THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 14 de octubre de 2009

¿Acaso sirve para algo?


Una vez escrito lo escrito todo parece definitivo y nada más lejos de la realidad porque todo se puede borrar, cambiar, moldear, tunear. Lo malo es el miedo a volver a tenerlo todo en blanco, a desestructurarlo, a que si se cambia pierda el sentido. No es lo mismo escribir sobre texto que sobre blanco, eso también es verdad. Escribir sobre texto es hacerlo sobre una vida inútil, escribir sobre blanco es crear esa vida inútil. ¿De dónde viene esa necesidad de metabolizar la vida en un papel? ¿Por qué no vivir las cosas tal como vienen sin mediatizarlas? ¿Será que a veces la vida nos parece desangelada y tratamos de explicarla? ¿O tal vez nos parece tan buena que ansiamos retenerla? ¿Se escribe desde la vida, desde la muerte o desde el limbo de lo que no existe? Tal vez me he pasado con eso de la vida inútil. En realidad es muy útil porque nos ayuda a comprender lo que nos pasa, porque nos entretiene, nos inspira y hasta nos abofetea si es necesario. Y a veces parece tan real que se escribe sobre lo que se lee y una se vuelve loca, como nuestro moderno Don Quijote. Primero ese rechazo de la vida mediatizada, después esa huída hacia la vida real para volver luego cuerdo y sereno a morir en una cama cercana a donde se quemaron tantos y tantos libros.
Los mundos que no existen provocan locuras. El escritor omnipotente que todo lo sabe genera un monstruo de siete cabezas, una para cada plano de la realidad, dependiendo de la naturaleza de lo escrito. Y luego el escritor mediocre que sabe que lo es y que navega a la deriva entre su deseo de seguir construyendo frases sin sentido, sin vida, sin tuétano, y la renuncia. Pero, ¿cómo renunciar al mundo visto desde otro mundo? No se puede, una se engancha a vivir a través de la palabra y ya nada es igual. Es una adicción igual que cualquier otra, una droga igual que cualquier otra, sólo que esta te provoca fantasías. Eres como ese buscador de oro que baja cada día al río a buscar las pepitas que lo habrán de sacar de la pobreza. Nunca encuentra pero eso no quiere decir que vaya a cejar en su empeño de seguir buscando. Algo dentro de sí mismo le dice que un día no sólo el sol brillará.
Y de fondo la misma pregunta de siempre: ¿acaso sirve para algo todo esto? Por más que nos respondamos nunca llegaremos a una respuesta satisfactoria. No existe. Existen textos que lo explican pero no existe la satisfacción que nos consuele en nuestra soledad.

2 comentarios:

Gina Lis dijo...

Lo que sirve es ser feliz. Y escribir desde la felicidad es más difícil.

Paula Mocinho dijo...

de hecho, querida gina, la felicidad tiene fecha de olvido. y no sólo eso, la felicidad se inventa, sobre todo cuando formateamos el pasado a nuestro guste y disfrute.
lo cierto es que se escribe desde donde se puede, que no es poco.
un besote