THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

sábado, 27 de enero de 2018

El héroe cotidiano de la línea azul




Línea 5 del metro de Barcelona. Azul. Hora punta del mediodía. Una chica me dice:

- Em deixes passar? (¿Me dejas pasar?)
- Sí, és clar. (Sí, claro)

La chica accede a la salida. El vagón vuelve a moverse. Me desequilibro, intento compensarme, caigo hacia atrás y me apoyo ostensiblemente y sin pudor ni orientación en alguien que está detrás mío y no puedo ver. En unos segundos que se hacen larguísimos, recupero el equilibrio lo suficiente como para girarme y ver en quién me sigo apoyando sin poder evitarlo.

- És que no tinc suport. (Es que no tengo apoyo).

Veo su mano agarrada a la barra de hierro lateral de los asientos que tiene delante y parte de mi cuerpo sostenido por su hombro mientras oigo la voz del chico que dice:

- Doncs ara ja el tens. (Pues ahora ya lo tienes).

Lo dice de una manera tan amable y empática que nos reímos. Él, sus acompañantes -algunos de los cuales van sentados- y yo.

- Moltes gràcies – digo todavía atrapada por la risa y congratulada por el gesto y las complicidades halladas.

Recupero el equilibrio. Luego ellos y ellas siguen hablando y yo cierro pestañas en el móvil para guardarlo en el bolsillo. Por lo que dicen, podrían ser estudiantes de enfermería, o medicina. El chico se despide en Sagrada Família. Procuro dejarle todo el espacio que puedo para que pase con holgura. Pienso en Barcelona, la gente joven, el ser humano y me digo, hoy molamos, molamos mucho.



Santa Coloma de Gramenet, 24 de enero de 2018

lunes, 8 de enero de 2018

Breve monólogo breve sobre el arte de limpiar y de leer




Limpiar le sienta muy bien al alma. A menudo más que leer.
Tú friegas los platos y se te va descargando el pecho sin darte cuenta, se dispersan las lágrimas acumuladas diluyéndose con las pompas del jabón.
Te desaparecen los nudos que te impedían tomar decisiones en los intestinos y se despejan las dudas con respecto a la tarde que acontece.
Sí, si lees un libro, un buen libro, te parece que la soledad interior no existe y la imaginación -tanto la que usas como la que no- se siente reconfortada. Pero a diferencia de la limpieza que se realiza con el arte de las manos y los diferentes productos líquidos, leer estalagmiza mientras limpiar estalacmita.
También ocurre que los libros te enfrentan con tus demonios y te dan pistas de cómo llamar a los ángeles mientras que la limpieza te ofrece la oportunidad de compartir las tareas de los seres invisibles que velan en los umbrales del equilibrio. En este punto los especialistas no acaban de ponerse de acuerdo y observan de manera confusa que los ángeles pueden ser convocados por igual a través de la lectura y de la limpieza.
Por eso lo mejor que puedes hacer es limpiar y leer, leer y limpiar. Porque detrás de la ejecución de estos dos verbos se hallan territorios afines al orden y al consuelo, a la compañía y la comprensión, al arte y a la creación, al amor y a la compasión y sobre todo puedes encontrar instrucciones precisas para perderte y más adelante, si el desánimo te puede, seguir el mapa detallado para tu reinvención dentro de lo humanamente posible y lo alquímicamente transitable.
Ocurre a veces que fregando el suelo con mocho de algodón se descongestionan los asuntos del pasado y una vez seco se acepta mejor el destino de los pequeños acontecimientos diarios. Para la aceptación del destino final los expertos de esta narrativa comparativa sugieren actos de limpieza diaria con la pulcritud y el compromiso anónimo que requieren las grandes empresas.
Una de las acciones de limpieza que mejor sienta, incluso a niveles de constelación molecular, es eliminar el polvo de las figuritas, los libros y las baldas de las estanterías y todos esos trastos inútiles y decorativos que forman parte del mobiliario, porque mientras se realiza este acto kármico irrumpen en cascada a través de todos los capilares de nuestro cuerpo miles, millones de átomos de esperanza. Se ha demostrado sobradamente que la sustancia que segrega uno de los quince tipos de esperanza que existen está directamente relacionada con la limpieza de lo inservible.
Según he podido saber a raíz de unas últimas publicaciones de investigación en la materia, para alcanzar bienestares difícilmente retribuibles por arte creativo alguno, los eruditos de las fuentes recónditas subrayan que eliminar mugres de tiempos verduzcos en los rincones olvidados de la casa aporta clarividencia y mirada longitudinal capaz de atravesar las dimensiones. Dichas mugres suelen encriptarse en los rincones del lavabo, fondos de cocina, esquinas de armarios y rieles de ventanas tanto exteriores como interiores, por poner ejemplos fácilmente localizables. Los mismos eruditos que señalan esta disposición también sugieren sentarse en el sofá con un ejemplar de tu escritor o escritora favoritos para disfrutar del elixir que se obtiene después de esta limpieza. Se dice que una vez un lector empedernido alcanzó el nirvana con la lectura de un solo verso de la poeta argentina Alejandra Pizarnik tras eliminar frotando con estropajo la grasa acumulada en un rincón ignorado durante años y, a priori, inalcanzable de su vieja cocina.
Cabe destacar también que cuando se ha realizado una limpieza a fondo, se ha comprobado que la poética de la brisa fluye con la armonía del cosmos y a los mundos colindantes los invade una sensación de paz canalizadora de nuevas conmutaciones.
Así mismo, si el mantenimiento de las sesiones de limpieza se produce con regularidad, destreza y sin eludir responsabilidades, es por todas las caracolas del mar propagado que el placer de la lectura puede obtener grados de grandeza difícilmente igualables por otras actividades pues el acto consecutivo entre limpieza y lectura se funde en el infinito.
Limpieza y lectura son por tanto dos artes que los expertos en vida lumínica recomiendan realizar en actitud consciente y, si puede ser, correlativa. Animo -especialmente a los hombres- a que lo comprueben empíricamente y disfruten en profundidad de todas estas recomendaciones.




jueves, 23 de noviembre de 2017

Planchadores de almas



TRESH.- ¿Quién es usted?
RUSKIA.- Plancho almas.
TRESH.- ¿A qué ha venido?
RUSKIA.- A plancharle el alma. La tiene arrugada.
TRESH.- ¿Y eso cómo se hace?
RUSKIA.- Primero con mucho cuidado y tacto. Le diré que incluso con cariño. Hasta el momento del vapor. Eso hay que hacerlo todo muy rápido y ágil para que duela lo menos posible. Si se hace bien, y esto es un arte, puede ser cosa de un espacio de tiempo humano minúsculo. Apenas más perceptible que el pinchazo de una aguja. Lo importante es saber o no saber en absoluto. Hacerlo inconscientemente funciona. Conozco a unos cuantos planchadores de almas inconscientes que son delicados y precisos. El problema de la inconsciencia es el de siempre. Te llega una lista o un listo y te pone trampas que eres incapaz de ver y te haces daño y haces daño al listo. Una vez un listo que intentaba evitar que le plancháramos el alma escondió su identidad verdadera en otro cuerpo y al no corresponderse, el cuerpo huesped sufrió daños irreparables; pero no solo eso, al retornar el alma a su cuerpo natural fue imposible realizar el proceso habitual y el sufrimiento del listo dio como resultado una discapacidad permanente. Lo mejor es dejarse hacer sin ofrecer resistencia. Se lo digo después de más de diez años planchando todo tipo de almas.
TRESH.- ¿Diez años planchando almas? Eso no es mucho teniendo en cuenta la complejidad de la que habla.
RUSKIA.- Diez años nuestros, no suyos. El tiempo es un concepto en el que mejor no entramos, si le parece. Para plancharle el alma debo cuadrar círculos y doblegar paralelas estelares en el plano universal de los destinos. Disculpe que esto no se lo pueda explicar.
TRESH.- ¿Qué riesgos implica saber?
RUSKIA.- Sí, claro, saber implica otros riesgos. Riesgos como la pérdida total del alma si no se sigue el protocolo del planchador. La confianza debe darse por completo. Una duda hace peligrar el proceso. Le pongo un ejemplo. Si le digo en un momento dado, expire, expire, no inspire. Son los detalles más ínfimos los que pueden desestabilizar el proceso de manera irreversible.
TRESH.- Pero quizás un buen planchador pueda reconducir...
RUSKIA.- Un buen planchador de almas puede domar un proceso que se tuerza pero todo tiene un límite pues se trata de un proceso que en el otro lado tiene una precisión sin márgenes, ¿entiende?
TRESH.- No sé si lo entiendo.
RUSKIA.- Claro, es que lo mejor no es entender, lo mejor es confiar.
TRESH.- ¿Tengo otra opción?
RUSKIA.- En realidad no, pero tenemos indicaciones previa está incluída. Normalmente facilita el camino.
TRESH.- Habla del otro lado...
RUSKIA.- El otro lado solo es un forma de hablar pues el otro lado también es éste. Somos aquí y allá. Pero allá se producen cambios que aquí son apenas imperceptibles si al planchar el alma todo va bien. Allí se generan las construcciones pertinentes para que la red quede imbricada de manera estable. Disculpe la falta de concreción pero aquí no es imaginable y yo hace mucho tiempo que tengo una parte de mi memoria adaptada a esta dimensión. Imposible traducir con precisión. Solo puedo aproximarme.
TRESH.- Entonces lo primero es dar mi consentimiento.
RUSKIA.- Es lo ideal. De lo contrario me fuerza a que su consentimiento sea trasladado al otro lado donde ya ha sido dado ese consentimiento, piense que sino no me habría presentado en su casa. Eso lo complicaría todo. Para que se haga una idea. Deberíamos aislar el tiempo y el espacio del resto de materialidad doblando su personalidad en otro cuerpo que fuera reconocido por su vecindario, lo cual nos obligaría a intervenir todo su mundo de una manera no natural para después esperar a que usted, llegado a un punto temporal que es mejor no se imagine nunca, de al final su consentimiento.
TRESH.- ¿Me torturarían?
RUSKIA.- Jamás. Ese concepto está erradicado en nuestros mundos. Pero quizás en su mundo todavía exista, entiendo que lo pregunte.
TRESH.- Para alguien que quiera plancharse el alma con usted qué le sugiere.
RUSKIA.- Aparte de confianza, verdad la justa. Su verdad propia como individuo. Esa no vale. La verdad es algo que aquí se ha reducido a una forma de percepción que no sirve, una mirada que sostiene alguien contaminado por el entorno y por el intorno. La verdad se ha convertido en un punto de vista y eso es una desviación del concepto verdad. La verdad es otra cosa. Ahora mismo trabajamos afanosamente para devolverle el sentido a esa palabra, aquí ha sido sepultada y violentada. No me es dado profundizar en un tema tan complejo pues son las más altas esferas las que están dilucidando la mejor forma de devolverle a la verdad su acepción y sentido correctos. Esta nueva fase de llegada del ejército de planchadores y planchadoras de almas responde a parte del plan para recuperar la verdad. En el alma anida la verdad. De ahí y solo de ahí debe emerger. De ahí emergerá cuando le haya planchado el alma. ¿Alguna pregunta más?
TRESH.- ¿Después del proceso continuaré siendo yo?
RUSKIA.- Sin lugar a dudas será usted pero perfeccionado.
TRESH.- ¿Qué quiere decir?
RUSKIA.- Estará alineado con las nuevas directrices del mundo. Pero no se preocupe. Mientras le planchamos el alma a usted, compañeros y compañeras mías están planchando miles y miles de almas. De hecho, yo mismo, mientras hablo con usted he planchado ya más de trescientas mil almas. La suya por ejemplo ya está abierta.
TRESH.- ¿Tengo que firmar algo?
RUSKIA.- Nada de firmas, con su palabra es suficiente.
TRESH.- De acuerdo. (Pausa.) Una última pregunta: ¿seguro que mi contribución va a servir para mejorar la condición humana?
RUSKIA.- A todos los niveles, incluidos los que ignoran.
TRESH.- Dígame cómo necesita que me ponga.
RUSKIA.- Acérquese. Lo ha hecho muy bien. Ya le dije que si no ofrecía resistencia apenas se daría cuenta.

Santa Coloma de Gramenet. Lunes, 6 de noviembre de 2017

jueves, 28 de septiembre de 2017

#ContraLaTrata: 'Con una mujer que salga a mí me parece importantísimo', Rocío Nieto presidenta y fundadora de APRAMP



Con motivo del Dia Internacional Contra l'Explotació Sexual i el Tràfic de Dones, Nenes i Nens, ayer por la tarde asistí a la conferencia de Rocío Nieto, presidenta y fundadora de APRAMP, en la Sala Micalet de Santa Coloma de Gnet, mi ciudad. Rocío Nieto lleva 32 años trabajando en esta tarea sísifica de la intervención social para conseguir erradicar la trata. Tiene tanto que explicar y tan poco tiempo que su exposición es abundante, vertiginosa y rica, tanto en datos y ejemplos como en conocimiento de la condición humana. Habla rápido y sencillo, a veces puedes ver las imágenes que describe con una desnudez que golpea la cara de las allí presentes, casi todas mujeres.
La trata no es prostitución voluntaria, la trata es esclavitud. Según Nieto, su procedencia es de veintitantos países entre los que destacan Paraguay, Brasil o Nigeria. Sus familias las venden por 1000 o 2000 euros por evidente pobreza, cosa que no deja de ser un ancla para sacarlas de su situación, pues gracias a sus contribuciones, viven sus familias en los países de origen. Apunta que sobretodo son mujeres y menores niñas, aunque sí, también hay niños, por lo que es un problema de género fundamentalmente. Estas mujeres y estas niñas, pues la mayoría son menores, no conocen sus derechos, vienen aquí con una deuda que va en aumento. Primero el billete de avión, el puesto o la esquina que ocupan (80€ diarios), luego cualquier cosa que consuman, desde el papel del water hasta una llamada a su país sin olvidar que la documentación, en muchos casos, está en manos del proxeneta. 
Las administraciones públicas no presentan las medidas como para darles alternativas a estas mujeres hacinadas en pisos en los que pueden llegar a hacer dieciocho o veinte servicios con clientes que hacen de su deseo un uso degradante, cruel, vergonzoso y abusivo. Servicios que cuestan tan baratos que hasta están calando en los adolescentes y los jóvenes, como si de una diversión más se tratara. Cada una de estas mujeres gana aproximadamente 300 euros al mes que suele enviar a su país de origen mientras puede generar una caja de 800 a 1000 euros diarios que obtiene el o la red de proxenetas.
Rocío Nieto hace incapié en la unidad de rescate de APRAMP compuesta por supervivientes. Mujeres que han logrado salir de ese círculo, que han pasado por ese infierno y que comprenden mejor que nadie la situación pero y, sobre todo, que saben detectar a aquellas mujeres que quieren salir. El proceso para salir es complicadísimo porque estas mujeres deben denunciar a sus familias o a sus compañeros. A veces es incluso un error llamar a las familias que precisan tanto de lo que reciben de ellas que pueden amenazarlas, por ejemplo en el caso de las nigerianas, con hacer vudú, o las propias represalias de los proxenetas que utilizan métodos como embarazarlas, secuestrar al hijo y utilizarlo como chantaje. Puede decirse que España ha avanzado, apunta Nieto, con el ministerio de Igualdad de Bibiana Aido se aprobó un Plan contra la Trata y se ha establecido el Protocolo de Palermo (protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños), pero estos protocolos dejan de tomarse porque no tenemos medidas, recursos para acoger y dar salida al futuro de estas mujeres. Hay que atenderlas de inmediato. 
Aparte de la administración, Nieto recalca la importancia que tiene el tejido empresarial y su concienciación para la fase salida, sin embargo el estigma de haber sido prostituta y responder a un perfil de pobreza siguen siendo handicaps. Nieto también reclama una mayor sensibilización por la parte judicial para que no se revictimice a estas mujeres, que no tengan que pasar veinte veces por declaraciones o posiciones traumáticas.
A pesar del tremendo panorama que presenta, Rocío Nieto deja claro que con una mujer que salga a mí me parece importantísimo. Redunda en la prevención, en crear medidas político-jurídicas, en concienciar especialmente a los hombres y creer en ellas pues las experiencias tan traumáticas de las que proceden las sitúan en la lógica de la supervivencia pura, como el caso de las madams que cita en un par de ocasiones, mujeres que se dedican a gestionar los pisos y que vienen de abajo pero que les cuentan que lo hacen porque es mejor eso que estar prestando veinte servicios por día.
Durante su exposición alude a calles de Madrid, Montera o Ballesta, donde su asociación tiene unidades, pues trabajamos donde están ellas, porque es su día a día pero el problema es generalizado, pone el ejemplo del prostíbulo de la Junquera donde van los franceses porque todo es más barato. El pronóstico es pesimista pues la trata es el segundo negocio más lucrativo después del negocio de las armas y España es el segundo destino de estas mujeres, niñas y niños pero no por ello vamos a dejar de hacer lo que hacemos.
Durante la palabra abierta al público, todas mujeres menos tres hombres, se intenta hacer acopio de iniciativas para encaminar las acciones hacia la abolición, pues parece claro que una regulación sería legitimar la exclavitud. Se habla de una marea lila, del cambio de mentalidades, de cómo el papel de los medios de comunicación amparan una doble moral que condena y sin embargo permite anuncios y sería tan necesario que colaborara radicalmente a favor, de perseverar en la lucha directa, de la estigmatización social del putero y de más líneas de acción que escucho atentamente y que ya no apunto y ahora siento haberlas olvidado porque creo que eran interesantes para dejar constancia en esta pequeña contribución.

(*) Rocío Nieto, Presidenta y Fundadora de APRAMP y Núria Parlon, Alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet. Foto de Gertrudis Losada Alva.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Por una dramaturgia de la armonía?




NAWAL.- ¿Y por qué los refugiados agarraron a los niños?
EL MÉDICO.- Para vengarse. Dos días antes, los paramilitares habían colgado a tres refugiados que se habían atrevido a salir de los campamentos. ¿Por qué los paramilitares colgaron a los tres refugiados? Porque dos refugiados del campamento habían violado y matado a una chica del pueblo de Kfar Samira. ¿Por qué violaron a la chica? Porque los paramilitares habían lapidado a una familia de refugiados. ¿Por qué la habían lapidado? Porque los refugiados habían quemado una casa cerca de la colina del cilantro. ¿Por qué los refugiados habían quemado la casa? Para vengarse de los militares que habían destruido un pozo de agua hecho por ellos. ¿Por qué los militares habían destruido el pozo? Porque los refugiados habían quemado la recolecta de grano cerca del río donde corren los perros. ¿Por qué habían quemado la recolecta? Seguramente hay una razón, pero mi memoria se detiene ahí, ya no puedo ir más atrás, pero la historia puede continuar por más tiempo, del hilo hasta la aguja, de enojo en enojo, de pena en tristeza, de violación en muerte, hasta el principio del mundo.

INCENDIOS, Wajdi Mouawad

La tetralogía del autor de origen libanés Wadji Mouawad compuesta por Litoral, Incendios, Bosques y Cielos recoge como pocas las diferentes manifestaciones y grados de la violencia humana a través de un género clásico, la tragedia. Incendios, entre otras muchas cosas, contempla el amor de una madre por su hijo y su búsqueda en mitad del horror, y cómo el horror lo penetra todo hasta llegar al intelecto y al corazón del espectador. El fragmento con el que abro esta pieza me conecta con los versos finales del poema Casandra de Wislava Szymborska, la premio Nobel polaca, cuando la maldecida por el dios Apolo, rendida a la evidencia que ella misma ha pronosticado, dice: Yo tenía razón. / Solo que eso no significa nada./ Y estas son mis ropas chamuscadas./ Y éstos, mis trastos de profeta./ Y ésta, la mueca de mi rostro./ Un rostro que no sabía que pudiera ser hermoso. Cualquier guerra contempla una escalada de violencia que puede nacer de una semilla diminuta, de una chispa insignificante que prende, que poco a poco va creciendo hasta convertirse en un franskenstein imposible de explicar. Al final, la razón poco importa. Importa la sangre derramada, la violencia que ha consumido a ambos bandos. Importan las humillaciones y las heridas de décadas, de generaciones, que dejan.
Uno de los valores de esta tetralogía es que regresa al género clásico de la tragedia donde el campo del significante obtiene una dignidad sublime del significado, pues a menudo podemos observar el uso indiscriminado de la violencia en imágenes, tanto en ficción como en medios audiovisuales, sin ánimo moral, sin sentido, por el mero hecho de que genera interés y promueve instintos primitivos, incluso benefecios. Vivimos en un mundo donde el consumo de ficción alcanza hasta la mirada de los propios medios de comunicación y las redes sociales pues rara vez son vistos -excepto cuando se trata de una tragedia natural, por ejemplo- con la realidad que se merecen, sino que son percibidos y seguidos como un relato que va añadiendo ingredientes a la trama principal que siempre alcanza otro punto máximo de tensión que conduce a un nuevo escenario, a una nueva situación, de manera que es inevitable que surja el entretenimiento desmoralizador, la diversión, aliada con el sentido del humor, con el género de la comedia y todas sus variantes. Pero, ¿la violencia es divertida? Los romanos fueron de los primeros en utilizarla como elemento de control social dando pan y circo con sus juegos a la plebe, más allá del teatro griego en donde la representación de esa violencia era suficiente para explicar el mundo y hacer pedagogía ciudadana. Pero como dice Antonio José Navarro, crítico y ensayista de cine, especialista en la relación entre cine y conflicto bélico, la violencia en la ficción solo tiene sentido si hay reflexión moral.
Si las cuatro emociones básicas del ser humano son la alegría, la ira, la tristeza y el miedo, emociones que alimentan las pasiones humanas y cuya represión o alimento exacerbado puede dar lugar a patologías, me atrevo a aventurar que el ejercicio de control social pivota sobre la combinación de cuatro ejes cuyas dosis se vierten desde los centros de poder sobre la población: violencia, esperanza, represión y justicia. ¿A través de qué canales? Información y entretenimiento que contienen constantes mensajes que influyen determinantemente en el estado de ánimo colectivo; mensajes entre difusos, confusos y clarividentes en formato simple (como los que constantemente nos llegan a través de las redes sociales) o en formato abundante (ensayo, artículos de opinión, literatura) un formato que parece condenado a la extinción, o bien, a la recepción de una mínima capa de la población, pues la desaparición paulatina de formatos como el libro clásico y el aumento de consumo de todo lo audiovisual, parece indicar que lo rápido y simplista se impone a lo lento y profundo. Son éstos indicadores que ya, más que anunciar un cambio en los formatos de ejercer el poder sobre la ciudadanía, manifiestan la apertura de una puerta que, más allá de la sociedad líquida que definió Zygmunt Bauman profetiza otro tipo de colmena colectiva que incluso puede afectar a la materia física de la que están constituidas las sociedades, sus territorios naturales geográficos. Y tenemos que volver a empezar de cero porque todo lo que hemos aprendido con anterioridad ya no sirve (…) la modernidad sólida fundía los sólidos mejores; mientras que ahora fundimos sin solidificar después.

(Artículo publicado en la revista EXCODRA. Sigue en la página 27 de: http://excodra.wixsite.com/excodra)

miércoles, 9 de agosto de 2017

Cuando se acaba un buen libro




Al acabar un libro se queda una sensación de tristeza.
Alguien se va definitivamente.
M Train de Patti Smith deja paso al siguiente.
Todo empezó como un sueño, un sueño que ya he contado.
El sueño del cowboy que le lanza una frase.
No es tan fácil escribir sobre nada.
Sus frases y sus vivencias comprenden hermosas piedritas que la autora va depositando en los sitios que merecen una oración. Oración de plegaria, oración de frase. Como la tumba de Genet, o la de Rimbaud.
La vida pasa. Deja su huella. Muchas, tantas cosas son. Tantas otras se quedan en el dibujo. En el borrador.
Cuánto café cabe en una obra, cuántas canciones, cuantos poemas, cuantos libros, cuántas series, cuánto amor, cuanta melancolía.
Se ama la vida de la vida, se ama la vida de la ficción.
Como cuando le escribí un poema a JJ, la agente Jennifer Jareau de la serie Mentes Criminales y al leerlo en un recital despertó carcajadas. Luz en el mundo oscuro.
Mientras se camina lento, la velocidad de los laterales también disminuye.
Dos semanas antes de la muerte de Lou Reed se lo encuentra.
I love you.
I love you too.
Más tarde se me ocurrió que en los cuarenta y dos años que hacía que nos conocíamos, esas palabras, aunque sentidas, nunca habían sido pronunciadas.
Todo lo que se calla, se queda en el mundo del silencio.
Quizás de lo que no se pueda hablar, deba ser callado.
Pero lo que se puede decir, es mejor decirlo.
Decir amor es sentir amor. Ponerle rúbrica.
Mejor antes que después.
Díselo antes de que se lo tengas que dar al viento o a una estancia vacía. O a un papel escrito.
Pienso mucho en despedidas.
En la mía propia. Me aterroriza. Siempre se me han dado fatal.
La vida es un estado de ánimo. También. Mejor subir a la superficie. Bajar a aguas abisales te hace ver seres cuyas dimensiones y colores y proyecciones no parecen reales.
Ahora quizás si escuchara la risa de las nietas de mi vecina la Paqui todo volvería a la normalidad. Sin embargo, ha hecho el cambio el motor de la nevera y los platos esperan.
Hay también textos que quieren nacer, que hace rato van naciendo con los que no me siento conforme.
Lo harás bien. Lo harás bien. Lo harás bien. Lo harás bien.
Al menos los acabaré.
¿Y luego? Luego todavía es agosto, queda el pueblo, el árbol quemado que resiste en el tiempo y la familia.
Una vez mi madre salió del pueblo con un único pantalón húmedo y se fue para solo volver en épocas estivales. Primero Alemania, luego Cataluña. Ahora Galicia.
Fíjate que hoy si lloviera sería perfecto.
Cuando se acaba un buen libro, es mejor comenzar otro.


martes, 8 de agosto de 2017

Que la vida te ame




Llover se convierte en una celebración.
Agosto son días en el calendario donde los truenos hoy anidan.
Escuchar cómo caen mares de gotas y sentir que algo en la tierra se limpia produce una sensación de tábula rasa con cuanto acecha en las esquinas.
Las cortinas van moviéndose según el viento. Sigo con el silencio en la penumbra del piso. Leo estirada en el sofá. Acabo una obra sobre escritores alemanes en el Hollywood de la Segunda Guerra Mundial. Contes de Hollywood, de Christopher Hampton. El guionista de Las amistades peligrosasWar, retaba Glenn Close, del otro lado de la mesa, a John Malkovich bajo una noche de tormenta infernal.
El incienso sigue quemando. Hasta el final. La televisión en negro con el puntito rojo. A punto, preparada. Recuerdo cuando la actualidad política era mi día a día, ahora me parece increíble ser adicta a eso. Debo estar en baja forma. 
¿Qué importa y qué no?
Pasan los días, los meses, los años. Dejamos definitivamente de ser seres eternos y al hacernos cargo de nuestra fútil humanidad, las armas a un lado y los versos colgados en tendederos bajo la tormenta.

- Oye, que la poesía va a sufrir un descalabro - dice una voz desde el fondo del paisaje.

- Si sobrevive, será una buena cosecha -responde la sombra alargada de una esperanza.

Últimamente piensas demasiado en los finales. 
Llegados a cierto punto no hay nuevos comienzos. Hay solo comienzos. Inicios que se saben con mayor experiencia y por tanto quizás, en los días de sol y brillo, más oportunidades.
Pronto la naturaleza de tojo y piedra rota con montes de genistas y algunos árboles repobladores se harán cargo del paisaje. Llega el momento anual de volver a las raíces.
Qué pena que ya no haya vacas.
Saldrás a caminar. Saldrás a mirar aquel horizonte. Te harás nuevas y viejas preguntas que siempre recuerdas mirando campo a través. 
Quizás te atrevas a correr un poco. Quizás solo camines.
Quizás regreses con los pulmones henchidos de septiembre.
Quizás los versos que se llevó la tormenta estén creciendo en las nuevas libretas.
Al final una de las cosas más importantes que existen es saber que hay un sitio que siempre te espera.
Un lugar para poder volver.
Siempre volver. 
Uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida.
Quizás porque no siempre se viva.
Otras solo se espera.
O se recuerda.
Sí, uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida.
Donde la vida lo amó a él, a ella.
Que la vida te ame.
Sí.
Así sea.