THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

viernes, 18 de abril de 2008

Una interpretación sin paraíso


Al principio fue el paraíso, pero el hombre y la mujer no supieron mantenerse al margen. Después de la manzana fueron privados de todos sus privilegios, se convirtieron en simples mortales. A partir de su expulsión comenzó el tiempo y la historia, porque la historia es el tiempo de un error al que sigue una consecuencia, no siempre despreciable. Al tener que batallar en un mundo donde la sombra de la muerte campa a sus anchas, el hombre se da cuenta de que la mujer tiene un mayor grado de exigencia, un alto sentido de la perfección. El hombre, a menudo unidireccional, no puede mantenerse alerta hacia el detalle tanto tiempo como la mujer, así que echa mano de su herramienta más primitiva, la fuerza. Y con la aplicación de su cualidad más determinante, la fuerza bruta, acalla la voz perfeccionista que una vez salió de entre sus costillas.
Ahora el hombre empieza a darse cuenta de ciertos atropellos del pasado y, en algunos casos, está haciendo un esfuerzo por dominar la fuerza como recurso resolutivo ante el conflicto, aunque fracasa más de lo que nos gustaría. Permite, no sin cierta desconfianza, ya que todavía lleva grabada en la memoria la traición de Dalila, que la mujer vaya tomando posiciones en eso que se llama poder y que en el fondo consiste en tomar decisiones y ejecutarlas.
Observando la realidad una percibe que el hombre no tiene nada que temer porque muchas de las mujeres que van tomado el poder le imitan y las que deberían tomarlo con métodos alternativos todavía se preguntan en la intimidad ‘¿serviré? ¿seré capaz de hacerlo?’.
Esta noche en ‘La nit al dia’ Mònica Terribas entrevistaba a Eduardo Galeano, el escritor uruguayo autor de ‘Las venas abiertas de América Latina’, entre otros. Un señor encantador cuya mirada afilada refleja bondad. ‘Hasta ahora el poder ha sido del hombre, ya va siendo hora de que lo ejerzan ustedes’, dice invitando a su interlocutora que sonríe imparcial, ‘porque en nuestras manos ya ven que el planeta…’.
Algo va a cambiar. Algo cambia. Y no es estética. Una mujer joven, atractiva, seria, camina con paso firme delante de hombres vestidos de uniforme. Está embarazada. Acaba de ser nombrada ministra de defensa. Desde la oposición, otra mujer, odiada por muchos, celebra como uno de los aciertos del presidente el nombramiento de nueve mujeres como ministras.
Si tengo patria, que no estoy segura, es sin duda el refugio de unos brazos de mujer. Porque no hay consuelo más reconfortante que el abrigo de un aliento femenino. Ni guía más comprensiva que la sabiduría de generaciones y generaciones de silencio.

3 comentarios:

Stella Blue dijo...

qué bonito viaje por el mundo que nos has regalado, Paula. Qué bien explicado.

María dijo...

El refugio de unos brazos de mujer es para todos: hombres, mujeres, niños, heteros, homosexuales, jóvenes, mayores...
Refugio y sustento. Sólo hay que mirar alrededor.
Precioso texto.

Anónimo dijo...

Buen texto Paula. Tal vez ha llegado el momento de recobrar cierto espíritu espartano, la única civilización de la historia que consideró al hombre y a la mujer con los mismos derechos a nivel real; sin ir más lejos gran parte de los cargos administrativos estaban en manos de mujeres.

Atiko