THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

viernes, 4 de julio de 2008

Gabrielle Anderssen-Scheiss


La gente que acostumbra a correr dice que una vez que atraviesas el cuarto de hora en marcha, el resto de minutos pueden ir cayendo sin sentir tan acuciantemente el esfuerzo. Hace tanto tiempo que no corro que a lo mejor estoy corriendo y no me he dado cuenta. A mi mente acude aquella atleta de la maratón de las Olimpiadas de Los Ángeles que llegó al estadio exhausta, al límite de su capacidad. La suiza Gabrielle Anderssen- Scheiss completó la última vuelta en cinco minutos mientras los médicos la seguían de cerca y al cruzar la meta, ladeada por el titánico esfuerzo, cayó al suelo derrotada en su victoria. Todas tenemos algo de esa épica corredora. A veces ya sólo nuestra voluntad aguanta mientras el cuerpo se arrastra bajo la tozudez de las órdenes que apenas puede cumplir.
Lo peligroso de buscar nuestros límites es encontrarlos. Porque una nunca sabe hasta dónde puede llegar hasta que llega. ¿En qué condiciones? ¿A riesgo de perder la vida? Todos somos corredores de fondo buscando metas que nunca son la meta definitiva, afortunadamente. Y al final seguimos corriendo. Pero de tanto en tanto tenemos que avituallarnos, tomar aire, beber agua, disfrutar de una buena paella, de una conversación reposada con los amigos, hacer confidencias a la luz de la luna, amarnos sin tiempo. En fin, parar. De ahí que en un momento revolucionario de la historia a alguien se le ocurriera proponer las vacaciones. Gracias.

2 comentarios:

Imaginari dijo...

Lo peligroso de buscar nuestros límites no es encontrarlos, sino ver a donde nos llevan.

Paula Mocinho dijo...

pero un poco, es lo mismo, ¿no? el peligro de encontrarlos es que seguramente te van a llevar más allá de lo que una piensa porque el ser humano, se ha demostrado, es capaz de forzar la máquina hasta límites insospechados. cuando los encuentras siempre están mucho más allá de lo esperado. saludos!