THE LESBIAN SISTERS

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Fotos de Eugenia Gusmerini

viernes, 4 de marzo de 2011

¿Hasta qué punto soy responsable de lo que cuento?


No soy una persona de discursos, sino más bien de emociones. Y eso es algo peligroso. Sobre la emoción hay que poner razón, de lo contrario te desborda. Las personas cuya razón les gobierna suelen tener más oportunidades en la vida. Los aprendizajes siempre los he tenido en este sentido. También es cierto que a veces la razón lo único que pretende es exaltar una emoción disfrazada de discurso bien armado. Por supuesto la justicia tiene que ir unida a la razón y no a la emoción. Muchas veces los medios de comunicación aprovechan las emociones para orientar razones poco sólidas, de ahí que a veces la moral que de ellos se obtiene refleja grandes vacíos. Otra cosa es el periodismo, su ética y sus límites a veces borrosos.
Como autora teatral, ¿hasta dónde tengo responsabilidad sobre mis historias? Es una gran pregunta, porque la mayoría de las veces los argumentos y los personajes me poseen y no siempre soy políticamente correcta. Obviamente me cuido de no hacer apología de según qué ideologías.
Recuerdo cuando Pepe Rubianes se dejó llevar por la emoción y en el programa en directo de Albert Om dijo lo que dijo. Todo el mundo lo recuerda. Levantando risas cómplices hasta del propio presentador del programa y del público asistente. Para mí no estuvo afortunado pero cuando después de disculparse, hizo aquellas declaraciones de 'yo sólo soy un cómico' lo entendí perfectamente. No siempre los cómicos están acertados con la razón, trabajan con emociones. Y aunque tengan ciertas responsabilidades porque los sigue mucha gente, no son perfectos y a veces las opiniones sinceras van en contra de lo establecido. Las especulaciones se las dejamos a los políticos que están obligados a dictar lo que debe ser aunque no sea. Aún así, meteduras de pata de los políticos las hay a montones. Porque no siempre pueden contener sus emociones. Incluso en el reducto de lo justo y lo injusto que está en manos de jueces se dan las interpretaciones.
Un amigo mío, creador también, suele disculpar ciertas licencias en las historias porque a los creadores, de algún modo, nos posee el tío Facundo, que decía Juan Rulfo. ¿Por qué ha dejado de escribir usted, señor Rulfo? Le preguntaron en cierta ocasión y él, me imagino que serio, contestó: a mí las historias me las contaba mi tío Facundo y se murió.
Si el creador y la creadora quieren explicar la realidad, ésta es un entramado muy complejo que combina lo políticamente correcto y lo incorrecto e irreverente. Y el creador y la creadora deben ser osados, no acomodarse, ir más allá, arriesgarse.
Mezclo cosas, pero me viene a la cabeza Galiano por sus atropelladas y deleznables palabras contra los judíos, mostrando simpatía y adulación por Hitler. Galiano es un personaje público, pero también es humano. Se pasó cuatro pueblos, o mil, yo qué sé; con el genocidio de 6 millones de personas, poca broma, pero yo me pregunto ¿hasta qué punto sentía esas palabras? Galiano es un homosexual confeso y los homosexuales fueron exterminados junto con los judíos en los campos. Ahora parece que ha ingresado en una clínica de desintoxicación, tendrá tiempo para arrepentirse de veras.
Tal vez el límite de toda historia no le corresponda al autor o a la autora sino al juicio de la opinión pública. Claro que la opinión pública recibe tantos imputs e influencias que tampoco es independiente.
En algunos momentos pierdo pie con esta reflexión. La encuentro complicadísima.

2 comentarios:

juan espectador dijo...

Hola Paula, por un motivo o ppor otro, tiempo ha que no visitaba tu tertulia pero veo que sigue tan viva como siempre. bueno pues allá voy. Lo primero un saludo. Lo segundo decirte que yo soy una de esas personas que se rigen por la razón, y también perdemos, sobretodo a personas a las que debiéramos querer con más sentimiento, no se si te consuela. Lo tercero que me sorprendes con lo de la resposabilidad de la autora teatral, puede que las historias te las cuente tu tío Facundo pero hacerlas públicas o no es responsabilidad del autor, ah, se siente. Lo cuarto la despedida nada más por hoy, tengo lectura atrasada, he estado malito por un problema de salud y he de recuperar un poco en eso, un beso, chao.
PD: antes de que se me pase, creo que lees ELPAIS, mirate la página 45 de la edición de hoy, mujer y directora de cine, te interesará, chao.

Paula Mocinho dijo...

Querido Juan, tienes razón, la responsabilidad de darlas a conocer es del autor o autora, totalmente cierto, pero tal vez no me he explicado con la precisión que debiera. Hay veces que ciertos personajes pueden salirte deleznables y no por ello el autor o la autora piensa lo mismo que ellos aunque su presencia y su modo de tratarlos pueda rayar con la duda. Lo que sí que está claro es que la tesis de la obra pertenece al autor y es suya la responsabilidad. Pero hay veces que asistes a una obra, sea del género que sea, y que por ir tan allá se pone en el límite resultando ser ambigua, creo que me refería a esto. Sin duda estoy algo confundida. Y ya te digo, creo que no soy de hacer apologías de según qué. En fin, le estoy dando vueltas al asunto y todavía no me encuentro. Y no creas que no tengo un sentido de lo que está bien o mal, lo tengo como todo el mundo, pero me parece que en esta reflexión intento inútilmente ir más allá.
Sí, suelo leer 'El País', de hecho he leído el artículo que me señalas y me ha parecido muy interesante, toda una valentía y osadía creativa al límite del riesgo personal para llevar adelante el proyecto el de esta creadora. Y es que hacer cine, o teatro, o literatura no tiene el glamour de esos cuatro o cinco privilegiados que se pasean por alfombras rojas. Ah, en cuanto a la emoción y la razón, supongo que saber darle paso a una o a otra es cuestión de sabiduría. Desgraciadamente, a veces confundo el momento ;) aunque a veces también acierto, eh...
Gracias por volver!