THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

sábado, 13 de marzo de 2010

Lo que nunca muere: la tía Julia y el escribidor Delibes


‘La tía Julia salía siempre, a almorzar o tomar té, con sus numerosos pretendientes, pero me reservaba las noches. Íbamos al cine, en efecto, a sentarnos en filas de atrás de la platea, donde (sobre todo si la película era muy mala) podíamos besarnos sin estorbar a otros espectadores y sin que alguien nos reconociera’, pag 111 de ‘La tía Julia y el escribidor’, edición Biblioteca de Bolsillo, Seix Barral. Como antes ponía mi marca en todo libro que compraba o me regalaban o conseguía, sé que de éste va a hacer en abril 14 años que lo adquirí. ¿Qué decir del placer que supuso para mí la lectura de esta maravillosa novela a caballo entre la ficción y los recuerdos del propio escritor Vargas Llosa? Maestría. Tan real fue para mí el amor secreto entre ese joven aspirante a escribidor y la tía Julia como Pedro Camacho, ese hombre embebecido por la fiebre de escribir ficción, radionovela. Pues bien, ayer quisieron hacerme creer que la tía Julia ha muerto, ni modo. Murió la mujer bellísima que la inspiró, esa mujer a la que el mismo Mario Vargas Llosa dedica la novela: ‘A Julia Urquidi Illanes, a quien tanto debemos yo y esta novela’. A raíz de una telenovela basada en La tía Julia, la mujer quiso dar su versión de los hechos y escribió ‘Lo que Varguitas no dijo’, libro publicado en 1983 del que yo ignoraba su existencia, de haberlo sabido cuando leía el libro original hubiera intentado conseguirlo. Parece que fue una mujer elegante y con recursos personales, que trabajó durante muchos años como jefa de protocolo del Ayuntamiento de La Paz, que si se salió de las líneas que marcan una caligrafía políticamente correcta sólo lo hizo en ese libro donde explicaba la historia desde su lado. Fumadora empedernida, la muerte le ha alcanzado a los 84 años en Santa Cruz (Bolivia). ‘Yo lo hice a él. El talento era de Mario, pero el sacrificio fue mío. Me costó mucho. Sin mi ayuda no hubiera sido escritor. El copiar sus borradores, el obligarlo a que se sentara a escribir. Bueno, fue algo mutuo, creo que los dos nos necesitábamos’, concedió en una entrevista a un periódico local de Santa Cruz. Y el escribidor la inmortalizó.
El hombre Miguel Delibes también ha muerto. Uno de los grandes escritores de lengua castellana que, contaba ayer su editor catalán (Destino) con el que publicó todas sus obras menos una, iba por los rincones de Castilla recuperando el habla popular y aquellas palabras que vivían escondidas en las conversaciones de esos pueblos que difícilmente son noticia a no ser que la catástrofe se atreva a tocarlos. Autor de tantos libros… ‘El camino’, ‘Las ratas’, ‘Cinco horas con Mario’, ‘El hereje’, ‘La sombra del ciprés es alargada’, ‘Los santos inocentes’ (¿Quién no se acuerda de ‘Milana bonita’?) o ‘Señora de rojo sobre fondo gris’, por citar unos cuántos de los muchos que incluye su trayectoria literaria. Muchas de sus obras adaptadas al cine o al teatro. Mítica es la función de Lola Herrera y sus ‘Cinco horas con Mario’ que estuvo más de diez años dando vueltas por los teatros del país, quién sabe, igual ahora la recupera.
Una musa y un escribidor, cada una a su manera, contribuyeron al capital de la literatura universal. Mientras nosotros sigamos aquí, ellos permanecerán en nuestra memoria literaria, que es esa memoria que hace que la otra esté completa.

2 comentarios:

Nuria dijo...

Qué lindo tu homenaje a esta pérdida irreemplazable.
Gracias.

Paula Mocinho dijo...

Gracias a ti por pasarte por aquí y comentar.
Un abrazo