THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

jueves, 22 de mayo de 2008

Una yegua mirándose al espejo


Una cuando ve la meta, aprieta. Al llegar se da cuenta de que no es el final. Que después de una viene otra. Y te miras al espejo y lo que ves es una yegua exhausta que asustada pide por favor que no se lleven la zanahoria. Entonces sacas el pintalabios y con esa caída de pestañas que anuncia perdición, te dices a ti misma, sólo ha sido un trote, aún puedo correr más.
Luego por otra parte están los signos metafísicos que atraviesan el tráfico cada mañana. Que eso sí que es poderío. El claxon, el semáforo en ámbar haciéndote dudar, la bicicleta que corre por la acera, el rinoceronte que vocifera porque una chica le da un beso a su pareja al despedirse, el choque de miradas que por narices sólo es un cruce aunque en realidad podría ser el principio de algo, los charcos sin agua, en fin, ese tipo de señales que engullimos pero que no le prestamos atención, como si no fuera con nosotras, cuando en realidad cualquier cosa con la que nos tropezamos nos está lanzando un mensaje. Hasta un calcetín en el asfalto.
Ahora bien, después de la primera decisión del día, el resto cae en cascada. A veces ni siquiera decides, ejecutas. Y claro, cuando ejecutas puedes llegar a guillotinar. Y mejor no entrar en barrena. Que para accidentes los de la tostada con mantequilla boca abajo y tú que no barres el suelo desde el lunes.
La cosa es que te falta algo pero no sabes qué, y mientras vas haciendo, por si acaso se te aparece de golpe y no estás preparada. Porque no hay peor cosa que no estar preparada para aquello que se necesita. Una sugerencia, si eso pasa, bebe agua. El agua siempre limpia.

2 comentarios:

Conso dijo...

Iba a destacar varias frases con las que me identifico tremendamente, pero era casi todo el final del texto. Así pues... a beber agua comno una loca.

Paula Mocinho dijo...

bienvenida al blog, conso, gracias por leernos :) beber agua es de lo más sano que puede hacerse