lunes 9 de noviembre de 2009

Hacer reír


Hacer reír. Escribir comedia. Dar réplicas no sólo ingeniosas sino que sustraigan esa cosa tan importante que es la risa. Si no tenemos risa, estamos muertos, todo cae, los párpados, las pestañas, las bolsas de los ojos se acentúan, aquella comisura comienza a marcarse peligrosamente, las patas de gallo no hallan respiro, los michelines insisten en crecer y crecer, los pies se ponen planos… Todo se descuarinja. Hay que reír más. Pero qué triste es escribir una comedia y que nadie se ría. Incluso que algún atrevido se distraiga con suspiros mientras mira de soslayo el reloj porque el tiempo no pasa, el argumento no convence y los gags se precipitan al olvido más horrible.
A mí me han llamado loca con cariño, mira que eres tonta con ternura, qué payasa eres con no menos dulzura, porque en la vida real doy buenas réplicas y digo cosas tan tontas que de megatontas la gente se ríe. Pero metapasar eso a la ficción no siempre es cosa fácil. Hay gente que tiene gracia en la vida real y que luego delante de un micro o una cámara cae en picado cual cuello de avestruz buscando un agujero.
Entro en la recta final y todas las dudas se agolpan en mis sienes. Creo que he escrito algo gracioso, pero a veces me sobreviene una hiper-realidad que hace que me pregunte: ¿realmente esto que voy a decir tiene gracia? ¿O sólo me río yo? De todos modos, me convenzo de que si al menos me río yo, de que si al menos nosotras nos lo pasamos bien, el público tendrá una media sonrisa en la cara aunque no ría a carcajadas, que es lo que me gustaría y lo más difícil, claro.
Así que seguimos para dentadura blanca con labios abiertos. Porque no hay cosa más hermosa que la risa de una persona contenta.
Ahí vamos.

martes 3 de noviembre de 2009

Mavis Gallant, escritora


‘El miedo de haber heredado un legado defectuoso, una vocación sin talento que la sostuviera, me persiguió desde muy joven’ dice Mavis Gallant en el prólogo de ‘Los cuentos’, editorial Lumen. Es un miedo que comparto. No sé si por herencia o precaución, verdad o humildad.
¿Qué nos impulsa a metabolizar en literatura la vida pudiendo vivirla tal cual como espectadora? ¿Intervenir la realidad desde el margen de la carretera para hacerla arcén paralelo es algo sano? Porque la escritura llega un punto en que se convierte en una especie de obsesión en sordina. Una escribe mientras pasea, mientras lava los platos, mientras se deja embobar por una sonrisa única. Una escribe en los sitios más impensables, con o sin papel.
Mavis Gallant era una de las afortunadas -según explica ella misma, no sin ironía- que trabajaba en un periódico de Montreal ‘quitándole el puesto a un hombre’ y cobrando la mitad. Pero eso sí, eludiendo los eternos temas blandengues que el director destinaba a las damas, siempre inferiores para tratar aquello que de verdad importa. Y un día decide arriesgar y dejarlo todo para viajar a París y convertirse en la escritora que es.
El libro ‘Los cuentos’ es uno de esos tochos maravillosos que reúnen una vida dedicada a la literatura. La Sra Gallant, que ha contado como opción en las quinielas de los Premios Nobel según se cita en el texto de la tapa, recomienda que los relatos se lean salteados porque no son capítulos de una novela. Siguiendo su consejo he elegido uno al azar titulado ‘Cuando éramos casi jóvenes’ donde casualmente habla del Madrid de la posguerra y de la falta de esperanza de una generación que sueña con comida, que siempre habla de dinero y que espera cosas que nunca llegan. La diferencia entre la protagonista y Pilar, Carlos y Pablo es que un día le llega mucho dinero y los demás saben que tiene un futuro que la espera, no como ellos, atrapados en una sociedad donde los jóvenes son una especie de ultracuerpos sin esperanza.
Seguiremos leyendo.

viernes 30 de octubre de 2009

Welcome to Novembre Vaca


Escribir teatro, con los años, se ha convertido en una carrera sin meta. Igual que escribir pensapoamientos. Poder ver cómo los personajes se hacen carne y hueso en un escenario, ya sea a través de un montaje o a través de una lectura dramatizada, me produce un placer inenarrable. Como dotar de sentido real todo lo imaginado. Lo solitario compartido. Aunque no siempre las interpretaciones que se hacen de lo que una escribe se adecuan a lo que una imagina, pero aún así, hay generosidad en el acto de dedicar muchas horas a buscar la lógica de la historia, la carne de los personajes, sobretodo cuando se hace desde la justeza de medios que no de ideas.
Ahora comienza, un año más, el Novembre Vaca (www.projectevaca.com) y las compañeras mugen y rumian sus proyectos. Nos abrimos al público desde las limitaciones del presupuesto y la generosidad de nuestra creatividad. Algunas compañeras han tenido a veces la sensación de amateurismo, pero yo siempre he pensado que la enfermedad se cura con descanso, tiempo largo de dedicación y mejores presupuestos. El talento no siempre es suficiente para comprar el beneplácito del público, a veces ni siquiera de una misma.
Los espacios que este año nos acogen son: Espai Bonnemaison, Llibreria Pròleg, Obrador de la Sala Beckett, SGAE y Fabra i Coats. Hay muchas propuestas donde escoger. Destacaré algunas al azar. ‘Memòries’ que es una creación colectiva de Projecte Vaca bajo la supervisión de Cristina Castrillo, una artista argentina afincada en Suiza de reconocido prestigio internacional (ha actuado hasta en el Irán de los Ayatolás), los domingos 8 y 15 de noviembre en el Obrador de la Sala Beckett (Alegre de Dalt, 55, 2n pis). Las dos lecturas dramatizadas que se realizan en el SGAE (Pss Colom, 6): ‘Contaminació’ de Josefa Contijoch dirigida por Imma Colomer (9 de noviembre a las 19:00h) y ‘¿Te enrollarías con Woody Allen?’ de Laura Freijo (16 noviembre a las 19:00h), entrada gratuita. Y como últimas propuestas una de danza y otra multidisciplinar. ‘DelirARTE’ de Chechu García con dramaturgia y dirección de Eva Hibernia (6 de noviembre) y ‘L’amor no fa mal’ de Susana Barranco (27 y 28 noviembre), ambas en ‘La Cuina’ de la Bonnemaison (Sant Pere més baix, 7).
Como ser escritor, crear, va más allá de los resultados, lo importante es el viaje. Las vacas siempre han hablado de investigación como motor, yo como vaca siempre he reivindicado la diversión. Investigar divirtiéndose, si eso se consigue ya es una gran cosa.
Desde aquí os invitamos a que os paseis a ver algunas de nuestras propuestas y nos ofrezcáis vuestra opinión.
Welcome to ‘Noviembre Vaca’.

domingo 25 de octubre de 2009

La mujer invisible


En el debate de los presupuestos, una mujer elegante, inteligente, prudente como buena gallega, presentó números, propuestas económicas, contención del déficit (que nunca sabido muy bien cómo influye en la sociedad, pero suena raro y yo las cosas raras las respeto), aumento del IVA y más impuestos para el ciudadano medio (que siempre acaba pagando la vajilla que rompen los que juegan al tiro al plato) y alguna cosa más que seguro era muy importante pero que yo, limitada de memoria retentiva económica, se lo dejo a ustedes para que busquen en las hemerotecas. Esa señora, Elena Salgado, que ha llevado con pulso firme y discreto los ministerios de Salud y Administraciones Públicas, hubiera seguido siendo discreta y eficaz si alguien no hubiera hecho notar que, efectivamente, era, una vez más, una mujer invisible. ¡Póngame con su superior, por favor -dijo el jefe de la oposición- que es el verdadero responsable de todo este disparate que nos lleva a la ruina como pueblo, como país, como equilibrio numérico!. A mí, cuando lo vi por la tele, me dio la sensación que trataba a la Sra Salgado de secretaria de dirección. Y ahí estaba la platea popular para jalear la ocurrencia de un señor que ha puesto a dos señoras en primera línia y que, en honor a la verdad, tienen intervenciones brillantes en ocasiones. Soy una fan de las réplicas-contrarreplicas de algunos viernes entre la gran De la Vega y la no menos grande Soraya Sáenz de Santamaría que muchas veces la pone contra las cuerdas.
Sin embargo, este ninguneo ordinario y febril de Mariano Rajoy hacia la persona que presenta las cuentas como es su obligación como vicepresidenta segunda económica, me parece una falta de educación o de respeto que ni la propia Elena Salgado podía imaginar que sucedería. Ella misma ha admitido que estaba preparada para un debate de ideas, de fondo, de responsabilidad y de contenidos pero no para el debate de vacíos y desmanes que ofreció el jefe de la oposición.
No digo yo que este ninguneo sea machista, no, es peor, porque el insulto nombra, el olvido entierra. Y me parece feo que algunos miembros socialistas hayan confesado ‘off de record’ que debieron apoyarla más con pataleos y aplausos en sus réplicas. ¿Qué pasa? ¿Que el congreso de los diputados es un circo donde el león se come a la gacela y nadie hace nada por evitarlo? Circo o zoológico, aunque de lógico tenga poco.
A mí, que sigo sin saber nada de política, a simple vista, lo que hizo Míster Rajoy con Mss Salgado me parece un atropello metafórico de los que dejan en silla de ruedas. Tal vez Elena Salgado hacía bien al prohibir el vino cuando era ministra de Sanidad, porque aunque está muy bueno, provoca blancos en la visión que luego hacen que no se vea a la persona con la que se habla. O puede que Mariano necesite una urgente revisión de la graduación. Habrá que preguntarle qué le pasó porque no parece un hombre estúpido o borde.

martes 20 de octubre de 2009

El futuro


El futuro, si seguimos las indicaciones del tópico, es incierto. Pero más incierto si cabe con la meteorología loca que nos toca vivir en este planeta que, según apuntan los expertos, tiene fecha de caducidad próxima. Algunos dicen que viviremos para verlo. O sea que el futuro de la tierra no es incierto, sino cierto y finito. ¿Qué ocurrirá en el paréntesis entre ahora y la fecha en que se acabe? A nivel personal, la biografía de las personas se irá llenando de acontecimientos con tendencia a la privacidad y a nivel mundial la hambruna crecerá, las guerras se harán más necesarias que nunca ante las crisis de valores y las económicas que asolarán a eso que todavía hoy se llama primer mundo y al final, los chinos, serán los únicos vencedores porque tienen más paciencia que el resto de humanos. Porque saben que el futuro es suyo.
Leo en estos días de creatividad, reescritura y ensayos, ‘La carretera’ de Cormac McCarthy. Una obra apocalíptica que dibuja un panorama plagado de cenizas y restos de la civilización que fuimos. Un padre y un hijo caminan, avanzan, pero no se sabe muy bien hacia dónde. Por las noches el frío hiela y el niño sueña que ve a otro niño, tal vez lo ve, pero el padre se lo niega. Lo único que cuenta es la supervivencia. Como siempre. La amenaza se cierne sobre ellos. La carretera parece infinita y no se sabe muy bien hacia dónde lleva. El estilo es fragmentario, cortante, hiriente. Preciso. Como la cuchilla que afilada rasura el paisaje de escalofríos. Pronto la película con mi adorado Vigo Mortensen. El héroe. Porque si hay alguien que puede salvar la inocencia de un niño ese es Vigo. Creo que es un digno aspirante a sustituir a Bruce en su batalla eterna por salvar el mundo.
El futuro, no sé si incierto, aletea desde la esperanza infundada de que mañana estaremos mejor que hoy. Mientras, entretengámonos con lo minúsculo, demos vuelo a lo efímero ya que en ello se halla la perfección de la imperfección y cantemos en voz alta, por si hay alguien que quiere cantar con nosotras.
El futuro espera.

viernes 16 de octubre de 2009

¿Ordenó usted el código rojo?


Gürtel, qué nombre tan raro para una trama política. Hasta el cese de Costa, Ricardo Costa, secretario general del PPPV i portavoz en el parlament, no me había interesado. Era como oír voces en otro idioma y hacerse la sueca. Luego escuché Millet y eso me sonó más cercano, un poco en el tímpano de la oreja, por lo que empecé a interesarme ante esos casos de corrupción que nublan mi visión bambi del mundo. Visión cabritilla blanca de Heidi que más que idiotez es una manera de resistencia contra un mundo que se propone hostil para cualquiera que quiera seguir pasando inadvertido y limpio.
Cuántas veces me enorgullecí delante de mis amigas mejicanas al hablar de un país, y me refiero a Catalunya, y me refiero a España, en el que aunque quieras no puedes comprar un examen de selectividad, por ejemplo. Y ahora mi fe palidece ante los focos del virus que denuncian otros focos virulentos. Puede que el nivel de corrupción no sea tan loco y profundo como lo es en México donde la mordida puede aplicarse a todo. Y no estoy en contra de los regalos a políticos, sólo faltaría que porque te dediques a la política no te pudieran regalar algo, pero lo malo es el regalo con retribuciones, a cambio de esto yo te encargo los fastos de las fallas para que luego ardamos todos.
Y ciertamente, arde Troya. Sale Rajoy a defender de nuevo a Camps como candidato futuro sobre el que no tiene ninguna duda de su honorabilidad y resulta que las palabras de Costa apuntan directamente a su superior, el president de la Generalitat Valenciana. ‘Yo nunca he faltado a las directrices del partido’, dijo el ya moribundo Costa. Y eso es fácil de entender, era el número dos, la mano derecha de Camps, el que ejecutava sus órdenes y ponía a todo el mundo firme en el partido. Y Camps estuvo intentando salvarlo de la quema final hasta el último minuto, hasta que Génova, ese ente que en realidad dirige al PP, decapitó sin pestañear a su lugarteniente.
No entiendo mucho de política, pero viendo el cadáver político de Costa, hermano de un ex ministro de Aznar, convencido de que él no ha hecho nada malo porque siempre ha seguido las instrucciones que se le han dado, una se acuerda de aquella película ‘Algunos hombres buenos’ en que los dos marines están acusados de homicidio por cumplir un código rojo, es decir, órdenes de sus superiores. Y si Jack Nicholson cae ante la provocación de Tom Cruise, ¿ordenó usted el código rojo? ¡¡¡¡Sí, ordené yo el codigo rojo!!! ¿Por qué no provocar a Camps? Todo el mundo sabe que ordenó el código rojo.

miércoles 14 de octubre de 2009

¿Acaso sirve para algo?


Una vez escrito lo escrito todo parece definitivo y nada más lejos de la realidad porque todo se puede borrar, cambiar, moldear, tunear. Lo malo es el miedo a volver a tenerlo todo en blanco, a desestructurarlo, a que si se cambia pierda el sentido. No es lo mismo escribir sobre texto que sobre blanco, eso también es verdad. Escribir sobre texto es hacerlo sobre una vida inútil, escribir sobre blanco es crear esa vida inútil. ¿De dónde viene esa necesidad de metabolizar la vida en un papel? ¿Por qué no vivir las cosas tal como vienen sin mediatizarlas? ¿Será que a veces la vida nos parece desangelada y tratamos de explicarla? ¿O tal vez nos parece tan buena que ansiamos retenerla? ¿Se escribe desde la vida, desde la muerte o desde el limbo de lo que no existe? Tal vez me he pasado con eso de la vida inútil. En realidad es muy útil porque nos ayuda a comprender lo que nos pasa, porque nos entretiene, nos inspira y hasta nos abofetea si es necesario. Y a veces parece tan real que se escribe sobre lo que se lee y una se vuelve loca, como nuestro moderno Don Quijote. Primero ese rechazo de la vida mediatizada, después esa huída hacia la vida real para volver luego cuerdo y sereno a morir en una cama cercana a donde se quemaron tantos y tantos libros.
Los mundos que no existen provocan locuras. El escritor omnipotente que todo lo sabe genera un monstruo de siete cabezas, una para cada plano de la realidad, dependiendo de la naturaleza de lo escrito. Y luego el escritor mediocre que sabe que lo es y que navega a la deriva entre su deseo de seguir construyendo frases sin sentido, sin vida, sin tuétano, y la renuncia. Pero, ¿cómo renunciar al mundo visto desde otro mundo? No se puede, una se engancha a vivir a través de la palabra y ya nada es igual. Es una adicción igual que cualquier otra, una droga igual que cualquier otra, sólo que esta te provoca fantasías. Eres como ese buscador de oro que baja cada día al río a buscar las pepitas que lo habrán de sacar de la pobreza. Nunca encuentra pero eso no quiere decir que vaya a cejar en su empeño de seguir buscando. Algo dentro de sí mismo le dice que un día no sólo el sol brillará.
Y de fondo la misma pregunta de siempre: ¿acaso sirve para algo todo esto? Por más que nos respondamos nunca llegaremos a una respuesta satisfactoria. No existe. Existen textos que lo explican pero no existe la satisfacción que nos consuele en nuestra soledad.