THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

martes, 13 de abril de 2010

Post data: con todo mi desamor


Cómo hemos cambiado durante todos estos años en nuestra imaginación. A veces los reencuentros no son buenos, sólo sirven para amargar el recuerdo. Y más vale un bonito recuerdo en mano, que cientos de reencuentros volando.
Además, qué ganas hay de ir retocando el pasado. El pasado ahí está, viendo pasar el tiempo. No hay que alimentar los deseos no cubiertos tiempo atrás. Mejor subir en procesión y rezando a algún lugar sagrado, pero sagrado de verdad, no sagrado por intocable, que es como acostumbran a ser los recuerdos de aquellos amores que no pudieron cumplirse en la realidad.
¿Y por qué te escribo todo esto hoy? ¡Ah, sí, porque ayer te vi en la calle Pelayo! Eras tú seguro. Me juego el aguinaldo. Ibas cargada de cajas y una se te cayó. Corrí hacia ti y te ayudé a formar de nuevo el castillo que sostenías en las manos. Me diste las gracias como si tal cosa, no me reconociste. Y eso me alivió, porque de lo contrario tendría que haberte contado qué ha sido de mí durante todo este tiempo y te hubieras dado cuenta de que no me ha pasado nada que valga la pena aparte de nuestro fracaso estrepitoso como pareja. Pero era de esperar, siempre te conmovieron los hombres y sus minúsculas obsesiones. Éramos jóvenes. Y tú claro, estabas experimentando. Y yo claro, estaba experimentando. Pero el experimento produjo algunos desajustes en el cálculo de las probetas. Qué más da, ¿no he empezado esta carta escribiendo que más vale un recuerdo bonito en mano que cientos de reencuentros volando?
¡Coño, que no fue tan bonito! ¡Que me dejaste por teléfono! ¡Que no respondiste nunca a una de mis cartas! ¡Coño que no me reconociste el otro día cuando te di la caja en la calle Pelayo! ¡Que es muy fuerte, Teresa, que es muy fuerte!
Sí, he sabido de ti por otra gente. Sí, que te casaste con un ingeniero aeronáutico y tienes dos niñas. Muy monas, por cierto. Me enseñaron una foto, no creas que las he buscado y las he ido a esperar a la puerta del colegio, hasta ahí podríamos llegar. Pisito en el Eixample. Gimnasio a diario y atacada de los nervios como siempre porque no llegas, no llegas, no llegas. Y más cosas que me han contado.
En realidad yo te escribo para decirte que te pudras en tu vida burguesa de seis cubiertos, que el tinte te deje al descubierto tus raíces blancas aunque te pongas dos botes, que tu marido se vaya siempre con otras porque ya no le gustas en la cama y que cuando seas tan vieja y estés tan cansada como estoy yo ahora mismo, te acuerdes de mí, como la única persona que se atrevió a llevarte la contraria.
Ya sé que no me vas a contestar, pero descuida, que soy inofensiva, que tus niñas son simpáticas pero no tengo vocación maternal yo, ni de secuestradora, sólo fue por ver qué tenían de la madre y qué del padre. Y si contestas, probablemente yo ya no estaré aquí. Me habré ido. No, no alucines, nena, no voy a suicidarme y menos con valor retroactivo, sólo faltaría eso. Me voy de viaje al extranjero, que es algo que siempre he querido hacer, y no voy a volver a pisar este país insulso en lo que me queda de vida.
Te escribo para decirte adiós, en todos los sentidos.
Definitivamente mía,
Emilia

Post data: en la caja que te devolví aproveché para dejarte un recuerdo, espero que te guste, lo hice con todo mi desamor.

4 comentarios:

guada dijo...

más real que las peliculas edulcoradas made in Hollywood, muy realista, me ha encantado
buen viaje
saludos

Paula Mocinho dijo...

es lo que tiene la ficción que muchas veces es más verosímil que la realidad...
gracias por comentar!
saludos afectuosos,

Ave dijo...

Es que todas hemos sido un poco emilias en algún momento de nuestra vida, ¿verdad? ;-)

Paula Mocinho dijo...

Jajaja... Gracias por comentar, Ave! Un besote!