THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

domingo, 10 de noviembre de 2019

Abrir cajas, romper papeles, tirar cosas




Soltar espacios te obliga a deshacerte de recuerdos. Entonces no queda más remedio que abordar las cajas que tienes embaladas en el garaje, abrirlas, romper libretas y papeles de hace tanto tiempo y tirar cosas sin miramientos porque ya no caben en tu vida presente y porque ya no son tan importantes. Nunca lo fueron, pero lo parecían.
Aun así miras, lees, compruebas, subes algunas cosas al piso que luego metes en bolsas para la basura y recuperas frases, versos sueltos, deseos apagados, inocencias lejanas y las notas de tantos días de trabajo en la oficina o en la redacción. Eso fue vida, te dices. Pasan delante tuyo épocas enteras que no fueron mejores pero sí más jóvenes. Regresan personajes de libros que en su momento marcaron tanto: Águeda, Rosario 'la profesora de las gafitas', los rizofitas y esas descripciones de lecturas que nunca olvidarás porque no son simples lecturas sino que es vida pegada a la vida que trae a veces eso que Cristina Peri Rossi llama sobrevida con tanto acierto. Y me enamoró la inteligencia que despedía aquella fugaz sonrisa de Rosario, casi imperceptible, piadosa y divertida, propia de quien, sin dejar de pensar en lo suyo, no pierde detalle, al mismo tiempo, de lo que está pasando alrededor. Carmen Martín Gaite. Lo raro es vivir.
Te hace gracia recuperar no solo los amores correspondidos o las copias de los poemarios dedicados a los imposibles, sino las oportunidades extrañas que dejaste escapar; como aquella nota que una mañana te encontraste en el parabrisas de tu coche: TE CONOZCO. ME GUSTAS, MI NOMBRE TERMINA CON “A”. Te espero esta noche en “La Pantera”. Después de... te invito al café y al periódico. Como no tuviste el valor de acudir a la cita a ciegas, nunca sabrás quién es ese nombre acabado en “A” que ahora resurge casi treinta años después de dentro de una caja.
En estos tiempos de desprendimientos, asunciones y aceptación plena del día a día venga como venga, le das vueltas a personas que ya no están y que significaron tanto. Piensas qué habrá sido de ellas; a alguna la echas tanto de menos que tienes tentaciones de buscarla. Luego encuentras copias de cartas que enviaste y te acuerdas vagamente de quien fuiste. Bendita ingenuidad, irregular gramática, narrativa del sobrevivir, romper cartas, dejar ir memoria, recuperar querencias.
Y aunque no hay nostalgia, todavía quedan un puñado de libretas y todos los diarios. Quién sabe si en una hoguera de San Juan se entregarán a la luz eterna que procura cenizas. Es pronto para pensar en eso. De momento, el invierno toca a la puerta y requiere atención para nuevos versos, nuevas composiciones y para las personas que con su ahora cubren las necesidades de cariño y afecto que toda vida precisa para abrir la ventana, asomar la cabeza y salir a la calle a caminar airosa.


martes, 5 de noviembre de 2019

De todo hace tanto tiempo ya



De todo hace mucho tiempo ya. Y además empieza a no importar. Como si el peso de los sueños no cumplidos fuera solo una bruma que despejo sin contemplaciones cada mañana al despertar y ponerme el café con leche. 
Ya no me enamoro de una mirada ni escribo en las cafeterías versos románticos. Los sábados y los domingos ya no compro el periódico ni busco a mis articulistas preferidos para ver qué nuevas ideas se les han ocurrido en sus habitaciones propias. 
Sí, de todo hace mucho tiempo ya y hoy me lo confirman mis ganas de romper papeles viejos. Me tropiezo con dos ejemplares de Babelia que guardaba en una de las cajas del garaje que ahora hay que vaciar. Cortázar inédito y Mayo del 68 son las portadas. Cortázar ya estaba muerto y de Mayo del 68 solo quedaba el mito que ahora muchos y muchas luchan por recuperar en las calles de otras ciudades, en otro tiempo, con otras aspiraciones, con igual juventud.
Confieso que nunca quise hacer la revolución. Cualquier palabra que convoque a la sangre me marea. Mi única aspiración fue la literatura, la fama y los poemas eternos que un día iban a sobrevivirme. Unos poemas que eran carne de mi carne y error de mi error. Experiencia hecha verso. Del cual al peor pero tan vividos, tan vívidos, tan míos...
Aquella juventud en la que soñé con ser artista y vivía la vida con tanta ceguera, porque solo la ceguera generaba las dosis de intensidad necesarias para sentirse protagonista de la vida. 
Hubo varias juventudes y no todas iguales, pero todas tuvieron el mismo denominador común: ya vendrían los tiempos en que los sueños se harían realidad. Esos tiempos han pasado y con ellos se han instalado nuevos poemas, nuevas obras y la realidad del día a día que es entender que madurar es divisar el horizonte de la tercera y última etapa y decir sí, hacia ti voy, dame serenidad y te daré mis pasos, es la única verdad que se erige en medio de los restos de la travesía.
Hace un rato rompiendo papeles con pensapoamientos de todos mis tiempos, direcciones y teléfonos de tertulias políticas del pasado con partidos desaparecidos o fagocitados por los tiempos modernos, cuentos que no acabé jamás y una novela mal escrita de cuyo título no quiero acordarme, me daba cuenta de que me da igual si todo comienza mañana, que esto es corto, muy corto y que quizás tanto esfuerzo y tanta poética solo sirvieron para pasar el rato. Y sin embargo, viví, sentí, me reí y quizás vuelva a hacerlo pero ya será desde la consciencia que da el saber del valor del tiempo.
De todo hace tanto tiempo ya que no solo soy otra sino que no me acuerdo demasiado bien de quién era aquella chica joven que leía cuentos y creía en el futuro como un territorio paradisíaco en el que el destino vertería su elixir.
Qué ternura, por Dios.

jueves, 28 de marzo de 2019

¿Artivismo performántico?




Conocí a Violeta Luna en el Festival A Solas. The Magdalena Project celebrado en los Teatros del Canal de Madrid en septiembre de 2013. El viaje lo hicimos juntas Carolina (Torres Topaga) y una servidora en representación de Projecte VACA y de nuestros propios solos. Aún recuerdo la felicidad y el entusiasmo de la llamada de Carolina el día que me comunicó que nos habían invitado.

- ¿Dónde te has metido? Llevo todo el día buscándote -cierto, tenía varias llamadas suyas perdidas. ¡Nos vamos al A Solas de Madrid! ¡Han dicho sí a nuestras dos propuestas!
- ¡Genial! -y nos reímos y lo celebramos.

Carolina representó con talento y generosidad 'Mi Parce', de Patricia Ariza, en la Sala Verde y por mi parte ofrecí un fragmento de unos quince minutos de 'Soy lo que estás buscando', en un pequeño escenario situado el Hall de la misma Sala Verde. Tuvimos suerte, porque actuamos un martes y el resto de la semana nos dedicamos a disfrutar de las compañeras, los talleres y las otras propuestas.
Toda una experiencia maravillosa, importante, emocionante, conmovedora y catártica, coincidir con tantas artistas y creadoras de diferentes partes del mundo y de España. Intercambiamos creaciones, inquietudes, conversaciones, desayunos, pensamientos, sensaciones, escritos, cielos y luces de la ciudad y otras variantes de esa cosa llamada esperanza, cuya fuente no sabemos exactamente donde se halla pero que cuando mana es un elixir que pronto se expande llenándolo todo de camino. Me atrevo a afirmar que vaciamos y llenamos el depósito de la creatividad de manera inagotable.
Así que asistir ayer tarde al diálogo 'El cos en acció' ('El cuerpo en acción') entre Violeta Luna (México-EEUU) y Carolina Torres Topaga (Colombia-Barcelona), reencontrarme con ambas y escucharlas, fue algo muy hermoso que quisera compartir en estos pedacitos de diálogo que fui anotando mientras hablaban, moderadas por el periodista Pere Ortín que muy atinadamente, las dejó fluir a través de algunos hilos que les fue lanzando.



Violeta Luna.- Todo es político. Antes de ser artista soy ciudadana. No puedo separar mi proceso creativo de mi vivir. El cuerpo es el sitio de creación. Es muy difícil separar.

Carolina Torres.- Yo lo llamo 'Creacción'. Una reacción a algo que está sucediendo. Cuando conocí a Violeta estaba pasando lo de las semillas en Colombia. Ahí hice ‘La papa criolla’.

Violeta Luna.- Me formé con el teatro invisible de Boal. Vengo de la necesidad de que haya otro tipo de compromiso del actor. La obra performántica una no la crea a partir de un libreto, el libreto se hace en las comunidades que vive. Los lenguajes ahí no pueden ser fijos, nos obligan a que sean híbridos, contaminados. Tocamos temas sociales y sigue siendo arte.

Carolina Torres.- Hay una realidad. Entra el testimonio, dejamos atrás la ficción pero se generan nuevos lenguajes.


(***)

Carolina Torres.- La dirección me da un campo de visualización distinto. Cuando el acto performántico es mayoritario se convierte en un acto psicomágico.

Violeta Luna.- ¿Cómo democratizamos las jerarquías habituales del teatro? La interactividad es un motor para saber qué es lo que está pasando. Todo está mezclado. Hablaría más de facilitadora que de directora.
(***)

Violeta Luna.- Nosotrxs lxs mexicanxs somos gente de maíz. Tenemos 300 tipos de maíz distintos y sin embargo cada día mas consumimos maíz de origen dudoso.

Carolina Torres.- Que haya ganado Duque (Iván Duque Márquez, presidente de Colombia) casi me parece mejor porque el país está muy mal y si hubiera ganado la izquierda y no lo levanta, le hubieran echado la culpa.

Violeta Luna.- La política la pongo en el cuerpo. Me quedo un poco con la esperanza de los movimientos que están surgiendo como respuesta a la oleada ultraconservadora, como Carolina. Mientras haya redes, espacios de comunidad, resistiremos.

Carolina Torres.- “Yo me pongo en los zapatos” de los lideres y lideresas asesinados fue una performance colectiva del movimiento 'Pasa la Calle Barcelona' importante frente a lo que está sucediendo en Colombia. Siento que al hacerla se produjo un acto psicomágico. Había un lema ‘El pueblo no se rinde, carajo’. Cada uno y cada una que caían cuando se cantaba su número, un número que representaba a un líder o una lideresa muerta, experimentaba una emoción muy fuerte. Algunos lloraban. Y los 144 que llegaron a caer, se levantaron.

Violeta Luna.- Uso la violencia como un mecanismo de provocación y resistencia. Pero el artista tiene la responsabilidad de decidir. Por ejemplo, utilizar la dramaturgia del cuerpo en la India, no lo hice porque si no lo esencial se pierde.

(***)

Violeta Luna.- Considero que el performance se ha domesticado. Ahora hasta te dan becas.

Carolina Torres.- En 'La Papa Criolla' todos se quedan pensando qué está pasando en el ámbito político. Cuando hicimos una acción en apoyo de los estudiantes en Colombia desde acá, en Barcelona, al principio éramos 5 y la idea era hacer el mapa de Colombia. Dudaron si lo podríamos hacer. Terminamos el mapa de 10 metros frente a la Catedral en hora y media. Pintamos ese territorio y entramos sin zapatos. ¿Cómo debemos cuidar el territorio entre todos? Cada cuál genera su propio pensamiento, su propia acción.

Violeta Luna.- En la gente que viene a ver mis performances, sí me gusta provocar algo. Creo que son esfuerzos que una los hace hasta en la vida misma. Es un trabajo que viene hilado por conversaciones, experiencias, investigaciones. Pero no quiero controlar con lo que se quedan, se quedan con una imagen, con un olor... Trabajo mucho con la intuición, con el inconsciente aunque no con los sueños. El estar trabajando con mujeres que están caminando para buscar a sus hijos genera ya sus propias imágenes.

Carolina Torres.- Para mí primero es una reacción hacia algo. Estamos permeados por todo.

Violeta Luna.- El arte también es una herramienta de reparación, de sanación. No podemos dejar de pensarnos como mujeres, nuestros cuerpos han sido muy violentados.

Carolina Torres.- Con mis amigas nació el grupo “Las Comandantas Clitorianas” con el objetivo de ir a la manifestación del 8 de marzo. Fue genial porque nos empezamos a posicionar y hacíamos más mascaritas por si nos encontrábamos a otras. Quería rescatar ese instante en que solo estás reaccionando.

Violeta Luna.- Lo potente del performance es que no necesitas un espacio sino que puedes ocupar cualquiera. A veces tiendo a ser un poco solemne en mis trabajos pero lo lúdico también está muy bien, como apunta Carolina.

Carolina Torres.- Para mí los límites los encontré, por ejemplo, en una puesta en escena de terrorismo performántico de un festival al que me invitaron, porque no alcanzo a comprender que alguien se llegue a intervenir con ese nivel de violencia el cuerpo. Vengo de un país donde la violencia no es una elección.

Violeta Luna.- Soy muy consciente de las intervenciones que hago en mi cuerpo. Recuerdo cuando hice una performance con agujas de acupuntura que sostenían las banderas de los países en coalición que apoyaron la guerra de Irak. Hubo un momento en que pasada una hora se hizo difícil sostener aquello. También quedan restos de mi performance de este domingo en los brazos. Es importante conocer los propios límites. 

(***)

Violeta Luna.- Lo simbólico y la poesía también ayudan mucho. En mi trabajo la imagen me preocupa, es importante.

Carolina Torres.- Sí, en mi trabajo también.

Por supuesto, el final del diálogo fue un intercambio de preguntas y pareceres entre las dos artistas y el público asistente a Casa América. Al acabar, les di un abrazo y las felicité. 
Desde aquí una humilde recomendación, si tenéis ocasión de hacer algún taller con cualquiera de las dos o de verlas realizar sus performances o incluso de cocrear con ellas alguno de sus actos o propuestas, no lo dudéis, implicaos, será una importante experiencia. 
Quizás en el Arte no esté la salvación del mundo, pero sigo creyendo que es uno de los caminos que alienta la paz. Tanto la interior como la exterior.




Santa Coloma de Gramenet, jueves 28 de marzo de 2019
(*) Imágenes de Gertrudis Losada Alva.

sábado, 23 de marzo de 2019

Once razones para ir a ver ACCIONS DE RESISTÈNCIA, un espectáculo de Susanna Barranco con textos de Marta Galán



1.- Porque es un montaje sincero y directo que habla de tú a tú al público concediéndole el derecho a coelaborarlo y, lo más importante, a discrepar o no de su discurso.


2.- Porque detrás de su creación se percibe una preocupación y un compromiso con la sociedad actual desde la voluntad de querer contribuir a un cambio real.


3.- Porque la propuesta escénica entronca con las formas actuales de comunicación y transmisión entre las personas.



4.- Porque el recorrido que propone implica valores en los que sus creadoras creen.


5.- Porque sus creadoras se atreven a poner foco en aquellos agujeros del sistema que consideran negros y te invitan también a que tú propongas camino o soluciones o algo.


6.- Porque el discurso intelectual y el transcurso de la acción escénica nace del ser femenino de poder.


7.- Porque es deber de la creación advertir del peligro.


8.- Porque todavía hay esperanza y los árboles y la tierra nos sustentan.


9.- Porque el arte, el teatro y la cultura se demuestra una vez más que se activan por el bien común aunque haya tanta gente que siga creyendo que se trata de un bien inútil, improductivo.


10.- Porque aunque yo ya no crea en la resistencia como forma de evolución y me halle en el umbral de acceso a la rendición, a veces hay que hacer que el mundo reviente a base resistencia para crear la conciencia necesaria que nos permita un paso hacia la regeneración del planeta y del ser humano como especie.


11.- Porque Susanna Barranco es amiga mía, hemos trabajado juntas, la he visto crecer como artista, la quiero y la admiro un montón y me parece que en Accions de Resistència alcanza un punto dulce, hermoso y de indudable valía que quisiera que pudierais compartir.

(*) 21, 22 y 23 de marzo en Antic Teatre.

(**) Imágenes de Gertrudis Losada Alva.

viernes, 1 de marzo de 2019

Proxima parada Pepe Rubianes



La primera vez que supe de un hombre llamado Pepe Rubianes corría el año 1992. Se llamaba Carlos, era moreno, con rasgos arábicos y largas pestañas negras. Estudiábamos juntos Periodismo. Jugábamos al ajedrez en el bar de la Facultad y era un espíritu libre con novia. Me encantaba. Fue mi última historia sentimental con intenciones heteros. Un día íbamos en su coche por Horta y me soltó una broma estilo Rubianes. Me quedé igual.

- ¿No conoces a Rubianes? - me preguntó como si fuera marciana.
- Scumm, catapum chin pum gua gua guá... -debería haberle contestado.

Aún tendrían que pasar tres años para que mi destino me llevara a cruzarme con Pepe Rubianes. Tal día como hoy de 1995 empecé a trabajar para una productora de teatro llamada Fila 7 y, curiosamente, tal día como hoy de 2009 Pepe Rubianes nos decía adiós.
Fila 7 tenía su sede debajo de la Plaza Molina, en la calle Sant Eusebi 34, donde tantos y tantos recuerdos me sobrevienen cuando paso por allí. Siempre pienso que algún día voy a escribir una obra que hable de todos los personajes y personas que conocí allí, con sus sueños, sus anhelos, sus reclamaciones, sus necesidades, sus espectáculos, sus bondades y sus maravillosas locuras. Y más cosas que quedan para cuando escriba esa obra que aún no sé qué formato tendrá.
Pepe llegó a nuestras vidas en el verano de 1995. En el caso de Toni Coll, regresó. Porque Toni fue la persona que impulsó sus inicios cuando lo vio en Sevilla representando Pay-Pay. Primero, Sergio Dantí se econtró un día con Pepe, por casualidad, en Sitges, en pleno verano y sin apenas bolos; luego Toni se puso en contacto con él. No recuerdo quién llamó a quién. Tuvieron una reunión. De regreso de esa reunión lo que recuerdo es a Sergio pasándome un par de folios con los ítems de la propuesta de fichaje de Pepe Rubianes por Fila 7, para que la redactara.

- Ha dit que sí!! – anunció feliz Toni Coll unos días después.

En aquel documento pasado a limpio en un ordenador de la calle Sant Eusebi estaba el inicio de todo. A partir de ahí, Toni se dedicó a hacer una de las cosas que mejor sabe hacer: potenciar a un gran artista para que de lo mejor de sí mismo y gane dinero. Aunque no siempre lo lograra con todos, claro, porque Pepe Rubianes solo hubo uno y dudo mucho que alguien pueda emular su gesta. Pepe Rubianes y la Extraña pareja son los éxitos más enormes que se han dado en la cartelera de Barcelona y probablemente de todo el Estado Español.
La gira del primer año con Rubianes:15 años golpeó fuerte la agenda de Pepe. Luego recaló en la Villarroel. Tres meses llenando, pero era inviable prorrogar. Por eso Rubianes:15 años se trasladó al Teatreneu. Siguió el lleno total. Después llegó el colofón final. Tras muchas gestiones y reuniones con Balañá: reapertura como teatro de la Sala 1 del Club Capitol, la que ahora lleva su nombre. Más de quinientas butacas de jueves a domingo, y durante una buena época, sábados función doble. Todos los días lleno. Más la gira de los lunes y los martes en carpas y teatros en toda Catalunya, Valencia y Baleares. Toni llegaba al día siguiente con aquellas fotos mal encuadradas y a menudo borrosas en las que se veían colas inmensas que ponían hasta la bandera carpas de mil personas. Como buena gallega que soy (catalano-galaica-española-mexicana, para ser más exactas), desconfiaba un poco de lo que ya empezaba a convertirse en una especie de leyenda. Pepe, con la capacidad que tenía para inventarse las personas, las situaciones, las historias, la vida y el mundo, seguro que se estaba inventando también el público y, claro, con esa imaginación galopante, pues lo contagiaba a toda Catalunya, de tal manera que lo que era invención un día, iba y se hacía realidad al siguiente.
Pepe Rubianes era la estrella de Fila 7. Y la estrella la llevaba personalmente Toni Coll, aparte de su equipo fiel que lo cuidaban al detalle. Así que en la oficina solíamos dar apoyo total a Pepe, pero los tratos directos en mi caso, eran más con otros artistas. Lo escribí aquí en su día cuando recordé a otro de los grandes de la oficina, Carles Flavià. Solo fui a ver a Pepe al teatro dos veces. Una de ellas con mi mejor amiga y ese recuerdo no tiene precio. Impresionante. ¡Qué experiencia ver al flautista de Hamelin encantando a un teatro entregado y abarrotado! Pepe fue una fuente de felicidad para tanta gente que pagar la entrada para verlo era algo muy barato en comparación a lo que se recibía.
¡La amistad! ¡Qué importante en la vida de Pepe! ¡Qué importante en la mía! Recuerdo un día en que Toni entró en la oficina y me hizo su habitual resumen.

- El Pepe està fatal, ha discutit amb el Bozzo i no es parlen.

Me pareció terrible. Me compadecí de Pepe. Correr el riesgo de perder un amigo, qué horror. Conocer este desencuentro de Pepe con Bozzo me hizo obligar a mi amiga Eva que prometiera que si alguna vez nos enfadábamos, una de las dos cedería y buscaría a la otra para arreglarlo. La amistad verdadera es amor incondicional, sin exigencias, generosidad pura, en todos los sentidos. Recuerdo otro día en que Toni entró en la oficina y, despachando temas, me contó cómo durante el fin de semana Pepe había disfrutado de todos sus amigos y amigas en una gran comilona.

- Ha tornat a pagar ell – dijo Toni.

Mi relación con Pepe Rubianes casi siempre fue indirecta. Solía tener noticias suyas cuando le llegaban los textos que redactaba para el dossier o para sus programas de mano.

- Li han agradat molt – decía Toni.

Creo que era verdad porque no recuerdo que me corrigiera nada. Aún hoy veo el DVD de Rubianes solamente a la venta, lo cojo, le doy la vuelta, vuelvo a leer el texto que escribí y le pido disculpas al detectar alguna frase que no me acaba de convencer. Pepe, hoy lo haría mejor.
Otro día llegó Toni y me anunció:

- La Maria es pren un any sabàtic, així que aquesta temporada li portaràs l'agenda de mitjans al Pepe.

Las entrevistas había que concentrarlas en los jueves. Todo el mundo quería entrevistarlo, aunque ya lo hubiera hecho la temporada anterior. A veces algunos periodistas no comprenden que aunque atenderlos sea trabajo e incluso algo bonito, puede ser un cansancio grande estar estupendo y dar lo mejor de sí mismo cualquier día a cualquier hora.

- Laura, ¿me puedes cambiar la entrevista de mañana para la semana que viene?
- Claro, Pepe, no te preocupes.

Bajo mi punto de vista, los medios contribuyeron mucho al auge del fenómeno Pepe Rubianes, pero creo sinceramente que si no hubiera estado tocado por la gracia, jamás hubiera logrado mantenerse en cartel tantos años. La mejor promoción de Pepe era el público. Los medios acompañan, difunden y promocionan, pero no hacen milagros. Si ha habido algún rey en Catalunya, ese ha sido Pepe Rubianes. Hay tanta gente que lo añora que hasta se atreven a aventurar qué diría o qué pensaría Pepe de lo que está pasando ahora. Con respecto a eso, tengo clara una cosa: más allá del misterio, se le hubiera calentado la boca. Digo más allá del misterio porque el Pepe de fuera de los escenarios y de las entrevistas a mí siempre me transmitió un horizonte ignoto. A veces me daba la sensación de que era un ser humano tremendamente catalítico que recogía el sentir mayoritario y se hacía cargo de este sentir aunque quizás luego lo soltara, se recogiera en sus aposentos y escribiera en una de sus libretas alguna de sus muchas verdades. No lo sé.
Una vez me llamó al móvil. Fuera del horario de oficina. Al ver su nombre en la pantalla, flipé. Ni siquiera cuando le llevaba la agenda me llamó al móvil. Era otro Pepe el que llamaba. Pero como sé que a él no le gustaría que contara nada sobre esa llamada, solo deciros que por encima del Pepe showman o el Pepe comprometido con su ideología, estaba el Pepe persona, amante de su familia.
Asistí a la inauguración de la calle que lleva su nombre el año pasado. Había mucha gente, sobre todo personas que me consta que lo amaban. Llegué algo tarde, pero tenía que ir a rendirle pleítesía a alguien que, entre otras cosas, me dio de comer durante mucho tiempo. Me quedé de pie, al final, lejos del escenario. Vi mucha admiración de corazón entre la asistencia y ganas de rendirle homenaje, un homenaje de lo más merecido. Sin embargo, algo me hizo preguntarme ¿qué le parecería a él todo esto? Quizás porque en los casi once años que estuve en Fila 7 hubo siempre un rasgo que me alcanzó de su modo de tomar decisiones: la humildad y, sobre todo, esa enorme contradicción que tienen tantos artistas que, a pesar de una gran exposición pública, siempre están anhelando el anonimato.

Pepe Rubianes, gracias por todo: ¡viva el rey!

(Aparte hacia el cielo.)

Estimado Pepe,
he ido en el autobús que pasa por tu calle, y te confieso que se me hace extraño escuchar Próxima parada Pepe Rubianes. Me entran ganas de inventarme una historia hiperbólica tipo la princesa Plaza Urquinaona se enrolla con el Conde de Fabra i Puig y tienen tres hijitas: Universitat, Sarrià y la niña descalza del Bon Pastor.
Aquí tu gente te echa mucho de menos, pero tranquilo, no saben dónde estás. Dile al Flavià que ya solo lloro por las cosas importantes y que la próxima vez que se presente en uno de mis sueños vocalice, que no le entendí nada.
El Ser Humano sigue como siempre, en eso no hay variaciones. Parece profética tu despedida, hay muchos que quieren hacerte caso y estamos en línea de irnos a tomar por culo. No entendieron nada de lo que en verdad quisiste decir. Pero bueno, es que hay que estudiar mucha filosofía zen antropomórfica galaicocatalana con raíces africanas. Ya sabes, se quedaron en las tapas de los libros y no profundizaron.
Por lo demás, llega la primavera y hoy todxs lxs que te tuvimos aprecio, admiración y cariño te recordamos.
Un abrazo,


Laura

(*) Foto de El Flaco.

viernes, 7 de septiembre de 2018

A BOCAJARRO



(En un cajero automático.)

RAFAELA.- Vaya mala suerte tengo. ¿Tiene usted una tarjeta para dejarme? Se la devuelvo en un momentito.

AUGUSTA.- ¿Cómo que me la devuelve? Perdone, no la conozco de nada. (Pausa.)¿Qué le ha pasado, a ver?

RAFAELA.- El cajero, que es un obeso, y se me ha comido la tarjeta y los sesenta euros. Pero yo se la devuelvo, eh. Intacta.

AUGUSTA.- No diga tonterías. No se puede poner nada dentro ahora. Está lleno, acaba de comer. Lo que hay que hacer es conseguir que vomite. (Pausa.) Rapidito.

RAFAELA.- ¿Ha visto usted vomitar a un cajero alguna vez? Yo sí, y no es agradable. Apártese, que le voy a meter lo dedos en la ranura.

AUGUSTA.- ¡Lo que faltaba! Que se quede usted atascada también. Mejor una patada en el centro mismo, entre la pantalla y las ranuras, ¿no?

RAFAELA.- Una patada puede causarle indigestión y luego caga. No es lo mismo que el cajero vomite que cague.

AUGUSTA.- No veo la diferencia.

RAFAELA.- ¿Tiene usted cataratas?

AUGUSTA.- Y usted las manos sudadas.

RAFAELA.- Vale, deme la mano.

(AUGUSTA se resiste pero al final cede.)

AUGUSTA.- ¿Qué hace?

RAFAELA.- Vamos a hacerlo juntas y lo que saquemos lo repartimos. Le doy la mitad de lo mío. Treinta euros.

AUGUSTA.- Bueno. Pero conste que no lo hago por el dinero sino porque la veo apurada.

(Las dos meten la mano en el cajero y se quedan atrapadas.)

RAFAELA y AUGUSTA.- ¡¡¡¡¡Aaaaaahhhhhh!!!!!!!

RAFAELA.- Maldita sea... La última vez que me quedé atrapada con alguien en un cajero yo tenía cuarenta y tres años, todavía estaba casada y me teñía el pelo de caoba. Entonces todavía la vida era una pastelería llena de posibilidades tiernas y dulces. Sí, algunas amigas mías decían que el tinte se me subía a la cabeza y que no veía las guerras, los parricidios, los robos, los secuestros, las depresiones de los homínidos, la angustia, la ansiedad y el mal de ojo de la gente, es verdad, es verdad, pero así era yo. Sí, ya entonces los cajeros eran carnívoros, nunca tenían suficiente. Y lo siguen siendo. De tanto en tanto pasa, siempre hay alguien que lo cuenta pero nadie le cree, pues aquí está la prueba. No tienen suficiente con tragarse nuestro dinero que quieren nuestra carne. Quizás adelgazaremos aquí enganchadas. No hay mal que por bien no venga. Y esta calle, tan apartada de todo. Y el cajero en este punto ciego que es tan fácil pasarse de largo. Desde aquí no nos ven en la oficina, ¿lo sabe, no? Por los cristales estos ahumados. Mire. Mejor tire, tire, tire, tampoco pasa nada si nos quedamos mancas, siempre tenemos la otra mano para hacer la comida, para pegar un tortazo, para pagar la cuenta en la cafetería, para darla a otro ser humano en señal de paz, no está tan mal ser manco, mire el Cervantes ese, escribió el Quijote... Tire, tire...

AUGUSTA.- ¡Ya se lo decía yo! (Pausa. Para ella misma.) Ay, Augusta, en qué líos te metes. ¿Y ahora qué? Ahora qué. Sabía yo que no tenía que haberla ayudado. Si es que siempre me pasa lo mismo. Me resisto y al final cedo. ¡Y toma! Me quedo atascada en el problema de la otra. Atascada. Con una loca, seguro, porque usted podría haber entrado en la oficina del banco como habría hecho cualquiera y reclamar la tarjeta y su dinero, pero no, quiso usted arreglarlo sola. ¿A usted le parece normal querer arreglar un problema informático de manera manual? Pues no es normal. Y tampoco es normal que yo haya metido la mano en el maldito cajero automático ni que esté hablando en voz alta y esté usted en las nubes, ¿quiere hacer el favor de escucharme al menos? ¡Aaaaahhhh! No tire, no tire, que duele... ¡Oiga, señor, señor! ¡Usted, sí, usted! ¿Puede ayudarnos? ¡Llámelo usted también! Las dos tenemos más fuerza. ¡Señor, señor! ¡Llame al banco! ¡A los bomberos! O mejor, venga, venga un momento. ¿Quiere gritar conmigo, por favor! Tire, tire... ¡No! ¡Usted no! El señor que seguro tiene más maña. ¡Desatásquenos! ¡Pero, oiga, no se vaya! ¡Por favor, espere! ¿Por qué corre? Claro, está usted completamente despeinada, y con ese pelo grasiento, esas canas y esas bolsas bajo los ojos, lo ha asustado. ¡O Dios, qué vamos a hacer??!

RAFAELA.- Insolidaridad. El mal de nuestro tiempo.

AUGUSTA.- Ayúdeme a sacar el móvil del bolso.

RAFAELA.- ¿Y ahora se le ocurre?

AUGUSTA.- Venga. Haga algo útil.

RAFAELA.-(Abriendo el bolso.) Oiga, lo que lleva en el bolso es peligroso.

AUGUSTA.- ¿Se refiere a los medicamentos, a la navaja o a la arañita de la caja?

RAFAELA.- ¿Arañita? Parece una tarántula.

AUGUSTA.- Le gusta que la llamen por su nombre.

RAFAELA.- ¿Cómo se llama?

AUGUSTA.- Micaela.

RAFAELA.- Micaela, vamos a probar con la navaja, deséanos suerte.

AUGUSTA.- Le cazo las moscas yo misma. 

RAFAELA.- Se la ve bien cuidada, sí.

AUGUSTA.- Si tienes una animal debes hacerte responsable de él totalmente.

RAFAELA.- ¿Meto la navaja y hago palanca entonces?

AUGUSTA.- ¿Qué? ¡No! Está usted loca. Un momento, un momento, que no hemos agotado todas las posibilidades.

RAFAELA.- Tranquila, será más fácil de lo que cree. Un suspiro. Contenga la respiración un instante y luego espire.

AUGUSTA.- ¡Aaaaaaahhhhhhh! ¡Me ha cortado la mano! Estoy sangrando. ¡Llame al 112!

RAFAELA.- No exagere mujer. Son solo dos dedos. Los metacarpios anteriores. El resto está intacto. Tire, tire, a ver si me desengancho yo también.

AUGUSTA.- ¡SOCORRO, SOCORRO! ¡Es usted una demente!

RAFAELA.- La que tiene una tarántula por mascota no soy yo.

AUGUSTA.- A Micaela no la meta en sus tejemanejes sanguinolentos.

RAFAELA.- La que se medica no soy yo.

AUGUSTA.- Los necesito. Artrosis.

RAFAELA.- Ya se nota, es usted un garrote.

AUGUSTA.- ¡Aaaaaahhhh!

RAFAELA.- La navaja es suya.

AUGUSTA.- Y los dedos. ¡SOCORRO, SOCORRO, ESTÁ LOCA! ¡Deme ahora mismo la navaja!

(Forcejean. De pronto se sueltan entre ellas y del cajero. El cajero devuelve la tarjeta a Rafaela y los sesenta euros.)

RAFAELA.- ¡Ah, qué bien! Podré ir al super. Ya pensé que tendría que recurrir a mi vecina otra vez.

AUGUSTA.- ¡Al super, al super! Va usted a ir de urgencias conmigo.

(AUGUSTA le pega un navajazo en la mano a RAFAELA y le hace un corte profundo. Mareada por la visión de la sangre, RAFAELA cae al suelo.)

RAFAELA.- ¡SOCORRO, SOCORRO, AYÚDENME! ¡ESTÁ LOCA! ¡ME QUIERE MATAR! ¡SE MEDICA Y CAZA MOSCAS PARA SU TARÁNTULA! ¡AYUDA, POR FAVOR, AYUDA!

AUGUSTA.- Los cajeros suelen estar insonorizados. ¿No se había dado usted cuenta? A mí los dedos no me duelen. Voy demasiado medicada como para sentir su ausencia. Marque el 112 ahora mismo.

(RAFAELA obedece. AUGUSTA se toma unas cuantas pastillas de golpe y le ofrece el frasco a RAFAELA que lo rechaza.)

RAFAELA.- ¡Una ambulancia a la calle Delirio con Desencuentro, por favor! ¡Estamos sangrando! ¡Otro incidente con un cajero automático carnívoro! Sí, sí, ha querido devorarnos a pleno día. ¡Corran, corran, nos desangramos! Una señora loca y yo. ¿Qué hace con Micaela? 

(Oscuro final.)


Barcelona, 20 de agosto – 7 de septiembre de 2018. 
Laura Freijo Justo Cristina Serrat Sánchez.

Parapente teatral a cuatro manos ambidiestras.

jueves, 23 de agosto de 2018

Donde hibernan los pájaros amarillos



(Pieza breve para sordos de corazón y mudos de conciencia.)

HERMES.- Ha sido mudarme a esta casa y venir estas heladas infernales. En mi país... Cómo echo de menos mi país... Qué largo es el invierno... No en vano se parece a infierno...

PATRICIA.- ¿De qué país hablas? ¿Otra vez fabulando, Hermes?

HERMES.- ¡No, no! Mi isla existe... ¡Y queda tan lejos! 

(La mirada de HERMES entra en una especie de ensoñación.)

PATRICIA.- Cada vez que se va el agua te pones como pez cogido por anzuelo del tiempo. Anda y pon algo de música.

HERMES.- Cada vez que se va el agua coincide que el frío es un ejército partisano entrándome en los huesos. Y los pájaros han enmudecido...

PATRICIA.- Vale, pues ya la pongo yo. Te aguantas si pongo Radio Futura otra vez. ¿Qué tal la Escuela de Calor? Es para ver si te sube la temperatura. (Pone el tocadiscos.)¿Bailamos?

HERMES.- No sé bailar, ya te lo he dicho más de una vez. ¿O no? Allá de donde vengo solo hay una música tan parecida a la nostalgia que no nos deja movernos... Solo murmurar. Y no es por molestar, pero prefiero a Alaska. Aunque te parecerá paradójico, claro, Alaska.

PATRICIA.- Déjame que te cuente una historia. No me mires así. Siempre la olvidas, así que tengo que refrescarte la memoria con algo más que agua. ¿Adónde vas?

HERMES.- No voy, solo me muevo como los barcos. Los que somos de puerto tenemos el alma de paquebote. Casi no te escucho porque el frío me obstruye los sentidos. Recordaba que una profesora mía decía que el calor existe, es un fenómeno físico. Pero el frío no. El frío es ausencia de calor...

PATRICIA.- Todo sucedió en una habitación oscura. Tenías una venda en los ojos y la humedad goteaba del techo.

HERMES.- Esta historia te la conté yo. La contaba mi abuela, cuando aún no había perdido la razón.

PATRICIA.- Quizás la habitación estaba en silencio pero los pájaros no, los pájaros siempre estaban trinando.

HERMES.- Los pájaros tienen por oficio trinar. Menos aquí. Con este frío, sin agua...

PATRICIA.- Entonces aquel susurrador de orejas te desataba las manos y te ponía un pajarillo en medio de las piernas y te decía aprieta.

HERMES.- ¿Cómo estrangular un pajarillo, un alma leve y más aún si es amarillo? No podía.

PATRICIA.- Intentaste negarte pero entonces te lo ponía en las manos y el pájaro hambriento te las picoteaba, ¿lo recuerdas? Y todo el rato el techo goteando.

HERMES.- Tú tenías un pájaro amarillo... ¿Qué era? ¿Un canario? ¿O no era un pájaro? ¿Un gato tal vez? Aunque nunca he visto gatos amarillos.

PATRICIA.- (Gritando) ¡Mira, detrás tuyo!

(Risas de PATRICIA.)

HERMES.- ¡Ya me conozco la broma! Me recuerdas a mi abuela. Me pregunto si todavía estará viva... En la isla... (Silencio.) Diría que no: no se puede sobrevivir a los techos permanentemente goteantes...

PATRICIA.- Pero sobreviviste a los pájaros amarillos... yo nunca he tenido un pájaro amarillo. Además, aquí los techos nunca gotean.

(PATRICIA vuelve a gritar, esta vez de pánico.)

HERMES.- Los pájaros amarillos, digan lo que digan, tampoco son los mejores.

(HERMES se acerca a PATRICIA y hace ademán de acariciarle el pelo, pero se detiene antes de rematar el gesto.)

PATRICIA: ¡NO LA VES! ¡ES ESA MUJER OTRA VEZ! ¡SÁCALA DE AQUÍ! ¡DILE QUE SE VAYA Y SE LLEVE A SU GATO AMARILLO! ¡Es ella, es ella! 

(PATRICIA se arrodilla en el suelo y se pone en posición de rezo, escondiendo la cara en su regazo.)

HERMES.- (Con rostro desolado.) No la puedo sacar. No se puede expulsar a los seres alados. ¿Nunca tuviste una abuela que te lo explicara?

PATRICIA.- Abre el grifo, a ver si ha vuelto.

HERMES.- Mi abuela decía que los seres alados están aquí para protegernos de las inclemencias del destino... Debemos dejarla hacer. Como si fuera una araña. ¡Cerremos las puertas y las ventanas!

PATRICIA.- ¿Cerrar? ¿Quieres que nos quedemos aquí con esos seres extraños? Quizás es tu abuela muerta que viene de la habitación de las goteras a traerte los últimos pajarillos amarillos. ¡Ahhhhh, ahí está otra vez!

(Silencio.)

HERMES.- Lo recuerdo perfectamente. Era muy joven, casi un crío, pero nunca se olvida el sonido de un goteo antes de estrangular a un pajarillo amarillo. La habitación siempre oscura. La ventana cerrada. Alguien entra cuando la sed es insoportable y pone un trapo húmedo en la boca. No hay agua. Como ahora. El agua solo es el goteo constante del techo. Alguien susurra en mis orejas. Para salir de aquí hay que obedecer. Solo se aprende a obedecer obedeciendo. ¿Cómo se aprende a obedecer? Obedeciendo. ¿Cómo? Obedeciendo. Entonces acerca el pajarillo a mi mejilla y permite que me pique una, dos, tres, cuatro, cinco veces. Pone su mano ocupada por el pajarillo sobre la heridita que me acaba de hacer y aprieta. Ahora entre las piernas el pajarillo hallará la paz. ¿Comprendes? Cierra las piernas cuando yo te diga. Las gotas siguen cayendo con el ritmo impenitente de lo que es inexorable. Hay un charco grande en el suelo. El susurrador pone su mano ocupada por el pajarillo entre mis piernas y me dice ¡aprieta! Pero yo no me muevo. ¡Aprieta! Muy bien, pues lo harás como siempre, con tus propias manos. Entonces me permite tocar al pajarillo. Lo acaricio y sé que es el pajarillo o yo. Con un gesto impasible le arranco la cabeza. Tiro el pajarillo al charco. El susurrador aplaude y me quita la venda. Ahora puedes volver a subir. Crecí siendo un asesino de pajarillos amarillos. En la isla a todos los niños les enseñan a matar pájaros amarillos. Quien no es capaz de matar a un pájaro amarillo no es capaz de sobrevivir. Luego durante un tiempo fui susurrador. Pero ser susurrador es más difícil que ser niño que mata pájaros amarillos. Si el niño no obedece hay que enseñarlo a obedecer y eso... Me escapé, me tuve que escapar... ¡Por qué has tenido que recordarme esa horrible historia!

PATRICIA.- Cada vez que se va el agua, vuelven. No lo soporto.

HERMES.- Siempre están aquí. Trinando y trinando. El otro día el niño de la vecina de enfrente estaba absorto mirando los pajarillos. Le dije si quería uno. A veces me sale mi oficio de susurrador. Querría ver cómo actúa un niño de aquí, poco acostumbrado a obedecer, que ni siquiera sabe lo que es un pájaro. Y mucho menos un pájaro amarillo...

PATRICIA.- No sé qué hacer para que vivas aquí y olvides el pasado.

HERMES.- ¿Y si dejaras de recordármelo?

PATRICIA.- A veces te lo recuerdo por los rumores. Rumores de los habitantes de tu isla. Dicen que quieren invadir el continente.

HERMES.- Buscan más pajarillos. Pero no podrán.

PATRICIA.- Olvidémoslo todo. Por favor. Te prometo que nunca más hablaré de tu abuela. Ni de los pajarillos amarillos. ¿Puedes perdonarme? La falta de agua me enloquece. También a mí me afecta el frío. ¿Oyes ese ruido? Son las cañerías suplicando agua.

HERMES.- No puedo vivir aquí, aunque haga tantos años que viva aquí... ¿cuántos son? ¿Quince, veinte? No puedo vivir en ninguna parte. No estoy dotado para vivir. Tampoco para sobrevivir. Solo puedo sobrevivir (Mira por la ventana, de la que cuelgan unos carámbanos de hielo). Ahí está el dichoso niño otra vez. Me entran ganas de susurrarle... ¿Será que su madre no le reclama? Ahora las madres ya no llaman a los niños para comer, para cenar... Ahora los niños miran y miran. Se quedará ciego de tanto mirar. A los pájaros no les gusta que se les mire así. Como se despiste le van a picar en los ojos. (Pausa.) ¿Dónde vivir? Sueño con la isla. Quizás nunca he salido de allí.

PATRICIA.- En el presente. Aquí. Ahora. Siempre aquí, en casa. Conmigo. Hermes, quédate.

HERMES.- Sí. Pero anulando el pasado, sorteando el futuro. Hemos matado al tiempo aquí.

PATRICIA.- Es la isla. Pero puedes abandonarla. Todavía puedes.

HERMES.- En las islas no matamos al tiempo. Ajusticiamos almas.

PATRICIA.- Sus malditas costumbres. Odio la isla.

HERMES.- Pssssshhhhh... Los susurradores tienen un oído muy fino. Sobre todo con las voces de las mujeres. (Silencio.) Quizás si nos fuéramos también de aquí... pero, ¿acaso tú eres tan diferente?

PATRICIA.- Pero aquí estás a salvo.

HERMES.- No. No estoy a salvo. Nada me salva de mí. Ni de ti. Ni de nosotros. Ni de ese niño de mirada fija, siempre llamando a los pajaritos “pío, pío”, como si no hubiera juegos en el mundo para él... como si toda esa tecnología que mata al tiempo y a los pájaros le fuera ajena...

PATRICIA.- Abre el grifo, por favor.

HERMES.- (Se acerca con desgana al grifo) No ha vuelto... ¿Ya no vas a poner música?

PATRICIA.- Necesito una ducha.

HERMES.- Podemos ir al mar. Aunque quede lejos. Y haga frío...

PATRICIA.- Será mejor un baño caliente.

HERMES.- En el mar está la vida. Y nosotros estamos muertos.

PATRICIA.- No me digas eso.

HERMES.- Hace tiempo que lo estamos. Tómame el pulso (Le extiende el brazo; como Patricia no reacciona, se toma el pulso él) Es verdad. Nadie nos ha extendido un certificado de defunción, pero estamos muertos. Somos muertos que hablan y piensan, pero muertos. Imagino que es una categoría...¡Shhhhhhhh! ¡Escucha! Esa canción la cantaba mi abuela...

PATRICIA.- ¿Cómo?

HERMES.- Sí... (Canturrea)... Los pájaros de antaño ya no son castaños, son amarillos como el sol, ese es su color, ese es su color, amarillos para los niños son los pajarillos, amarillos son, amarillos como el sol...

PATRICIA.- Tu abuela seguro que está muerta. Deja de pensar en eso.

HERMES.- No sé si mi abuela está muerta. Nadie me ha escrito para contármelo. Si está viva tiene ciento veinte años. O quizá más. Se comía los pájaros amarillos crudos. Con alitas, con patitas, con todo. Y se reía... Y luego canturreaba.

PATRICIA.- No vas a volver nunca.

HERMES.- No. No volveré. He olvidado el camino de regreso. Los únicos caminos posibles son los de ida. Los de regreso los borra el tiempo...

PATRICIA.- Hace rato que el disco se acabó. Pon otro.

HERMES.- Pues entonces bailemos el silencio. (Se pone en pie, cierra los ojos, amaga con un balanceo suave). ¿Bailamos? 

PATRICIA.- Bailar es moverse al ritmo. Da igual si es simétrico el movimiento o no. Bailemos, sí.

(Realizan elipsis por el espacio. Se mueven asimétricamente. No se tocan.)

HERMES.- Sin simetría no hay perfección. Aunque... ¿importa eso?

PATRICIA.- Deja que lo hagan otros. Olvídate. Olvídate. Ya no importa.

HERMES.- (Suena un timbrazo) ¿Esperas a alguien? 

PATRICIA.- Deja que sean otros.

HERMES.- Es demasiado tarde... ¿Esperamos a alguien?

PATRICIA.- Mira el grifo. ¿Sale agua? (Pausa.) Voy a abrir.

(PATRICIA sale a abrir.)

HERMES.- Odio las visitas. Los susurradores llegaban siempre como una visita.

PATRICIA en OFF.- No hay nadie. 

HERMES.- Sí, al principio abrías la puerta y no había nadie. Así empezaba la enseñanza.

PATRICIA.- (Entrando.) Debe ser el niño de enfrente. Lo ha hecho más veces. Hablaré con su madre.

HERMES.- (Se acerca de nuevo al grifo) El agua, cuando llega al grifo, ha perdido su pureza, ha recogido todos los restos de espumas negras, los sabores de los cadáveres, la suciedad de lo que se pudre, las partículas de lo que ya no sirve, el aroma que se detesta...

PATRICIA.- Eso no lo digas ni en broma. El agua aquí es limpia.

HERMES.- Mi abuela lo contaba. Si quieres estar limpio, no te bastará con agua. Supongo que hablaba de los limpios de corazón. Nunca se lo pregunté. No sé qué diría tu abuela... ¿Tuviste abuelas...? A veces no lo parece, Patricia. Parece que hubieras nacido sin abuelas.

PATRICIA.- Claro que he tenido abuelas. 

HERMES.- Pues no me la has presentado. El niño de enfrente quizá tiene una abuela en lugar de una madre. Las abuelas son las que llaman. Los niños que llamaban a sus abuelas antes que a sus madres eran los que habían matado más pájaros amarillos.

PATRICIA.- Pero aquí a los niños les enseñamos amor.

HERMES.- No es amor. Que tengas ganas de que te abracen no es amor. Que abraces con intensidad tampoco. A lo mejor son fórmulas para fingir que no hay miedo. ¿Tú sabes qué es el amor?

PATRICIA.- Vuelve a abrir el grifo. Tiene que estar a punto de volver. No pueden cortar el agua todo el día.

HERMES.- El amor no tiene sótanos.

PATRICIA.- No sé cómo puedes echar de menos la isla.

HERMES.- Mi isla la tengo aquí, mira (Extiende la palma de la mano). ¿La ves? En estas dos líneas entre el índice y el corazón, que primero se tocan, y luego se bifurcan, y una va hacia el pulgar y la otra va a desembocar al meñique, como dos ríos gemelos que luego se disputan una herencia y no se vuelven a hablar... La otra isla no es mi destino. (Pausa.) ¿No oyes el timbre otra vez?

PATRICIA.- Algún día todo cambiará en la isla.

HERMES.- Quizás ahora sí es el niño de la vecina. Está intrigado con los pájaros (Se asoma a la ventana). El niño ya no está ahí. Si su abuela no lo llamó para comer, quizás haya decidido hacernos una visita. Quiere aprender a acariciar plumas sin saber que hay que poner al pajarillo entre las piernas y apretar... Voy a ver...

PATRICIA.- El amor fuimos nosotros un día.

(HERMES saliendo.)

HERMES en OFF.- No hay nadie. Qué raro...

PATRICIA.- Es que no esperamos a nadie.

HERMES.- Quizás el niño está jugando. A veces aquí los niños todavía juegan. Es sorprendente, pero los he visto.

PATRICIA.- Cierra bien la puerta, no he oído el golpe.

HERMES en OFF.- (Se oye el golpe de la puerta.) Ya está. Cerrada y bien cerrada. (Entrando.) ¿Tú crees que debería contarle la historia de los pájaros amarillos a ese niño? Con las historias también se aprende. Quizás sea suficiente para que aprenda a obedecer.

PATRICIA.- Dicen que ya no quedan pájaros amarillos. Mejor.

HERMES.- Los pajarillos amarillos se reproducen solos, son hermafroditas. No pueden extinguirse... Al menos no en la isla. Además, pueden mutar. Son avispados. Y crecen cuando se ven amenazados. Y se desdoblan, si se han de organizar contra un enemigo fiero... No es fácil acabar con ellos... Han aprendido a sobrevivir en las condiciones más hostiles.

PATRICIA.- Puede que sí, puede que ya hayan empezado a reproducirse con otros colores. Cuando se trata de sobrevivir las especies son capaces de todo. Pero aquí ya no hay pájaros amarillos.

HERMES.- Fíjate lo que me ha salido en la mano. Una línea roja. Es el camino de regreso a la isla, lo sé. Les ha pasado a otros. ¿Vendrías conmigo?

PATRICIA.- ¡Pero ahora ya todo está lejos, HERMES!

HERMES.- Lejos y cerca... Es lo mismo... Los caminos van por dentro.

PATRICIA.- Claro, se tiene morriña de la tierra, pero... ¡Pero la isla no es tierra, es infierno!

HERMES.- No es solo eso. Es la ceguera y la sordera. Es no saber si los míos están vivos o muertos. Es no saber si yo mismo tengo vida... Si alguien me recuerda. 

PATRICIA.- Menos mal que desde aquí ya no salen barcos para la isla. Ojalá el océano se la tragara, Hermes. Todo sería más fácil.

HERMES.- (Mirando a Patricia con sorpresa) A veces creo que solo hablas por hablar, por no callar, para que no se oigan los pájaros...

PATRICIA.- Me voy a dar el baño.

HERMES.- No podrás. No hay agua. Solo nieve (contempla por la ventana un día invernal). ¿Te darías un baño de nieve?

PATRICIA.- Mejor pon ALASKA mañana, ahora estaría mejor algo de música clásica.

HERMES.- La música que mejor suena es la que no se oye.

PATRICIA.- No pienso bajar al sótano. Aquella fue la última vez.

HERMES.- (Tras una pausa, con extrañeza) No tienes obligación. Ya te dije mil veces lo que pienso desde que nuestro hijo...

PATRICIA.- A veces te veo ahí. Y a él... ¿Por qué?

HERMES.- El amor es lo que teníamos con Valentín.

PATRICIA.- Nunca debiste regalarle un pájaro amarillo.

HERMES.- Dijiste que me habías perdonado.

PATRICIA.- Y te he perdonado.

HERMES.- ¿Me amas?

PATRICIA.- Lo que siento por ti no tiene sótanos, si es eso lo que preguntas.

HERMES.- Lo echo mucho de menos. Ese niño me lo recuerda constantemente.

PATRICIA.- Abre el grifo. Y calla de una vez. 

(Silencio.)

HERMES.- El niño de la vecina vuelve a estar en la ventana. Hoy está triste.

(Silencio.)

PATRICIA.- Te dije que no debíamos comprar una casa con sótano.

HERMES.- Tapiaré la entrada. Lo prometo. En cuanto mejore el tiempo.

PATRICIA.- Quizás nunca hayas salido de la isla.

(Pausa.)

HERMES.- El susurrador venía y me decía hazlo. Y yo no quería. Tampoco podía. Pero lo hacía. Como si fuera otro. Lo hacía.

PATRICIA.- Puede que los seres alados sean protectores. Pero siempre que aparecen me asustan.

HERMES.- Los dos somos cobardes... Sé de un puerto desde donde salen barcos a la isla. 

PATRICIA.- Ah, el agua, el agua, ha vuelto...

HERMES.- Estará helada...

PATRICIA.- Espero que las cañerías aguanten con el frío.

HERMES.- ¿Oyes ese goteo del techo?

PATRICIA.- De acuerdo. Pero volverás tú solo. Me quedo aquí. Si no puedes vivir fuera de la isla, mejor que regreses.

HERMES.- Sin ti no iré. 

PATRICIA.- Llenaré la bañera con agua caliente.

(PATRICIA cierra el grifo. Se acerca a HERMES y le da un beso en la mejilla.)

HERMES.- Perdóname. Cuando la isla aparece, la abuela regresa con el sótano y las goteras y yo... yo pierdo el horizonte y escucho el sonido de los cuellos de los pajarillos amarillos quebrándose y todo es... Patricia, ¿puedo bañarme contigo? 

PATRICIA.- Te he mentido, Hermes. Una vez tuve un gato amarillo. Fue en sueños. Pero era real. Tan real como ahora. Quizás era anaranjado pero tirando a amarillo. Pero tuve que regalarlo, siempre me daban ganas de asfixiarlo, en sueños. Cada vez que lo intentaba empezaba a caer agua del techo. Y el gato se revolvía y me arañaba. Y yo me quedaba allí, sangrando, en aquel sótano oscuro y húmedo, y gritaba pidiendo ayuda. Y tú no aparecías, Hermes. Y yo gritaba hasta que no me quedaba voz, hasta que solo lloraba, y al final eran lágrimas de sangre que resbalaban en silencio por mis mejillas y se mezclaban con la lluvia que caía desde el techo. Entonces miraba hacia arriba y me daba cuenta de que el techo estaba agrietado y me preguntaba cuánto tiempo hacía que nuestros abrazos se habían agrietado, que nuestras palabras se habían agrietado. ¿Por qué has mencionado a nuestro hijo?  ¿Por qué has tenido que decir su nombre? Todavía veo su cabeza flotar en el agua... y el agua que la va cubriendo. Roja. Y tú sigues sin aparecer, concentrado en los pájaros, en tu isla, en tu maldita nostalgia amarilla...

HERMES.- No tenías por qué contármelo, querida. (Pausa.) Fue un accidente. (Pausa.) Un día las pesadillas se irán. Yo ya no sueño.

(Descarga de agua. Se oye un goteo rápido y constante.)

PATRICIA.- (Susurrando.) ¿Has visto las alas que me han salido?

HERMES.- ¿Patricia? ¡Vuelve! ¿Qué has hecho con Patricia? ¿Quién eres tú?

PATRICIA.- Jamás podrás escapar de la isla. 

(PATRICIA sale de la estancia. Trinar de pájaros amarillos. HERMES pone música clásica. Mira por la ventana. Oscuro.)

Natalia Fernández Díaz-Cabal
Laura Freijo Justo

(*) Parapente teatral a cuatro manos ambidiestras.