THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

martes, 15 de julio de 2008

Hacer feliz a la gente


Creo que una de las metas del arte también debe ser hacer feliz a la gente. Aparte de concienciar o denunciar o mostrar la cara oculta o criticar sin piedad aspectos de la sociedad o buscar nuevos caminos de expresión o llegar a la creación de nuevas formas antes ignoradas o todas esas cosas que el arte en sí significa uno de sus grandes 'leit motiv' debe ser proporcionar ciertas dosis de felicidad. ¿Es la felicidad el destino de los tontos? No necesariamente. Evadirse de tanto en cuando no tiene por qué ser señal inequívoca de adicción, puede ser viaje, escapada, búsqueda, exploración, investigación…
Si dejamos de lado la vida en sí misma, esos momentos de pasión, amor, complicidad, esos momentos de compartir plenamente con otros u otras, hay momentos de felicidad que nos han proporcionado series de televisión, libros concretos, películas en las que descubrimos que no estábamos solas, algunos cuadros, esculturas, obras de teatro... Y todas aquellas personas que con sus invenciones nos produjeron ese estado de plenitud tienen nuestro agradecimiento más absoluto, al menos el mío.
A mí me encantaría hacer feliz con mis creaciones a cuántas más personas mejor. Sin olvidar que el contenido de la felicidad puede que tenga que ver con el placer y cierto tipo de hedonismo pero no es imprescindible. La felicidad puede reconocer aspectos no siempre complacientes. Y es que hay que ampliar el concepto de felicidad. A veces la felicidad del arte ofrece imposibles y otras sencillamente reconoce la realidad y la transforma. Leía el otro día una entrevista de la contra de ‘La Vanguardia’ a Suzanne Vega, la cantautora que se hizo famosa con aquella canción que comenzaba por ‘my name is Luca’ y decía que esa canción llegó a cambiar leyes. Hablaba de un niño maltratado, un niño que era su vecino. Recibió cientos de cartas en las que esa canción dio amparo y comprensión a muchas personas que vivieron esa traumática experiencia. No sé si tiene que ver exactamente con lo que entendemos por felicidad, pero es que la felicidad no es el éxtasis o la euforia, más bien es un equilibrio, una experiencia compartida, una forma de dar, una forma de recibir.

4 comentarios:

Stella Blue dijo...

No sé... Tampoco hay que confundir el placer o la solidaridad con la felicidad. La felicidad no viene de algo externo. La felicidad es de repente oler a romero, o despertar con ganas y sin sueño. Es algo tan intangible y tan personal... Un buen libro puede proporcionarte una burbuja en la que ser "feliz" un tiempo. Pero eso no es la felicidad ¿no? Y que alguien venga y te palmee en el hombro en tus desgracias, tampoco.
La felicidad es sentirme libre, alimentada, sana, amada, descansada, querida, tranquila, satisfecha, realizada y pasármelo muy bien, ¡en vida! No en ficción (que sería el arte)... Pero, hey... Cada uno es como es. Y ya se sabe que luchar por un felicidad real comporta mucho más esfuerzo que engancharse a otra serie de televisión, o pagar una barbaridad por ver en concierto a tu grupo favorito, o apostar por un buen coche que te proporcionará esa "sensación de libertad".

María dijo...

Para mí el arte es belleza. Ver, sentir, escuchar...algo bello, da felicidad.
Y, como el arte suele unir sensaciones y sentimientos, también ha de servir para cambiar el mundo.

Insonrible dijo...

Me gusta tu concepto de felicidad porque es generoso. Me parece de lo más hermoso del mundo (en este mundo egoísta):quieres hacer feliz a la gente con tus creaciones.

¡Manos a la obra! (nunca mejor dicho).

Paula Mocinho dijo...

stella, yo hablaba de la 'felicidad' que puede y, para mí, debe ocasionar 'la cosa artística' que más bien tiene que ver con momentos que con estados permanentes. pero como el tema es muy amplio y claramente discutible y aquí está tratado de una forma parcial, te emplazo a un café y una charla. mua!
maria, no sé si el arte puede cambiar el mundo pero sí creo que contribuye a transformarlo
insonrible, gracias! a ello voy!