatriz Santiago aludiendo a la anécdota que acababa de explicar.

 
De izquierda a derecha: Una servidora, Alba y Maite en un antro de perdición prenocturna.

(*) La risa clitórica fue una conferencia realizada en la Sala d'Actes de la 4a planta de la Facultat de Fiosofia, Geografia i Història de la UB el viernes 10 de mayo de 2024 entre las 17 h. y las 19 h. aproximadamente.

lunes, 12 de febrero de 2024

ORIGEN y DESTINO del libro Tenemos que hablar y otros cuentos sentimentales

 

Las primeras salidas nocturnas por el ambiente las hice tarde. Primero me enamoré con veintidós años de alguien que no pudo o no quiso corresponderme como yo le proponía y luego me eché una novia que me mantuvo ocupada un año. Pero a finales de los noventa, con otra novia estupenda que tuve por esa época y la llegada del disco Palabra de mujer de Mónica Naranjo, que traía consigo el himno Desátame, empecé a hacer la ruta de antros LGTBI de la ciudad de Barcelona. Arena Clàssic, Arena Vip, Members, La Rosa y pa’casa. De esta época, nació un intento de novela con tramas de amor lésbico que no prosperó. Quizá también algún cuento que anda en algún documento perdido del ordenador, pues soy de tirar poco o nada en cuanto a mis escritos. Pero sé que el embrión del libro Tenemos que hablar y otros cuentos sentimentales se gesta en esas noches que, en algún momento, incluyeron también el Satanasa de la calle Aribau pues abría entre semana.

Hubo después una segunda época nocturna cuyo protagonismo absoluto lo tuvo el DeMer de la calle Platón y el estreno de mi primer espectáculo titulado Todas esas chicas, en el Tantarantana, que era la puesta en escena de un claro manifiesto de intenciones. Una mujer que ama a mujeres y se expresa a través de la poesía. A veces construye fantasías y otras consigue amar en el cuerpo y la realidad. Me da ternura pensar en mí a los treinta y tres años. La misma mujer joven que salía a la noche con sus comadres mexicanas Ivonne, Gaby y Olga en busca de un amor que se le resistía. Ahí el embrión empieza a crecer en mi vientre y en mi cerebro y en 2006, con la creación de este blog junto a la sister Odette, publico los primeros cuentos, algunos de ellos presentes en este libro con algunas correcciones. No muchas porque he intentado respetar el pulso literario de aquella Laura.

Así que estoy muy contenta de que al fin Tenemos que hablar y otros cuentos sentimentales vea la luz. El miércoles 14 de febrero a las 18:30 h haremos la primera presentación del libro Tenemos que hablar yotros cuentos sentimentales en la sede de la asociación ENTENEM Santa Coloma (c/ Rafael Casanova, 50 / Metro L1 Santa Coloma y L9 Santa Rosa; Santa Coloma de Gramenet Barcelona). Nos encantará contar con vuestra presencia y complicidad. Pero si os queda lejos o no podéis, va a haber más presentaciones porque la idea es acompañar al libro.

Abrirá el acto Xavi Villena, presidente de ENTENEM Santa Coloma, continuará Sonia Garcia, directora de BMC Edicions y cerraré el acto con la lectura de uno de los cuentos junto con la actriz Inma R. Solan. Una vez acabe la presentación, dialogaremos con el público, firmaré libros y celebraremos el día, el encuentro, la vida y la literatura. 

 


Tenemosque hablar y otros cuentos sentimentales es una colección de cuentos en los que las protagonistas son mujeres que aman a mujeres, que hacen sexo con mujeres, que se enamoran de otras mujeres, que se separan de otras mujeres, que ligan con otras mujeres y que, en definitiva, se relacionan sentimentalmente con otras mujeres.

Por último, destacar el privilegio de contar con un prólogo de PradoG. Velázquez, escritora, colega, amiga y presidenta de Colors Sitges Link, asociación LGTBI y mi absoluto agradecimiento a Sonia García, directora de BMC Edicions que ha apostado por el libro publicándolo y cuidándolo como lo está haciendo.

El libro se puede adquirir AQUÍ pero en breve se podrá comprar en otros puntos de venta. Por supuesto, habrá ejemplares a la venta en cada una de las presentaciones. Las próximas el 9 de marzo en Sitges y el 14 de marzo en la librería Prole de Barcelona. 

Sois todas bienvenidas.