THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

sábado, 5 de diciembre de 2009

Crear, cobrar y desaparecer


En la vieja Europa, en Norteamérica y en los países emergentes la comodidad ha introducido factores que alientan cada vez a más personas a la creación artística. Crear se ha convertido más allá de una necesidad en una exhibición. Curiosamente la comodidad de lo que llamamos sociedades avanzadas vuelca su insatisfacción incómoda en sus creaciones y expresiones artísticas.
Es lícito que el artista pretenda vivir de su obra aunque la mayoría no lo consigamos. Con la llegada de Internet y las nuevas tecnologías cada vez hay más gente que comparte su obra esperando el reconocimiento de sus semejantes. Pero, ¿cómo afecta esto a la industria que agrupa algunos artistas y que hasta ahora ha generado empleo y redes reales de trabajadores? ¿Está, por poner un ejemplo osado, Hollywood amenazado de muerte? Los sueldos desorbitados de las estrellas generan sin duda poca confianza en aquellos que creen tener derecho a ver lo que otros han creado desde un oficio y trabajo.
El Roto publica hoy en ‘El País’ una viñeta significativa. Un hombre con chapela y pipa hojea un libro. Sobre su cabeza puede leerse ‘quieren que toda creación artística sea gratis porque en el fondo creen que no vale nada’. ¿Condena la globalización artística internáutica al artista a crear en sus ratos libres mientras el sueldo que lo mantiene proviene de eso que algunos se empeñan en llamar trabajo? Como si el ejercicio de la creación no lo fuera: un trabajo que el artista, si lo es, no puede rehuir porque se le aparece cual revelación y se apodera de todo él obligándolo a parir.
Estoy de acuerdo en que Internet ha promovido fenómenos musicales que de otro modo hubiera sido difícil de descubrir. Ahí está el provocador Porta, por poner un ejemplo, aunque no sea el que más me gusta. Y parece obvio que la red iguala a todo el mundo y hace que cualquiera acceda a cualquiera. Lo cual me induce a pensar que al final los espectáculos en vivo son los que salen ganando. El teatro, por ejemplo, o la música, pueden salir reforzados. La industria musical, si es que existe, parece condenada. Al igual que el cine sufrirá las consecuencias inevitables de todos aquellos que se conforman con ver las películas en una pantalla de ordenador. Las nuevas tecnologías avanzan tanto que puede que dentro de unos años seamos capaces de hacer una película de cierta calidad con mucho esfuerzo y sudor y lanzarla sin ayuda de las distribuidoras a la red.
Ante toda esta marabunta que no logro centrar demasiado bien, puesto que tengo posiciones encontradas con respecto a lo que acabo de exponer, parece que los gobiernos están dispuestos a legislar para proteger. Y ya se sabe que cuando el Estado interviene lo difícil es que acierte a gusto de todos. Se dice que está en peligro la libertad de expresión, pero parece claro que nadie debería lucrarse con algo que no ha producido mientras que los que han realizado el producto ven cómo su entramado laboral desaparece. Lo que también parece claro es que si los dinosaurios desaparecieron tras millones de años en la tierra, ¿qué no puede desaparecer con el avance de los tiempos?
Mientras tanto, esta noche voy al teatro.

2 comentarios:

Ave dijo...

Te aplaudo con las orejas incluso. Yo también he escrito sobre esto, y estoy absolutamente de acuerdo contigo.

Paula Mocinho dijo...

gracias, ave, es un tema complicado con muchas aristas.
un besote!