THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 9 de agosto de 2017

Cuando se acaba un buen libro




Al acabar un libro se queda una sensación de tristeza.
Alguien se va definitivamente.
M Train de Patti Smith deja paso al siguiente.
Todo empezó como un sueño, un sueño que ya he contado.
El sueño del cowboy que le lanza una frase.
No es tan fácil escribir sobre nada.
Sus frases y sus vivencias comprenden hermosas piedritas que la autora va depositando en los sitios que merecen una oración. Oración de plegaria, oración de frase. Como la tumba de Genet, o la de Rimbaud.
La vida pasa. Deja su huella. Muchas, tantas cosas son. Tantas otras se quedan en el dibujo. En el borrador.
Cuánto café cabe en una obra, cuántas canciones, cuantos poemas, cuantos libros, cuántas series, cuánto amor, cuanta melancolía.
Se ama la vida de la vida, se ama la vida de la ficción.
Como cuando le escribí un poema a JJ, la agente Jennifer Jareau de la serie Mentes Criminales y al leerlo en un recital despertó carcajadas. Luz en el mundo oscuro.
Mientras se camina lento, la velocidad de los laterales también disminuye.
Dos semanas antes de la muerte de Lou Reed se lo encuentra.
I love you.
I love you too.
Más tarde se me ocurrió que en los cuarenta y dos años que hacía que nos conocíamos, esas palabras, aunque sentidas, nunca habían sido pronunciadas.
Todo lo que se calla, se queda en el mundo del silencio.
Quizás de lo que no se pueda hablar, deba ser callado.
Pero lo que se puede decir, es mejor decirlo.
Decir amor es sentir amor. Ponerle rúbrica.
Mejor antes que después.
Díselo antes de que se lo tengas que dar al viento o a una estancia vacía. O a un papel escrito.
Pienso mucho en despedidas.
En la mía propia. Me aterroriza. Siempre se me han dado fatal.
La vida es un estado de ánimo. También. Mejor subir a la superficie. Bajar a aguas abisales te hace ver seres cuyas dimensiones y colores y proyecciones no parecen reales.
Ahora quizás si escuchara la risa de las nietas de mi vecina la Paqui todo volvería a la normalidad. Sin embargo, ha hecho el cambio el motor de la nevera y los platos esperan.
Hay también textos que quieren nacer, que hace rato van naciendo con los que no me siento conforme.
Lo harás bien. Lo harás bien. Lo harás bien. Lo harás bien.
Al menos los acabaré.
¿Y luego? Luego todavía es agosto, queda el pueblo, el árbol quemado que resiste en el tiempo y la familia.
Una vez mi madre salió del pueblo con un único pantalón húmedo y se fue para solo volver en épocas estivales. Primero Alemania, luego Cataluña. Ahora Galicia.
Fíjate que hoy si lloviera sería perfecto.
Cuando se acaba un buen libro, es mejor comenzar otro.


martes, 8 de agosto de 2017

Que la vida te ame




Llover se convierte en una celebración.
Agosto son días en el calendario donde los truenos hoy anidan.
Escuchar cómo caen mares de gotas y sentir que algo en la tierra se limpia produce una sensación de tábula rasa con cuanto acecha en las esquinas.
Las cortinas van moviéndose según el viento. Sigo con el silencio en la penumbra del piso. Leo estirada en el sofá. Acabo una obra sobre escritores alemanes en el Hollywood de la Segunda Guerra Mundial. Contes de Hollywood, de Christopher Hampton. El guionista de Las amistades peligrosasWar, retaba Glenn Close, del otro lado de la mesa, a John Malkovich bajo una noche de tormenta infernal.
El incienso sigue quemando. Hasta el final. La televisión en negro con el puntito rojo. A punto, preparada. Recuerdo cuando la actualidad política era mi día a día, ahora me parece increíble ser adicta a eso. Debo estar en baja forma. 
¿Qué importa y qué no?
Pasan los días, los meses, los años. Dejamos definitivamente de ser seres eternos y al hacernos cargo de nuestra fútil humanidad, las armas a un lado y los versos colgados en tendederos bajo la tormenta.

- Oye, que la poesía va a sufrir un descalabro - dice una voz desde el fondo del paisaje.

- Si sobrevive, será una buena cosecha -responde la sombra alargada de una esperanza.

Últimamente piensas demasiado en los finales. 
Llegados a cierto punto no hay nuevos comienzos. Hay solo comienzos. Inicios que se saben con mayor experiencia y por tanto quizás, en los días de sol y brillo, más oportunidades.
Pronto la naturaleza de tojo y piedra rota con montes de genistas y algunos árboles repobladores se harán cargo del paisaje. Llega el momento anual de volver a las raíces.
Qué pena que ya no haya vacas.
Saldrás a caminar. Saldrás a mirar aquel horizonte. Te harás nuevas y viejas preguntas que siempre recuerdas mirando campo a través. 
Quizás te atrevas a correr un poco. Quizás solo camines.
Quizás regreses con los pulmones henchidos de septiembre.
Quizás los versos que se llevó la tormenta estén creciendo en las nuevas libretas.
Al final una de las cosas más importantes que existen es saber que hay un sitio que siempre te espera.
Un lugar para poder volver.
Siempre volver. 
Uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida.
Quizás porque no siempre se viva.
Otras solo se espera.
O se recuerda.
Sí, uno siempre vuelve a los mismos sitios donde amó la vida.
Donde la vida lo amó a él, a ella.
Que la vida te ame.
Sí.
Así sea.



domingo, 30 de julio de 2017

Promise land




El silencio de los domingos por la mañana aún es más hermoso.
El sol llega sesgado hasta el comedor a través del espacio libre que deja la persiana.
Siguen mezclándose los cánticos de los pájaros con el monocorde existir de la nevera.
Un incienso arde en la figurita del jardín de Buda.
Vuelvo a pensar en Promise land, de Gus Van Sant, que ayer me devolvió unos gramos de esperanza. Somos hijos de nuestros padres y sus valores, para bien, para mal, forman parte de los nuestros.
La clave está en el granero que pintaba con su abuelo.

- Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo cuidará?

Quisiera escribir historias esperanzadas, esperanzadoras, pero nunca se me han dado bien. Exceso de intensidad. Dosis altas de violencia que representan el dolor. Dolor humano, dolor mundo, dolor propio, dolor pequeño, dolor, dolor. Además ahora me he puesto a ver The wire, en un Baltimore decadente, gris, crisis de nuestras crisis.
Leer en el silencio de la mañana es también un placer. Fragmentos de los clásicos que siempre me llevan a la Medea. Supongo que sigo sin entender. Son pasiones máximas que nunca he experimentado. Dios o el destino me libre de ellas. Las pasiones están bien para cuando sueñas, para estar despierta van mejor otras sustancias.
La palabra sustancia se adhiere a la palabra droga. Debe ser la influencia de The wire. Me sorprende que drugs también sean fármacos en inglés. Estamos en sus manos.
Cada día es un milagro. Cada día es un regalo. Cada día es un agradecimiento. Cada día es un canto al sol y a la lluvia. Cada día. Cada día. Cada día. Cada día.
Cambio cromos de gloria por espacios de paz infinita.
También quisiera encontrar el hilo a la comedia. Pero la comedia, como la esperanza, son estados de ánimo. Como estado de ánimo estoy en otro lugar. Entre el canto de los pájaros y el motor intermitente de la lavadora.
Estos días de soledad en la casa le doy mucho valor a la planificación de las comidas. Mi madre siempre avanza el menú de lo que hará por la mañana. Es una buena preocupación saber cómo va a transcurrir el día entre las comidas que lo componen.
Anoche me acordé de mi tía María que llegó a los ochenta y tantos comiendo solo sardinas en aceite de oliva y chocolate negro.
Luego pensé que tenía que renovar mis sueños. Ahora me gusta más llamarlos fantasías.
Funciono mejor. Algo asequible que me proporcione satisfacciones.
Algo posible.
Ves, estoy madurando.
Me hago adulta.
El estirón me ha costado, a qué negarlo.
Hay melancolía. Nostalgia no.
Que la vida iba en serio me impactó con treinta años.
Han pasado diecisiete, vamos sumando.
Confío en los géneros. Tragedia, drama, comedia.
Cómo varían a lo largo de los meses.
Aunque entiendo aquello que dijo Almodóvar de que ya no le nacía la comedia.
Luego hizo eso de los pasajeros del arco iris. Los amantes pasajeros. Obrita menor. Un alto en el camino.
Le tengo confianza a Edwardina Worst, esta mañana me ha vuelto a hablar.
Cada día es un milagro. Cada día es un regalo. Cada día es un agradecimiento. Cada día es un canto al sol y a la lluvia. Cada día. Cada día. Cada día. Cada día.
Nadie nos dijo, por ahí, por ahí, por ahí se llega a la Promise land.
Sin embargo, escuché esas voces y seguí caminando.
En mis ratos matutinos aún creo que existe.
Al menos existe el camino hacia la Promise land.
Al menos existen gentes cuyas acciones y valores son mejores que los míos. Que me defienden.
Eso me alienta.
Cada día camino unos pasos hacia Promise land.
Cada día. Cada día. Cada día. Cada día.

miércoles, 26 de julio de 2017

Postimpotentes




El tiempo pasa y tu niña interior ya no cruza las piernas de esa manera.
Quizás tenía pipí y me lo aguantaba.
Ahora soy inmensamente más grande que en esa tierna foto.
Soy una madre que camina para ser abuela, todavía sin hijos. Ya sin hijos.
Lo vivo bien. Le estoy agradecida a mis compañeras. A todas las mujeres del mundo.
El camino de romper de papelitos a veces se tropieza con fotos en blanco y negro.
El aniversario del 92 coincide con malos tiempos para la lírica de las fotografías.
De nuevo mi mirada choca con los cadáveres del Mediterráneo.
Los cánticos de los muertos silban en nuestras conciencias. Oigo a Valentina cantando en Mara Truth, oigo a través de ella todo el dolor y el lamento del Mare Nostrum.
Madre mía, madre mía.
Escribimos los derechos humanos pero la palabra no basta aunque se necesite tanto.
El silencio de la experiencia alumbra los caminos.
Las nietas de la Paquita están hoy especialmente guerreras. Cuanto más gritan, más vida desplazan hacia mi piso. Luego Mario silba mientras cocina. Todo normal, lo de cada día.
También los pájaros.
De pronto, uno de mis pensamientos recurrentes. El mundo occidental como el gran hospital. Antes fue el teatro del mundo, pero ahora quien no tiene una cosa, se le revela otra. Joder, esto no es el enfermo imaginario. Luego, el siguiente pensamiento recurrente, claro, cómo vamos a estar sordos ante el dolor que nos rodea, que nos llega.
Redefiquizo un poco a lo largo de la mañana y sigo con Patti Smith. Caigo en la cuenta que siempre le pongo la y griega y es i latina. De nuevo, la historia de la performance de Marina Abramovic cuando se puso a disposición del público y demostró algo que todos sospechamos, que a poco que permitas la invulnerabilidad del individuo, éste se cree omnipotente y daña al otro, a la otra subiendo intensidad a medida de la impunidad que lo ampara, sin miramientos. Qué espanto.
Miro la fotografía en blanco y negro y le digo a esa niña que la amo. Que me sabe mal no haber cumplido alguno de sus sueños pero que a veces los sueños solo son para soñarlos porque la realidad no siempre confirma que fueran necesarios. Que todo está bien. Que hoy la noto más contenta aunque la tristeza siga ahí.
Escribo una pieza bárbara corta, de esas que pretenden la no autocensura. Oigo un eco de risa y me digo, sí, se titula La risa de Ayax.
Mariano Rajoy declara y Puigdemont dice que no acatará la inhabilitación, en el caso de que suceda. Ahora, si me dicen que Rajoy visita la Catedral de Toledo y Puigdemont aprende un nuevo paso de sardana, también estoy dispuesta a creérmelo. Otro día explico por qué no voy a votar si es que hay referendum. Me harán un favor si al final no es legal. Me alivia no votar. A quién le importa si no voto, en el fondo.
Siento que he pasado de sentirme joven y prepotente a sentirme adulta y postimpotente.
Leo con años de retraso Indignaos, que ahora podría ser Indignaros, y me doy cuenta de que el panorama ha cambiado poco. Nada.
Suerte que al final siempre se me ocurre pensar que hay manos y corazones que, aparte de no rendirse nunca, se indignan y se apiadan a partes desiguales y justas y que hay justicia poética y alguien vela allá en lo alto o aquí a mi lado. Ser postimpotente permite el pensamiento mágico consolador.
¿Cuándo vendimos la cultura en favor del insondable entretenimiento? ¿O solo fue un traspaso de poderes?
Recuerdo que dije una vez: el teatro es el último reducto de resistencia humana. Ojalá lo siga siendo. Por la esperanza. Alguien tiene que generarla en el más aquí.
No tendríamos que exasperar, tendríamos que tener esperanza, Stéphane Hessel.
Vamos curándonos porque nacemos con herida.
Lo dicho, el gran hospital del mundo.
Convalecientes.
Postimpotentes.


martes, 25 de julio de 2017

Romper papelitos, escribir servilletas de papel




La vida es continuidad y ruptura.
Continuidad del silencio de las siete y media de la mañana.
Ruptura de las voces de los niños que ya no van al colegio y hablan entre ellos en las terrazas de enfrente.
Esta mañana se me ocurre que si tuviera coraje metería cajas y cajas de mis cosas en un contenedor rumbo a la ceniza. 
Eso me gusta. Algún día voy a ser capaz de deshacerme de más objetos.
Algunos de esos objetos tienen recorridos que todavía están vigentes. Sobre todo los libros.
Septiembre seguramente empezará con otro vaciado.
Quizás ahí me atreva a las grandes superficies, no solo a romper papelitos.
Hay que ver lo que cuesta a veces romper papelitos, como si fueran memoria real.
Con lo bien que está el olvido.
Jodorowsky dice que un recuerdo es una parte ínfima de un gran olvido.
La vida también es hacerse liliputiense sin sentimiento de añoranza.
Cuando escribo la vida me es imposible no acordarme de los versos de Aute en aquella canción que dice y van pasando los años y al fin la vida no puede ser...
Siempre he tenido una vena dramática muy acentuada.
Espero que esta vena se rompa sin generar una hemorragia.
La vida sucede a veces en la imaginación, en el deseo, se hace corpórea, se escribe y se inscribe en letras para el olvido.
Todo lo que escribo a menudo es para sacarlo de dentro de mí, en un acto de vaciado, como de limpieza. Para olvidarlo.
Es otro romper papelitos hacia afuera. Brooken words.
Hacerse mayor implica que nos dejemos de preguntar por el mañana y solo pensemos en el hoy.
Eso me parece hoy. 
Además de que haya dejado de entusiasmarme el verano.
Ay, qué pesado. Con sus temperaturas altas y las playas atestadas de gentes.
En la infancia sí, en la infancia el verano era subir al Outeiro a jugar a las pistolas y a hacerse los muertos y tirarse con un cartón desde lo alto. Risas y juegos caducos.
Patty Smith decide retrasar su vuelo a Nueva York y se queda en un hotel de Londres a ver series de suspense. Mola.
Pero a mí hace rato que me duele insoportablemente ver Mentes criminales. ¿Cómo podía disfrutar antes viendo esos capítulos siniestros y tan malignos?
Mandy Patinkin la dejó porque no aguantaba más el alto estado del mal que representaba.
My name is Iñigo Montoya, you killed my father, prepare to die.
Qué película más hermosa La princesa prometida.
Siempre he pensado que Robin Wright es una de las mujeres más bellas de Hollywood y su interpretación en House of Cards es impresionante. Recuerdo la secuencia de la escalera en uno de los... Es igual. No importa.
Creo que voy a romper más papelitos.
Mientras rompo papelitos, Patty escribe en servilletas notas para conferencias y otros textos de perder.
Los papelitos a veces son originales. Como sus servilletas.
Los originales siempre me han merecido respeto.
A veces romper ese respeto es abrir otra puerta.
La del ahora.



lunes, 24 de julio de 2017

Requiem por una heroina romántica





Enterrar la propia leyenda interna no es tan fácil.
Son lustros de trabajo. De sueños estériles acumulados.
Esa heroina romántica que un día emergió y que se conforma con nada porque nunca la realidad le fue bien. Ella donde se desenvolvía a sus anchas era en el mundo de las ilusiones.
Aún quedan los poemas. Sean del signo que sean son suyos. Es su territorio más querido.
Pero incluso en ellos asoma la sombra de la nueva persona.
Quizás está cayendo la máscara. Tan adherida como estaba a la piel que parecía ya melanina propia.
Vendrán otros tiempos y nunca más se sabrá de su estandarte.
Llega un momento en la vida en que para vivirla con cierta dignidad es imprescindible comprender la honorabilidad de la renuncia. De la despedida.
Todo conocimiento es lucha con algo extraño, dice María Zambrano.
Que hermosa y renovadora la larga tormenta de ayer, ese repiqueteo de tejados y conciencia que se acaba de limpiar con la luna nueva.
Dormir tras la lluvia es nacer a un nuevo día con el pecho vaciado de carga.
Qué pequeña es la vida en el fondo y cómo se abulta, Dios mío.
A poco que podemos nos agarramos a la grandeza propia y ajena, cuando en verdad la respiración tras la lluvia tiene mucho más sentido.
Además por qué siempre un por qué. Un cómo mejor.
¿Cómo has llegado hasta hoy? Es una larga historia, pero voy a tratar de resumirla.
A golpes de suerte, a golpes de golpes y a golpes de caricias y refugios ajenos.
Las manos amigas, las manos de mi madre y las manos de la inmensidad que a veces me han acogido.
Por lo demás, es todo mucho más fútil que una simple palabra.
Seamos más empáticos, a ser posible con simpatía.
Seamos más compasivos, incluso con nosotros mismos.
Verse en el otro, en la otra, darse ese espacio ayuda.
Acoger nuestro pequeño dolor como dolor humano.
Irse yendo de a poco, de día a día, sin hacer ruido, viviendo las cercanías.
Tocar así lo efímero y ser sin más.
Adiós, heroina romántica.
Gracias por lo que me diste.
Gracias por lo que me quitaste.
Adiós, gracias y hasta siempre.

sábado, 22 de julio de 2017

Claro




Recuerdo cuando fumaba.
Hace poco cometí una infracción y fumé. Pero no es lo mismo. No es fumaba, no es he vuelto a fumar, es fumé.
Creo que empecé a fumar por los actores y las actrices de las pelis de los años cuarenta. Cine en blanco y negro.
Me parecían más interesantes. 
Claro, quería ser interesante.
El humo, no sé por qué, entonces me parecía el tul de dioses.
Luego sabes lo que sabes y empiezas a dejarlo.
Siempre pensé que me costaría más dejar el chocolate, el de cacao, que el tabaco.
Así fue. Claro, lo sabía.
Una siempre sabe más de lo que se atreve a confesarse.
Desprende humo el libro de memorias de Patty Smith.
Al menos humo de cafetería, de bares y de calle.
Leo unas páginas de M Train. Las piedras para Genet, en la Guayaba francesa.
Entre el trinar de los pájaros y el de la nevera me sitúo en la mañana.
Sé que todo va a cambiar con un buen café. Seguro, claro.
Ahora es el café es el que me pone on time.
Patty Smith es muy tomadora de cafés. Me encanta que escriba poemas hecatombe (cien versos) en honor de Bolaño y vea series de televisión policíacas y además le hable al aparato como si tal cosa, mientras no entiende por qué no funciona bien el mando a distancia cuando tiene pilas nuevas.
Ah, las pilas, qué mundo, las pilas.
Hace tiempo que sé que quiero cantar. Hace tiempo que compongo canciones. 
Cantar es un derecho, no una virtud. A veces se confunde. Claro, a todo hay que sacarle partido y la admiración ajena contribuye al consumo y a la venta de productos.
Qué pesado todo el mundo con esto de la producción.
Ahora que estoy dando cierres a obras de hace tanto tiempo que ni siquiera sé qué calidad tienen -para que no sigan zumbando en mis adentros- me pregunto de dónde procede mi metabolizar la vida así de esta manera.
Pero de dónde dónde.
El por qué ya me da igual, creo que es una especie de supervivencia.
Tiempo atrás pensaba que me salvaba. 
Quizás no sana culito de rana.
La escritura me pone en la línea recta que es frondosa y por tanto curva.
Es tan raro escribir y que al leer salgan sonidos que entendemos y se llenan de vida. 
Tan alentador.
Vamos haciendo y deshaciendo.
Qué bueno es el silencio de la mañana.
Ahora ladra un perro como en tercer plano.
A veces he creído conocer el lenguaje de los perros.
Es una pasada.
Vaya, la sirena de una ambulancia.
Cómo se agradece un vasito de agua en ayunas antes del café.
Eso también.
Los libros y las libretas desordenadas por el sofá, en el suelo y encima de la mesa me dan tranquilidad.
Vamos a por el café, y a por la mañana.
Vamos y nos quedamos, claro.

Claro.

BSO, Claridad, de Umberto Tozzi.