THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La brevedad de septiembre y esa melancolía


Septiembre es el mes más corto de todo el año. Pero no porque tenga treinta días. Hay otros meses como junio o abril que también tienen treinta días o incluso el breve febrero que tiene 28 días para alegría del trabajador, me abstendré del año bisiesto ya que sigue siendo más breve que el resto; qué tiempos aquellos en que se miraba el calendario con ojos de entusiasmo para contabilizar los días que íbamos a librar de la oficina, de la redacción, de la estafeta o de la cadena de montaje. Aunque bien mirado, tampoco los echo de menos. Sin embargo, me molesta que septiembre sea tan volátil, tan vertiginoso hagas lo que hagas. Pasa en un suspiro, cuando te quieres dar cuenta ya estás a caballo del uno de octubre, no te da tiempo a disfrutar del último aliento del verano que llega en Barcelona, con fresco, humedad, más calor y los primeros constipados y congestiones de la temporada.
Y este septiembre a la vez agotador por las múltiples tareas que se le imponen a un culo inquieto como el mío, se desvanece ya, apenas una semana más y cabalgaremos en el interior del otoño, que es, según el momento que viva, mi estación preferida. Todavía se suceden las pequeñas conversaciones, casi tertulias, entre amigos y amigas en las terracitas de las calles peatonales donde opinamos sobre lo que está pasando en nuestro mundo. Estamos tan entretenidos por la inmediata supervivencia de lo que consideramos propio e inasumible como pérdida, es decir, que a nuestra cotidianidad le falten algunas ventajas a las que nos duele mucho decir adiós, que no vemos el sentido del conjunto.
En otra reunión del fin de semana, con amigas y amigos que tienen dignos y meritorios trabajos y que, hasta ahora, parecen no peligrar, hablábamos de la falta de sentido que tiene nuestra sociedad sobre lo que implica la palabra 'ciudadanía' y más allá aún la palabra 'colectividad'. Y si nuestra sociedad adolece de este sentido, ¿cómo los partidos que se organizan en sistemas verticales jerárquicos y que se supone que nos representan van a contener estos principios transversales?
Aunque he dejado de ver las noticias televisivas, todavía algunos días por la noche, engancho alguna tertulia de intelectuales, periodistas y lo que se supone son librepensadores. Y me hace gracia comprobar un argumento que llevo tiempo escuchando en este tipo de programas, ya sean radiofónicos o televisados, incluso en algunos medios escritos: 'la falta flagrante de liderazgos consistentes en la política española y global'. Incluso se les suele ocurrir algo que a mí me parece alucinante: un sentido de la épica. Pasando luego ya a reclamar a los más preparados, tecnócratas que opinarán lo que es más conveniente para salir de la situación que vivimos, más allá de la ideología, ¿será también más allá de las personas?. No estoy segura de que lo que le convenga al sistema le convenga también a la ciudadanía, deberían explicármelo bien explicado. Por último, el Sr. Muns, catedrático emérito de economía de la Universidad de Barcelona, hablaba de lo que buscan los mercados y decía que los mercados son racionales y lo que esperan de la política económica de los países es 'seriedad'. Al menos el hombre se expresaba en términos que se pueden entender. Lo que yo me pregunto es ¿cómo va a haber seriedad en un sistema democrático en el que nos hemos pasado casi la totalidad de la legislatura escuchando casos de corrupción? Tanto en España ambos partidos mayoritarios como en Catalunya, señor Millet y compañía.
A mí, a nivel personal, me parece que la mayor seriedad radica en la palabra que uno da. Una persona que no tiene palabra no es seria aunque firme mil contratos. Y la impresión que causan la mayor parte de sociedades es que no tienen palabra porque el político se ha acostumbrado a, como poco, decir medias verdades u obviarlas del todo por intereses de partido o electoralistas; estoy siendo buena omitiendo la palabra mentira. Empezando por los de arriba y acabando por los de abajo. La gente ya no se fía de nadie y menos de los políticos. Más que probablemente habrá cambio en el gobierno central y entrarán 'los otros', pero no querrá decir que esperemos de ellos grandes cosas, sino que necesitamos creer desesperadamente que 'esos otros' harán algo. Y seguro que algo harán, desde luego menguar las libertades en derechos civiles y algunos logros sociales que derogarán por el bien de no se sabe qué; lo siento, soy pesimista. Aquel escepticismo brutal que algunos de nuestros padres mostraban cuando éramos pequeños como una letanía barata y nosotros, sus hijos, nos negábamos a creer porque éramos la primera generación democrática aunque hubiéramos vivido cinco o seis años de infancia bajo el mandato del dictador, ya decrépito y bastante acabado, corre como la pólvora y se difunde en el pensamiento general: 'todos van a llenarse el bolsillo' ¿Y a qué demonios ayuda este pensamiento, perdón, ya creencia popular? A nada bueno, al sálvese quien pueda, a yo salvaré mi culo y tú ya te apañarás, a anular el poco sentido de la colectividad del que hablaba unas líneas más arriba. Al final la historia que estoy desentrañando, no sé si bien, mal o qué, me recuerda una frase de una comadre mexicana a la que quiero un montón: 'aquí el buen político es el que menos roba, el que aún robando, más invierte en lo público'.
De todos modos, lanzo desde aquí mi actual nulidad para entrever alternativas, propuestas que ayuden a una renovación, a una deseada reevolución, a la recreación de un sistema más justo, más equitativo, un sistema en el que ahora una persona puede tener dos edificios y ocho casas y otra esté en los comedores sociales pidiendo un plato de comida, una sociedad más equilibrada no solo para nosotros los occidentales sino para todos aquellos que viven bajo las consecuencias de nuestra codicia. Una sociedad en la que un ciudadano que tiene dos pisos y la casa del pueblo llegue al notario y este le diga, paga el impuesto de patrimonio porque no tienes manera de escaparte y, en cambio llegue otro y le diga tengo dos edificios y diez pisos y el notario le diga, no te preocupes, esto lo podemos arreglar.
Resulta hasta simpático que los cuatro o cinco países emergentes, antes habitantes como mínimo del segundo mundo, por no decir del tercero, se estén aliando para 'ayudar' en la compra de deuda europea. Países que siguen teniendo desniveles sociales notables, como es el caso de Brasil, por ejemplo, pero que ahora pueden invertir en aquellos que un día llegaron a 'gobernarlos' de una manera u otra. Aunque, como observaba el otro día un columnista del cual, perdonadme, no recuerdo el nombre, no es lo mismo un pobre callejero de Barcelona que un pobre de Somalia. Claro que pensamientos como este llaman a la conformidad, según como se miren. En fin.
Creo que estoy tardando mucho más de lo habitual en publicar posts en este blog que ya tiene sus añitos porque queriendo ir hacia lo creativo y no hago más que desviarme por autopistas que, en verdad, confieso que no tengo ni la más remota idea de si las conduzco con cierta razón o me dejo llevar por una especie de nihilismo que me incomoda. Porque si no quedan políticos con carisma y liderazgo, decidme si existen pensadores, intelectuales, periodistas que ofrezcan algo más allá de la crítica constante y la decepción diaria. ¿Tienen ellos perfiles de liderazgo como para que nos fiemos de sus soluciones y opiniones si tuvieran que dar un paso al frente?
También es verdad, como observaba anoche una amiga, que todos los tiempos tienen sus momentos apocalípticos y éste es otro de ellos. La pregunta es: ¿debemos preocuparnos? Porquealgunos de nuestros mayores opinan que tras el fracaso de la política llega el caos y con el caos reaparecen las dictaduras y los populismos baratos. ¡Ay, cuántas cosas leo y escucho y qué cóctel molotov provocan en mí, my God!
Sin embargo, aquí un leve rastro de mi melancolía porque septiembre se acaba y las mocosidades avanzan.

4 comentarios:

Eva Hibernia la peregrina dijo...

querida mociño,
he disfrutado, como siempre, de su entrada. Sólo tengo una observación para mis pobres ojos miopes, ¿puede publicar con una letra más grande? Seguro que hay regaderas para llover sobre las letras y hacerlas crecer en las macetas de estos artículos que han comenzado su floración otoñal. mil graciaaas

Paula Mocinho dijo...

Tiene usted toda la razón del mundo en cuanto al cuerpo de letra, pero el nuevo diseño de blogger me tiene algo despistada. Investigaré, no se preocupe. Un saludo de lo más afectuoso!

Requeté dijo...

¿Y no cree que se ha hecho un pequeño lío con los años bisiestos?

Paula Mocinho dijo...

Jajaja... Tiene usted razón, ahora que lo pienso va a al revés, el año bisiesto es el de 29 días y el habitual el de 28. Gracias, Sr. o Sra Requeté, ahora mismo lo corrijo... ¿Mejor, no? Siga usted corrigiendo eh, no lo deje... Un saludo afectuoso