THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

martes, 15 de enero de 2008

La piel del agua, con el permiso de Ángel González


Escribir un poema: marcar la piel del agua. Acaso Ángel González sabía que los poemas son agua que a veces sala las palabras, a veces dulcifica los dolores y a veces, inocua, actúa a medio camino entre el bálsamo y el látigo. Cuando un poeta muere una flor sufre. Porque los poetas saben del secreto, ese inaudito germen que entre el punto y la coma vierte antiguas sombras como herencia de lo que el ser humano ha ido transmitiendo casi genéticamente.
Este fin de semana algunos amigos se encrespaban ante lo que la poesía transmite. Lo hacían con respeto. Yo es que la mayor parte de la poesía no la entiendo y eso me cabrea. ¿Y por qué entender? Laura Restrepo, en un artículo del suplemento ‘Babelia’ en el que hablaba de la figura de César Vallejo, explicaba una anécdota que creo viene como estatua a un parque. Un indio oriundo del pueblo de Vallejo (Santiago de Chuco, Perú) decía que no siempre sabían lo que querían decir los poemas del poeta pero les llegaban al alma. Y eso es. Mejor no lo podría describir. Llegar al alma.
El poeta formula el alma como algo que existe y eso, a mi entender, es un milagro.
La splendeur de la lune est la fenêtre de ma solitude, mais je sais de la faim de ton coeur.

2 comentarios:

Imaginari dijo...

Yo no entiendo la mayoría de las cosas que me gustan, pero me gustan, es quizá por que no las entiendo por lo que me gustan, cada vez que las leo, miro o escucho les encuentro un significado diferente.

Duna dijo...

Le comenté:
—Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
—¿Te gustan solos o con rimel?
—Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.

Angel Gonzalez