THE LESBIAN SISTERS

THE LESBIAN SISTERS
Fotos de Eugenia Gusmerini

miércoles, 12 de enero de 2011

Mejor escuchar


La miraba. Me detenía en cada rasgo y la imaginaba en contacto con mi piel. Lo cierto es que no me interesaba demasiado su conversación. Desde que había despertado a la carne no tenía otro interés que sentir cerca de mí a alguna persona que me gustara. De tanto en tanto asentía con la cabeza. Lo que más me gustó fue su sonrisa. Y sus tetas, lo reconozco. En realidad hacía ya mucho rato que todo a mi alrededor había dejado de emitir sonidos. Tan sólo estaban los gestos y movimientos de la chica y mis pensamientos.
- Entonces le dije, eso que haces no es nada honesto, tendrías que decírselo claramente.
Esta fue la primera frase que escuché cuando le puse volumen a la escena y es que tenía que escucharla un poco si quería tener algún tipo de conversación en las próximas horas. Sabía de las cosas que le gustaban porque la noche que nos conocimos ya me habló mucho y me hizo reír con sus comentarios naïfs. Su sentido de la vida no dejaba de ser un poco bamby.
- Oye aquí hace mucho calor, además me gustaría fumarme un cigarro, ¿te parece si te pides el postre y luego la cuenta?
La debí de interrumpir en alguna cosa importante porque se me quedó mirando como si acabara de tener una falta de sensibilidad enorme cortando el hilo de aquella confesión.
- Perdona, es que no me encuentro demasiado bien –dije para disculparme. En realidad tenía fiebre, pero no la fiebre que conduce a una enfermedad médica.
Amalia calló. Se mantuvo callada durante un buen rato. Trajeron su tiramisú y creí que no se lo comería, pero tras una primera duda cogió la cucharilla y se puso manos a la obra. En un gesto coqueto me dijo que abriera la boca y cerrara los ojos. A mí el dulce no me gusta, pero claro, aquella invitación era una clara obertura al mundo de la sensualidad, así que no debía desaprovechar la ocasión.
Salimos a la calle y miré el cielo. La luna estaba a punto de completarse, tal vez en tres o cuatro días estaría llena. No se sabe por qué misterio, Amalia seguía callada, cosa que agradecía. En un acto un poco atrevido le cogí la mano. No se quejó, al contrario, sentí cómo la apretaba con cierta ternura.
- ¿Me acompañas a casa? – me preguntó
Dimos un paseo en silencio hasta Aribau con Diagonal. Cuando llegamos a la puerta, Amalia tiró de mí y nos dimos un beso intenso que a poco más y me deja fuera del globo terráqueo. Estaba claro que la chica sabía besar. O eso, o que yo hacía tanto tiempo que no besaba a ningún ser humano que el sólo contacto con una lengua ya me había noqueado. Pensé que me iba a invitar a subir a su casa, pero se separó de mí, me sonrió y me dijo: llámame, por favor.
Supe que debí haberla escuchado durante la cena porque me había perdido algo. Sus expectativas no habían coincidido con las mías. ¡No quería una novia!
Nunca la llamé, pero desde entonces cuando tengo una cita con una chica, me aplico mucho en escucharla, no vaya a ser que me pierda algo importante.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Guau!sempre queda un passeig, un sopar, veure el mar, anar al cinema, una amistat...

Paula Mocinho dijo...

Sí, sempre queda la vida...

Butaques i somnis dijo...

Hahaha, doncs si sempre és millor escoltar malgrat que tinguis impediments...
M'ha agradat el teu relat... no m'ha passat mai això de no escoltar, tot i que molts cops estaria bé per no haver de sentir a cert(e)s plastes...

Paula Mocinho dijo...

Només es fantasia, però si, a vegades et trobes a cert/es plastes que més valdria desconnectar, jejeje