THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

martes, 5 de abril de 2011

Las consecuencias de la ola


Anoche enganché en La 2 'La ola', una película alemana muy interesante que vi en el cine hace dos o tres años y me gustó mucho. En la semana de proyectos de un Instituto, a un profesor le toca impartir 'Autocracia'. Ante el hastío de los alumnos y alumnas sobre el tema del nazismo y la afirmación categórica de uno de ellos que una cosa así ya no podría volver a pasar en Alemania, el profesor empieza un juego de terribles consecuencias, demostrando así que en una sociedad que ha perdido los valores, donde campa una gran insatisfacción y donde la solidaridad brilla por su ausencia, el fascismo puede extender sus tentáculos mucho más fácilmente de lo que pensamos.
Siempre me han asustado los proselitismos, la fuerza de la masa, pero a la vez reconozco que añoro una causa común, una unidad, un algo que nos convierta en seres motivados en construir un mundo mejor que dejarles a las generaciones venideras. Sin embargo, los riesgos son grandes. Las ideologías que motivan al individuo a priorizar el grupo son tendentes a la anulación de la personalidad. No me gusta la disciplina que imponen los partidos donde van todos a una y las voces disidentes se silencian o se expulsan porque de lo contrario los mismos medios critican el desorden interno. Hasta ahora no hemos inventado nada mejor que la fuerza del líder seguida por su grupo expandiendo su manto hacia el resto de la sociedad para hacerse con el poder, bajo la premisa inocente de hacer lo mejor para el país. Esto más o menos sucede en una democracia.
Viví desde un medio de comunicación el ascenso y elección de Obama y, a pesar de mi inicial simpatía por Hillary Clinton, me rendí ante la oleada de esperanza e ilusión que la candidatura de Obama cosechó, no sólo en su país, sino en el resto del mundo. Las expectativas eran tan gigantescas que cualquiera podía ver que nunca llegaría a igualarlas, que a medio plazo estaba condenado al fracaso, a la decepción. El 'Yes, we can' nos dio fuerza a todos, se parecía a aquel 'People got the power' que se cantaba entre los sesenta y los setenta, cuando los sueños eran todavía posibles. Justo el mismo lema que aparece en la foto de una pancarta de un islandés en una protesta de su país para que los banqueros y los políticos que generaron su catástrofe financiera paguen por sus delitos. En otro ocasión asistí al Palau de la Música a un recital de poesía que acababa con la aparición de Patti Smith y la escuché cantar 'People got the power' mientras todos y todas nos levántabamos y coreábamos al unísono el famosos título y no sentí nada especial.
Los chicos y las chicas de 'La ola' viven con ilusión la solidaridad del grupo, la aceptación, la fuerza que les da sentirse respaldados, una especie de 'Yes we can' uniformado, desgraciadamente enseguida empiezan a desviarse las conductas, surge la prepotencia, la violencia del que se cree superior, el que desprecia al que no está en el grupo y no piensa como ellos, la apropiación indebida del espacio público, el sometimiento explícito y consciente. A lo mejor sólo podemos generar puntos de unión heterogéneos, sin ortodoxias ni seguidismos, ni adoraciones al líder, por eso creo que es bueno que los gobernantes tengan limitaciones en el ejercicio del poder. Pero vivimos un tiempo en que el caldo de cultivo para venideras autocracias está servido. Paro alto, insatisfacción, enriquecimiento ilegal de unos pocos, inmigración abundante, pérdida de valores, en fin, la lista es larga.
A veces pienso que sólo me queda rezar. Y escribir, claro.

2 comentarios:

juan espectador dijo...

Vaya, hoy te encuentro desorientada. Buscas una causa común, una ideologia. Ya lo dijo Marx, Karlos, el sistema es perfecto lo que falla es el hombre, el humano. Efectivamente te estoy hablando del comunismo, todos tienen lo básico, a partir de ahí a seguir viviendo, pero luego miras China, o Cuba, y algo pasa que chirria y no anda bien. No se, si quieres una causa común, una en la que el grupo tendrá un objetivo fijo busca en el fútbol, aunque quizá cuando estés en un campo de fútbol te darás cuenta de que el lider es la propia masa, todos se dejan llevar y se transforman en otro, en personas que fuera de ese mundo no son. Yo es que de otros partidos no entiendo mucho.
Un beso.

Paula Mocinho dijo...

Ay, Juan, puede que la desorientación sea un signo de este tiempo. El hombre siempre falla, eso está claro. Las utopías fracasaron a principios del siglo pasado. Y lo que queda del comunismo no me entusiasma. Lo que ha dado el capitalismo todavía se sostiene, pero otra como ésta y vamos a ver qué pasa, como siempre, todo es cuestión de tiempo. Me temo que ya sólo queda una 'reevolución', un cambio personal, un cambio en las creencias. Pero sí, la desorientación campa a sus anchas que no el desconocimiento. Un saludo afectuoso, Juan