THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 17 de marzo de 2010

Cosa de escritura y amistad y otras vaguedades


‘Escribir es ordenar los cajones’, dice Arturo Pérez Reverte en una entrevista que escucho en COMRàdio. También le leí una vez que ‘la guerra es el estado natural del hombre’, lo digo porque decir dice muchas cosas. No soy lectora suya, aunque recuerdo particularmente ‘Territorio comanche’ y ‘La reina del Sur’, sobre todo ‘La reina del Sur’, que me pareció un novelón. Debe ser que no soy de novela en contexto histórico, me gusta que hablen del hombre y de la mujer actuales; sí, es verdad que los grandes escritores, sean de la época que sean, hablan del hombre atemporal, del hombre moderno y que por eso son clásicos, pero ya me entendéis. Ahora promociona su nueva novela. Le presto mucha atención cuando casi escandalizado critica a aquellos autores o autoras que se atreven a escribir sin haber leído a Balzac, Chéjov, Homero, Proust, Dumas, Dowstoieski, el siglo de Oro, etc… Y entonces pienso, igual por no haberlos leído a todos todos es por lo que no consigo acabar alguna de las novelas que tengo empezadas. Debe ser eso, el efecto paralizante de los clásicos, de esos clásicos.
Siempre digo que escribo más de lo que leo, en proporción. Por lo que intuyo nunca seré una buena escritora. Todos los escritores y escritoras se manifiestan con vocación más de lectores que de escritores y todos tienen senda carrera literaria. Desde luego hay que leer. Imprescindible para encender el fuego. Cada día antes de empezar este pequeño escrito, me atalayo con un par de pilas de libros que ojeo. Véase los últimos de ensayo, Susan Sontag, María Zambrano, Rafael Argullol. Véase los últimos de poesía, Gloria Fuertes, Cristina Peri Rossi, Jaime Gil de Biedma, Wislawa Szymborska, J.R. Jiménez, Rimbaud, Machado. Picoteo.
Luego Pérez Reverte también habla de la humildad con que se debe abordar la escritura, y del oficio, sobre todo del oficio. Recuerdo cuando leí con verdadera fruición el primer diario de Anaïs Nin, cómo describía el empeño de Henry Miller por convertirse en un escritor deífico al estilo de Dowstoieski y cómo el escritor americano decía que para ser escritor al menos hay que escribir cada día cinco páginas. Durante una época seguí el consejo, cosa que un día, no recuerdo cual, abandoné. Pero hay que decir que también se escribe con la cabeza, se elabora en la imaginación y es en el papel donde se pare, de ahí que sea necesario ordenar los cajones.
Anoche quedé con mis buenas amigas Gina y Diane, grandes lectoras y, como siempre, fue un encuentro maravilloso al que no le faltó su poquito de lágrima, su poquito de drama, su poquito de radioterapia (terapia que elimina nuestros patrones cáncer) y su muchito de risa, y es que no hay nada más hermoso que la risa con las amigas. Y en algún momento dije alguna de mis ‘mocinhadas’ que inmediatamente me hicieron apuntar. A veces lo que hago cuando se me ocurren frases ingeniosas es que las dejo en remojo en mi cerebro y si sobreviven entonces las escribo, sino es que no merecían sobrevivir. Aunque si son buenas buenas normalmente regresan otro día.
Mantengo la teoría de que la escritura tiene mucho que ver con la amistad, otro día la explico.

2 comentarios:

Morgana dijo...

Magdalena de Santiago y su célebre -y certera- frase. Escribir también es, por tanto, arder sin remedio.

Un saludo.

Paula Mocinho dijo...

Me encanta, Morgana, muchas gracias por tu aportación!