THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

viernes, 9 de abril de 2010

El mando a distancia


Un día le oí decir a un intelectual insigne de la sociedad civil catalana, notario para más señas, que la justicia, la educación y la sanidad son los pilares básicos sobre los que se sedimenta todo lo demás. Y realmente este triunvirato es esencial para el crecimiento sano de un país. Pero suceden cosas que llaman la atención sobre este sistema básico. Padres que amenazan y pegan a los profesores que viven presos de una sociedad que en lugar de entender modernidad entendió desfachatez. La sanidad en algunos lugares de la geografía española ya es concertada, privando por encima del cuidado la rentabilidad, mala cosa; turnos de médicos inacabables, saturación en las habitaciones, servicio sobre costes mínimos, en fin. Y la justicia, con esos dejes franquistas que todo el mundo aceptó en esa transición modélica que viví a una edad temprana pero que regularmente siempre hay alguien que se encarga de recordarme lo buena que fue para el país y lo bien que fundamentó las bases de lo que ahora tenemos. No es que yo esté a favor de la venganza instrumentalizada a través de la justicia, eso es un grave error, pero estoy en contra de la impunidad. Cualquiera que haya hecho algunas sesiones de terapia sabe que las cosas tienen alguna oportunidad de curarse y restituirse cuando se le ponen nombre; no etiqueta, nombre. Llamemos pues a las cosas por su nombre. Dictadura, asesinato, represión, ausencia de crítica, involución, pensamiento único, ignorancia, miseria.
Alguien llamado Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional, viendo sus actuaciones, ha tenido la obsesión por demostrar que la justicia española no aguanta la impunidad. Véase casos Pinochet, Eta, corrupción (tanto del PP como del PSOE) y franquismo. Se le ha acusado tanto de megalomanía que es posible que el juez, hombre al fin y al cabo, tenga algo de ególatra, pero no creo que haya que entrar en valoraciones particulares porque no se trata de eso. La clave de la cuestión es que el juez se ha extralimitado en sus competencias. A mí, de entrada, me suena raro, un tipo con su experiencia y su currículum, puede jugar al límite de lo permitido, pero ¿saltarse a la torera las normas al punto de que se le pueda acusar de prevaricación, sabiendo como sabe, las ganitas que le tienen algunos y algunas? Es cierto que el instructor del Tribunal Supremo, Luciano Varela, es de los jueces considerados progresistas y parece que amigo del propio Garzón, bueno, no sé yo ahora cómo andará su relación personal. Pero ¡qué sospechoso que la querella venga por intentar sentar en el banquillo de los acusados al franquismo y sus firmantes sean el sindicato ultraderechista Manos Limpias y Falange Española! Parece que también existen unos pagos del Banco Santander para costear unos cursos en Nueva York, eso saldrá más adelante aunque ya se ha apuntado ahora. Si realmente Garzón se pasó de listo, ¿quién recoge el relevo? Quiero decir, ¿quién va a acusar el franquismo para que sea condenado judicialmente? ¿Quién se va a atrever a ajusticiar internacionalmente a monstruos como Pinochet que murió tan pichi en su cama pero al menos alguien le dijo lo que era a la cara? Un tipo incómodo, el Garzón éste, y vivimos en una sociedad en la que no se perdona la incomodidad, una sociedad para la que todo tiene su mando a distancia, afortunadamente todavía hay personas que accionan su voluntad sin contar con la presión de un botoncito, lástima que cada día queden menos y ya toda la manada sea un rebaño de ovejas robóticas.
Por cierto, ¿dónde acaba el tráfico de influencias que todo el mundo práctica en el poder y empieza la corrupción? Próximamente en las pantallas de sus ordenadores.

2 comentarios:

Gina Lis dijo...

¡Muy bueno!

Paula Mocinho dijo...

¡Gracias, Gina, te echaba de menos estos días!