THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 10 de junio de 2020

Un solar tras el confinamiento




Durante mucho tiempo me dediqué a la construcción de un edificio que a veces sufría las inclemencias del tiempo y parte de su andamiaje era tirado a tierra sin miramientos. Ahora el edificio ha caído entero. Veo esparcidos los escombros por todo el solar y he llamado a los operarios de la limpieza. 
(Un tiempo después)
Los operarios de la limpieza fueron diligentes. Recogieron cada pedazo, cada viga rota, cada cristal, cada baldosa de su suelo. Trajeron un buen camión. Hace rato que me he sentado enfrente a contemplar el solar vacío donde antes estaba mi edificio. No sé si me gusta el paisaje. Por el momento puedo ver otros edificios que había detrás y un viejo árbol. Todavía no sé muy qué hacer con el solar. ¿Pongo un jardín? ¿Lo regalo? ¿Lo abandono? Lo curioso es que no siento pena. Sé que debería estar triste. Mi edificio era la construcción de toda una vida. De mi vida hasta ahora. Pero ni rastro de esa supuesta tristeza. 
(Un tiempo después)
Me siento en el banco de enfrente a mirar el solar vacío y sé que no debo precipitarme. Tomar decisiones sin que haya alguna indicación parece un poco impulsivo. Incluso insensato. Creo que toca esperar. Toca dejar estar el solar y esperar. 
Hoy hay nubes en el horizonte. Lleva varios días lloviendo cada tarde y me gustan los charcos de lodo que quedan en el solar. Nunca me hubiera imaginado a mí misma admirando las cualidades del lodo. El lodo no es más que Tierra ablandada por el agua.
(Un tiempo después)
Ahora sé que cuando deje de esperar al lado del solar nunca nadie sabrá que ahí aguantó durante mucho tiempo el edificio que construí con el sudor de mi frente. Y estará bien. El olvido de hoy, es la liberación de mañana.

martes, 26 de mayo de 2020

La cadena de Gwendal




GWENDAL: Éste es mi último mensaje. Pero no es una despedida. Solo un ojalá volvamos a encontrarnos. Por eso es preciso que escuchéis bien y luego hagáis lo que vuestra conciencia os dicte. La conciencia es la única fe en la que creer en estos tiempos oscuros. Sin embargo, recordad siempre que la luz puede florecer desde lo profundo de la tierra pues no solo el cielo tiene el don de alumbrar nuestros pasos. (SILENCIO.) Llevo en esta isla hipodérmica más de cuatro ciclos neptunianos y es posible que muchos de los que empezaron conmigo estén muertos y solo queden sus memorias almacenadas en sus seguidores o en sus descendientes, pero es importante que les hagáis llegar que aquí he visto algo. Algo que no sé cómo definir. Cómo explicar. Al principio me inquietaba porque se manifestaba de una forma poco frecuente para nosotros. Por ejemplo, hacía irisaciones en mi sombra o estimulaba mi temperatura corporal. Tardé tiempo en darme cuenta de que era su manera de pedirme comunicación. Precisamente este “algo” es el que me ha avisado de que abandone esta estación y procure el regreso. Y es este algo quien me recomienda que os diga lo que estoy a punto de deciros, por si no llego en persona. El viaje es largo, pueden haber cambiado los accesos a los umbrales y los gusanos succionadores aparecen de la nada para distorsionar los mapas y en una de esas es muy fácil perderse para siempre. (PAUSA.) Es importante que prestėis mucha atención aunque no entendáis todo lo que digo. De hecho lo que voy a hacer es una aproximación al mensaje que tengo que legaros. (PAUSA BREVE.) Para todos los disponibles en estos momentos que recibís en directo: debéis poneros en blanco, romper las reglas antiguas y confiar en lo que vuestro interior os designe. Pues es un mensaje que en cada uno de vosotros se manifestará de manera diferente para recorrer así también un camino diferente. (PAUSA BREVE.) Dicen que es la única manera ante la amenaza que se cierne sobre nosotros y que a ellos tanto les importa pues me han dejado claro que somos una cadena. (PAUSA.) Dejarse en blanco para ellos quiere decir abrir el canal de lo sagrado y entregarse sin condiciones. He podido experimentarlo y tras la emulsión de la cuaternitas que somos surgen cánticos que podéis sentir como extraños, embelesadores, solemnes, circunspectos, agrietados e incluso muy inquietantes, pero no os asustéis por nada. Su hilo os protege. Sobretodo no interrumpáis el flujo. Debéis permitir que llegue adónde tiene que llegar. (PAUSA.) Sí, he pasado demasiado tiempo sola, pero no deliro. (PAUSA BREVE.) Cerrad los ojos. (CÁNTICO VIBRADOR QUE SE REPITE COMO UN MANTRA.) Nimsar Sarnim Nimmu Munim (LAS SONDAS DE EMISIÓN TIEMBLAN. IRISACIONES CIRCULARES COMIENZAN A VERSE EN LA PANTALLA CONVIRTIENDO EL ROSTRO DE GWENDAL EN UN SER DISTINTO.) Lo que quiero deciros como despedida es que estamos llegando y estamos unidos en la defensa del todo: recibidnos. Seamos contra la amenaza.

viernes, 1 de mayo de 2020

LA CONFESIÓN




TRABAJADOR: Por mucho que trabajo, nunca es suficiente. Y trabajo mucho.

CURA: Hay mucho que limpiar, hijo.

TRABAJADOR: Me miran mal.

CURA: Estamos todos algo alterados. Es la situación. Tú concéntrate en lo tuyo y deja a los otros.

TRABAJADOR: Sí, sí, yo sigo trabajando como si nada pero noto sus ojos clavados en mi espalda… Pero sigo, sigo…

CURA: Cuéntame tus pecados.

TRABAJADOR: No sé si tengo pecados, padre. (PAUSA.) Tengo miedo en los tuétanos y eso me puede conducir a ser una mala persona. (PAUSA.) Pero me aferro al trabajo. El trabajo por ahora es mi salvación.

CURA: Ya sabes, hijo, que se peca también de pensamiento y palabra, aparte de obra.

TRABAJADOR: Sí, padre, pero yo canto. Y cuando canto no pienso y la palabra de mi canción, es palabra sagrada, padre. (PAUSA.) Solo canto.

(PAUSA.)

CURA: Me llega que eres una buena persona.

(SILENCIO.)

TRABAJADOR: A lo mejor mi pecado es que creo en Dios por desesperación y no por esperanza.

CURA: Los caminos del Señor no hay que juzgarlos.(PAUSA.) Él sabe de nuestro amor por Él y no pide más. (PAUSA.) Si le amas, Él te lo retornará.

TRABAJADOR: Quisiera yo amarlo desde la alegría como alguna vez le rezo a la Virgen María. No sé por qué a Ella sí me sale. (PAUSA.) Lo siento de veras.

CURA: Y dime, aparte del perdón de tus pecados, hoy por qué has venido a verme, Manuel.

TRABAJADOR: Estoy solo en casa y todo me ha conducido aquí.

(PAUSA.)

CURA: Quiero que sepas que yo no tengo miedo. Que si sigues tu conciencia todo estará bien.

TRABAJADOR: Yo no soy como los otros. (PAUSA.) Los comprendo, pero no soy como ellos. A mí me han educado de otro modo.

CURA: Yo tampoco soy como otros que defienden al Señor y promulgan su Palabra.

(SILENCIO.)

TRABAJADOR: Sí, me lo han ordenado, pero no lo voy a hacer. (SILENCIO. Una lágrima le resbala por la mejilla.) No puedo traicionarme a mí mismo.

CURA: Manuel, yo estoy preparado.

TRABAJADOR: Y yo también, padre.

(SILENCIO.)

CURA: Mira, reza cuatro padres nuestros, seis ave marías y haz un credo tras otro hasta que entres en tu casa.

TRABAJADOR: Así lo haré.

CURA: Que Dios esté contigo.

TRABAJADOR: Y con tu espíritu.

(SILENCIO LARGO. OSCURO. FINAL.)


Santa Coloma de Gramenet, viernes 1 de mayo de 2020.

viernes, 28 de febrero de 2020

POR UNA FILOSOFÍA DEL CANTO




GENERAL: Cuando la sangre hiede, los ideales se diluyen.

INTELECTUAL: Conservo intactos los míos.

GENERAL: Hace bien, los va a necesitar.

INTELECTUAL: Los ideales brotan de la condición humana porque van impregnados en los valores más fundamentales. Igual que el bien no dura siempre, el mal genera un cansancio imposible de soportar para ninguna sociedad.

GENERAL: El problema de ustedes los intelectuales es que los domina la mente y la mente es un monstruo que siempre quieres más.

INTELECTUAL: ¿Cuál es su sugerencia? Dejar de pensar, dejar de razonar para buscar la verdad y la justicia. (Pausa.) ¿Eliminarnos, tal vez?

GENERAL: Si bastara con su silencio, por mí sería suficiente, pero siempre hay alguno de ustedes al que se le ocurre hacer hablar al silencio.

INTELECTUAL: Sí, es cierto, en nuestra especie también anidan los ocurrentes, los falsos intelectuales, los que están al servicio del ingenio y no de la inteligencia.

GENERAL: La verdadera inteligencia en cualquier tiempo es la prudencia.

INTELECTUAL: La verdadera inteligencia es la demostración de bondad.

GENERAL: Pero ustedes se pasan la vida interpretando la bondad, interpretándolo todo, y ahí comienza la semilla del mal.

INTELECTUAL: Ah, sí, mi general, en los calificativos.

GENERAL: Existen actos bondadosos, no ideas o discursos bondadosos pues en sus manos acaban siempre al servicio del mejor postor y al final, cuando se aprieta, en el umbral de los límites, no se engañe, querido profesor, todo el mundo vende.

INTELECTUAL: Pero nosotros brotamos como brotan ustedes, somos bienes-males inherentes a la sociedad: nos compensamos. Ustedes actúan y nosotros después analizamos para comprender el origen de esos actos.

GENERAL: Normalmente para condenarlos. Siempre se preocupan de agenciarse la autoridad moral pero el sufrimiento no entiende de moral solo entiende de dolor y debilidad. A veces para parar un incendio hay que provocar otro que lo frene. Y de incendios entienden tanto ustedes como nosotros.

INGELECTUAL: Mi querido general, no le negaré que hay una misión alegórica que cumplen los ejércitos con su mera existencia y es la de mantener el orden pues existe la creencia de que las sociedades tienden al caos si no se las acota, pero siempre es mejor desplazar el campo de batalla a los confines de la razón.

GENERAL: ¿A las letrinas de la razón? (Pausa) Ustedes los intelectuales no entienden que a veces cualquier campo de batalla puede despertar el monstruo en la persona equivocada.

INTELECTUAL: Pero por esa razón más valdría ni pensar, dejar de existir, autoinmolarnos. (Pausa) El monstruo debe ser despertado de vez en cuando para que no se olvide que los monstruos existen lo queramos o no. Basta de defender solo una cara de la moneda. Para el sano equilibrio se necesitan las dos.

GENERAL: Las monedas a veces caen de canto, profesor.

INTELECTUAL: (Risas.) Sí, mi general, sí, las monedas pueden caer de canto.

GENERAL: La filosofía del canto es la que no acostumbran a contemplar ustedes en sus cálculos. Y si la tratan es para complicarlo todo todavía más. (Pausa) En negro sobre blanco no corre la sangre hasta que se cierran los grifos porque la contaminación es insostenible.

INTELECTUAL: Nuestro deber es enseñar a pensar. Un intelectual no puede traicionar su adn.

GENERAL: Un militar tampoco. Por eso allá donde el silencio nos pertenece hay paz. Cuando nosotros hablamos algo no va bien y usted y yo hablamos mucho en los últimos tiempos.

INTELECTUAL: Dialogamos.

GENERAL: Debería usted volver a casa antes de que anochezca.

INTELECTUAL: Hace rato que ha empezado a anochecer.

GENERAL: Pero dentro de poco será noche cerrada y la oscuridad lo ocupará todo, no me gustaría que le pillara en mitad de la calle.

INTELECTUAL: Gracias, mi general, como siempre un placer.

GENERAL: El placer es mío, el trabajo en los últimos días es agotador.

INTELECTUAL: (Se oye una sirena) Lo comprendo.

GENERAL: Por cierto, vaya con cuidado, parece ser que los científicos han encontrado unos nuevos fármacos de la verdad. (Pausa.) Andan buscando voluntarios, quizás estaría bien que se cogiera aquellos días de vacaciones de los que me habló la semana pasada. (Pausa.) Me gusta mucho ‘dialogar’ con usted.

(Silencio.)

INTELECTUAL: Gracias mi general, pero creo que voy a quedarme. (Pausa.) Quizás a veces no solo los intelectuales encontramos la manera de que nuestro silencio hable.

GENERAL: Vaya con cuidado.

INTELECTUAL: (Saliendo.) Descuide, de noche es como mejor pienso.

GENERAL: Adiós.



Santa Coloma de Gramenet, 21 octubre de 2019
Laura Freijo Justo

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Escribir para la hoguera



Para tirar el contenido de todas esas cajas del garaje que han estado ahí por más de ocho años, entro en diálogo conmigo misma:
-¿Las has echado de menos todos estos años?
- No.
- Entonces, no las necesitas: tíralas.
- Antes tengo que abrirlas.
- Vale, pero cuando dudes, tira. Esa es la regla.
Abro las cajas en mitad del comedor y veo las carpetas, los dossiers, los recibos, los poemas, las copias de obras de teatro, las cartas, los manuscritos y las libretas. Lo que más me cuesta son las libretas. Y sin embargo, el otro día rompí más de cien folios escritos a mano de una de las épocas de crisis en dos mil diez. Quizás lo necesario sería una mano inocente. Alguien que me dijera:
- No te preocupes. Quédate leyendo en casa. Esto lo arreglo yo en un periquete.
Y como no las echo de menos ni las echaré de menos porque en verdad no necesito nada del contenido de esas cajas, esa mano inocente prende una gran hoguera y lo tira todo allá dentro, sin miramientos. Luego viene a verme y me dice sonriente:
- Ya está. No queda nada. Descansa y empieza de nuevo.
Lo que más me fascina al abrir las cajas y romper páginas y páginas y páginas es cómo en su momento todo fue tan importante, tan imprescindible, tan esencial, tan vital. A lo mejor estoy madurando. A lo mejor he comprendido que de aquí no me voy a llevar nada, como dice la canción de Ana Belén, me iré desnuda igual que nací.
Quizás en un tiempo, todas las libretas que sigo rellenando, que son mas bien descarga, que no le sirven a nadie más que a mí en mi momento actual, alguien ya envejecido, puede que yo misma, volverá a abrir las cajas de hoy y ya no necesitará de mano inocente sino que con arrojo y desparpajo prenderá la hoguera purificadora y lo lanzará todo a las llamas.
Cuánto tiempo, cuántos días, cuántas noches, cuántos meses, cuántos años en papeles ya rotos.
Escribir para la hoguera. Me parece un buen título. 
Ahora toca seguir. En lugar de hoguera, contenedor de papel.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Abrir cajas, romper papeles, tirar cosas




Soltar espacios te obliga a deshacerte de recuerdos. Entonces no queda más remedio que abordar las cajas que tienes embaladas en el garaje, abrirlas, romper libretas y papeles de hace tanto tiempo y tirar cosas sin miramientos porque ya no caben en tu vida presente y porque ya no son tan importantes. Nunca lo fueron, pero lo parecían.
Aun así miras, lees, compruebas, subes algunas cosas al piso que luego metes en bolsas para la basura y recuperas frases, versos sueltos, deseos apagados, inocencias lejanas y las notas de tantos días de trabajo en la oficina o en la redacción. Eso fue vida, te dices. Pasan delante tuyo épocas enteras que no fueron mejores pero sí más jóvenes. Regresan personajes de libros que en su momento marcaron tanto: Águeda, Rosario 'la profesora de las gafitas', los rizofitas y esas descripciones de lecturas que nunca olvidarás porque no son simples lecturas sino que es vida pegada a la vida que trae a veces eso que Cristina Peri Rossi llama sobrevida con tanto acierto. Y me enamoró la inteligencia que despedía aquella fugaz sonrisa de Rosario, casi imperceptible, piadosa y divertida, propia de quien, sin dejar de pensar en lo suyo, no pierde detalle, al mismo tiempo, de lo que está pasando alrededor. Carmen Martín Gaite. Lo raro es vivir.
Te hace gracia recuperar no solo los amores correspondidos o las copias de los poemarios dedicados a los imposibles, sino las oportunidades extrañas que dejaste escapar; como aquella nota que una mañana te encontraste en el parabrisas de tu coche: TE CONOZCO. ME GUSTAS, MI NOMBRE TERMINA CON “A”. Te espero esta noche en “La Pantera”. Después de... te invito al café y al periódico. Como no tuviste el valor de acudir a la cita a ciegas, nunca sabrás quién es ese nombre acabado en “A” que ahora resurge casi treinta años después de dentro de una caja.
En estos tiempos de desprendimientos, asunciones y aceptación plena del día a día venga como venga, le das vueltas a personas que ya no están y que significaron tanto. Piensas qué habrá sido de ellas; a alguna la echas tanto de menos que tienes tentaciones de buscarla. Luego encuentras copias de cartas que enviaste y te acuerdas vagamente de quien fuiste. Bendita ingenuidad, irregular gramática, narrativa del sobrevivir, romper cartas, dejar ir memoria, recuperar querencias.
Y aunque no hay nostalgia, todavía quedan un puñado de libretas y todos los diarios. Quién sabe si en una hoguera de San Juan se entregarán a la luz eterna que procura cenizas. Es pronto para pensar en eso. De momento, el invierno toca a la puerta y requiere atención para nuevos versos, nuevas composiciones y para las personas que con su ahora cubren las necesidades de cariño y afecto que toda vida precisa para abrir la ventana, asomar la cabeza y salir a la calle a caminar airosa.


martes, 5 de noviembre de 2019

De todo hace tanto tiempo ya



De todo hace mucho tiempo ya. Y además empieza a no importar. Como si el peso de los sueños no cumplidos fuera solo una bruma que despejo sin contemplaciones cada mañana al despertar y ponerme el café con leche. 
Ya no me enamoro de una mirada ni escribo en las cafeterías versos románticos. Los sábados y los domingos ya no compro el periódico ni busco a mis articulistas preferidos para ver qué nuevas ideas se les han ocurrido en sus habitaciones propias. 
Sí, de todo hace mucho tiempo ya y hoy me lo confirman mis ganas de romper papeles viejos. Me tropiezo con dos ejemplares de Babelia que guardaba en una de las cajas del garaje que ahora hay que vaciar. Cortázar inédito y Mayo del 68 son las portadas. Cortázar ya estaba muerto y de Mayo del 68 solo quedaba el mito que ahora muchos y muchas luchan por recuperar en las calles de otras ciudades, en otro tiempo, con otras aspiraciones, con igual juventud.
Confieso que nunca quise hacer la revolución. Cualquier palabra que convoque a la sangre me marea. Mi única aspiración fue la literatura, la fama y los poemas eternos que un día iban a sobrevivirme. Unos poemas que eran carne de mi carne y error de mi error. Experiencia hecha verso. Del cual al peor pero tan vividos, tan vívidos, tan míos...
Aquella juventud en la que soñé con ser artista y vivía la vida con tanta ceguera, porque solo la ceguera generaba las dosis de intensidad necesarias para sentirse protagonista de la vida. 
Hubo varias juventudes y no todas iguales, pero todas tuvieron el mismo denominador común: ya vendrían los tiempos en que los sueños se harían realidad. Esos tiempos han pasado y con ellos se han instalado nuevos poemas, nuevas obras y la realidad del día a día que es entender que madurar es divisar el horizonte de la tercera y última etapa y decir sí, hacia ti voy, dame serenidad y te daré mis pasos, es la única verdad que se erige en medio de los restos de la travesía.
Hace un rato rompiendo papeles con pensapoamientos de todos mis tiempos, direcciones y teléfonos de tertulias políticas del pasado con partidos desaparecidos o fagocitados por los tiempos modernos, cuentos que no acabé jamás y una novela mal escrita de cuyo título no quiero acordarme, me daba cuenta de que me da igual si todo comienza mañana, que esto es corto, muy corto y que quizás tanto esfuerzo y tanta poética solo sirvieron para pasar el rato. Y sin embargo, viví, sentí, me reí y quizás vuelva a hacerlo pero ya será desde la consciencia que da el saber del valor del tiempo.
De todo hace tanto tiempo ya que no solo soy otra sino que no me acuerdo demasiado bien de quién era aquella chica joven que leía cuentos y creía en el futuro como un territorio paradisíaco en el que el destino vertería su elixir.
Qué ternura, por Dios.